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Sociedad
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RITUALES

Las supersticiones

La llegada del nuevo año va acompañada por numerosas tradiciones ancestrales. En Aragón existen abundantes relacionadas con la fertilidad de la tierra.

Un momento de los langostos de Abizanda, en 2008.
Las supersticiones
HERALDO

Tras las campanadas y las uvas de Nochevieja, la superstición se adueña de muchos españoles. La esperanza de un año mejor se combina a menudo con las típicas promesas que rara vez se cumplen. Existen tradiciones que, en teoría, ayudan a alcanzar nuestros propósitos. Muchas de las antiguas costumbres aragonesas para estas fechas tenían un objetivo bien preciso: "La mayoría estaban relacionadas con la futura fertilidad de la tierra", indica el profesor de Historia Severino Pallaruelo.

Una de ellas era el calendario de la cebolla, en la comarca de la Ribagorza. Cada 1 de enero se colocaban doce cascos de cebolla frente al fogón de la casa con la parte cóncava hacia arriba. A continuación, se le echaba encima una pizca de sal y se esperaba unos minutos. Cada casco correspondía a un mes del año y, si con el calor se secaba, significaba que ese mes iba a ser seco. En cambio, si la sal licuaba y caía algo de líquido, correspondía a un mes de lluvias. "Esta tradición se dio mucho entre nuestros abuelos y no descarto que haya gente que aún la mantenga", señala Pallaruelo.

Otro ritual relacionado con las cosechas venideras es el de los langostos de Abizanda, que aún se sigue haciendo en esta localidad altoaragonesa durante la primera quincena de enero y reúne cada año a los vecinos de la comarca. En un gran mantel blanco se colocan tortas dulces y porrones de vino. Tras la bendición del cura, aparecen unos pequeños saltamontes de colores. Si los langostos que predominan son los verdes, la cosecha de aceite será buena; si son mayoría los negros, correrá mejor suerte la de uva; y si abundan los marrones, triunfará la recolección de cereal.

Más extendida está la tradición de la tronca, en especial en el alto Aragón. "Se coge un trozo de madera grande que bendice el más pequeño de la casa con vino. A continuación, se le prende fuego y la llama tiene que durar desde Nochebuena hasta el día de Reyes para proteger a los integrantes de la casa. Las fórmulas varían según el pueblo, pero el rito es similar", explica Pallaruelo.

Otro singular rito se celebra aún en la localidad de Bailo cada 5 de enero: la gala 'damas y galanes'. "Se juntan los solteros y solteras en una fiesta de la localidad y se hace un sorteo para que cada galán corteje a una dama", cuenta el antropólogo. ¿Y si no están de acuerdo? "Tienen que arreglarlo entre ellos", aclara Pallaruelo.

De Europa a Latinoamérica

"La transición del ciclo anual es propiciadora de suerte y catalizador de desgracias. Los rituales de la antigüedad se unen en ese sentido a las costumbres urbanas actuales, como echarle un anillo de oro al champagne", relata el antropólogo Ángel Gari.

Una tradición muy extendida en todo el mundo es la de la ropa interior, que según se lleve en Nochevieja roja o amarilla atrae amor o dinero. Las tradiciones para atraer la buena suerte cambian según el país. En Italia, además de cenar lentejas, en algunas casas se arrojan objetos a la calle como vasos, platos o muebles en desuso para liberarse así de los malos espíritus.

Por otro lado, en algunos países de América Latina hay gente que sale a la calle y da una vuelta a la manzana con las maletas (que da igual que estén vacías, lo importante es hacer la gracia). Se supone que así ese año se conseguirá viajar a donde uno se lo proponga.

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