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Que cierre el último

Los correos electrónicos interceptados por el FBI demuestran que los responsables de Megaupload, con el excéntrico multimillonario Kim ?Dotcom? a la cabeza, sabían lo que todos sabíamos, que en sus servidores alojaban contenido protegido.

No ha hecho falta Ley Sinde, ni ley SOPA, para que la ‘piratería’ reciba el primer mazazo. El pasado jueves, el mayor almacén de contenido protegido por derechos de autor cerraba por orden y mando de las autoridades norteamericanas. Los correos electrónicos interceptados por el FBI demuestran que los responsables de Megaupload, con el excéntrico multimillonario Kim ‘Dotcom’ a la cabeza, sabían lo que todos sabíamos, que en sus servidores alojaban contenido protegido y que, además, utilizaban trucos para evitar retirarlo. Ahora se enfrentan a penas de hasta 50 años de cárcel por, como ellos mismos admiten, «proveer el barco a los piratas».

Pero esta detención ha tenido también ‘daños colaterales’. Megaupload era además un servicio que muchos usaban como disco duro virtual para su material personal y de trabajo. Millones de usuarios de todo el mundo han visto como sus contenidos privados han sido secuestrados por el FBI. Dos millones y medio de españoles no tienen acceso a un servicio que, hasta el jueves, era legal y por el que muchos de ellos habían pagado.

Esta acción del Departamento de Justicia de EE. UU. es probablemente solo el principio de una gigantesca cruzada contra la piratería. Proyectos de ley como SOPA están diseñados para obtener órdenes judiciales contra aquellas páginas o servicios que permitan o faciliten el supuesto infringimiento de los derechos de autor, imponiendo penas de hasta cinco años por cada diez canciones o películas descargadas. La presión de los gigantes de internet como Google o Wikipedia han conseguido, por el momento, paralizarla.

Lo cierto es que la industria del ocio y la cultura sigue tratando de poner puertas al campo. Desde que internet acabó con su modelo de negocio basado en las copias físicas y la economía de la escasez, no han sabido reinventarse. Mientras, otros han aprovechado su lentitud y falta de visión para enriquecerse ilícitamente con la distribución de obras protegidas. El juego del gato y el ratón continúa. En 2002 cerraron Napster. Pero los usuarios siguieron ‘compartiendo’ contenidos en internet. Ahora, cierran Megaupload y les acusan de ‘robarles’ 500 millones de dólares.

En realidad, lo que estos ‘piratas’ del siglo XXI han demostrado es que hay millones de usuarios en todo el mundo ávidos de consumir cultura y dispuestos a pagar por ella. Crearon un modelo de negocio fuera de la ley que destronó al mismísimo ‘eMule’, basado en la gratuidad de algunos contenidos, la publicidad y el pago por cuentas ‘premium’. La industria del entretenimiento invierte millones en grupos de presión para proteger un negocio obsoleto, cuando debería esforzarse en abrir nuevas puertas y adaptarse a la nueva era de internet. La guerra continúa y el gran perjudicado va ser el usuario que, por el momento, no cuenta con una alternativa real al pirateo.

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