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VISITA PAPAL A FRANCIA

Lourdes, reserva católica francesa

De este pueblecito de los Pirineos donde, según la Iglesia, la Virgen se apareció 18 veces a una chica analfabeta de 14 años, partió en 1858 la respuesta católica a la ola anticlerical republicana.

Frente a París y las urbes, la tradición laica e intelectual, el santuario mariano de Lourdes representa la devoción popular y milagrera. De este pueblecito de los Pirineos donde, según la Iglesia, la Virgen se apareció 18 veces a una chica analfabeta de 14 años, partió en 1858 la respuesta católica a la ola anticlerical republicana. Fue providencial: cuatro años antes Pío IX había proclamado el dogma de la Inmaculada.

A los cuatro años la Santa Sede dio el aval de autenticidad a los relatos de Bernardette Soubirous. Fue la primera santa en ser fotografiada en vida, un revulsivo moderno para la fe en época de zozobra, mientras la Iglesia perdía el poder terreno y se enfrentaba al progreso, uno de sus momentos de mayor desfase con los tiempos.

El tirón popular de Lourdes fue espectacular. En 1908, a los tres años de la separación oficial de Iglesia y Estado en Francia, 1,5 millones de peregrinos fueron al santuario por el 50 aniversario. Ahora son seis millones al año. La paradoja del viaje de Benedicto XVI a Francia y su visita a Lourdes es que probablemente se siente más cómodo en los salones académicos, debatiendo las relaciones entre fe y razón, Iglesia y Estado, los desafíos contemporáneos.

 

Ratzinger se mueve en un estadio de la fe adulto, de su tiempo. No es Juan Pablo II, que dominaba los escenarios místicos y fue dos veces a Lourdes, en 1984 y 2004, su último viaje. Otro aspecto curioso es que el mundo cultural francés ha recibido al Papa con interés, como interlocutor válido que es, miembro de la Academia de Francia desde 1992. No hay tensión en el aire, a diferencia, por ejemplo, de España. También es posible porque ningún prelado interviene en Francia para opinar sobre una ley, los papeles de Iglesia y Estado están muy claros.

Pero este Papa erudito, que ve el camino natural de la fe en deducirla de los datos racionales, debe confrontarse con masas de peregrinos que llenan garrafas de diez litros de agua bendita. Racionalmente, como arma sus discursos, no podrá dejar de calcular que la Iglesia sólo reconoce 67 casos de curación milagrosa en 150 años, pese al fervor de quien imagina prodigios cotidianos. Como tampoco se le escapará el dudoso espectáculo de los emporios de souvenirs que atravesó ayer con el 'papamóvil', tras haber clamado por la mañana contra la idolatría. Y del mismo modo sabrá que la Iglesia ingresa aquí 20 millones en donativos al año. Pero como dice el obispo de Lourdes, Jacques Perrier, «esto sería Disneylandia si no fuera por los enfermos». La piedad, la caridad y la realidad del dolor humano dan otro matiz al santuario.

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