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Sociedad
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LECHUGAS

Las reinas del verano

Con un poco de imaginación para acompañarlas y aliñarlas, las distintas variedades de lechugas son ingredientes imprescindibles en las comidas de verano.

El calor de la época estival no nos predispone precisamente a la realización de platos muy elaborados ni a encerrarnos en la cocina a preparar guisos o asados. A partir de estas fechas, las ensaladas frescas se convierten en los platos más solicitados y consumidos. Sin necesidad de utilizar los fogones, las lechugas de temporada proporcionan gran cantidad de nutrientes y, además, ayudan a mantener la línea. Son un alimento fresco y rico, con alto contenido en agua, vitaminas y antioxidantes, detalles que convierten las lechugas en el plato estrella de los días más calurosos.

En la mayoría de ensaladas de esta temporada, el elemento fundamental es la lechuga. Durante los meses de verano, la más utilizada es la romana, una planta que tiene hojas alargadas, con bordes enteros y el nervio central muy ancho. Sin embargo, en las verdulerías existen otras variedades de temporada con las que se puede jugar para añadir diferentes texturas y colores a los platos, como la lechuga capuchina o iceberg, que se reconoce por su hoja grande, redonda y crujiente que forma un cogollo compacto; la batavia o trocadero, cuyo color verde se convierte en rojizo en los extremos de las hojas; o la hoja de roble, de semilla oscura y con hojas de color berenjena.

Entre todas las mencionadas, la variedad más desconocida es la hoja de roble. Gracias a su tonalidad berenjena aporta color a las ensaladas y, además, proporciona “un sabor más intenso y diferente”, según Eduardo Canales, propietario de Frutas y Verduras Eduardo Canales. Este profesional afirma que durante estos meses se nota un aumento en la venta de lechugas para ensalada: “La lechuga romana es la más conocida y la que más se lleva la gente, aunque el cliente que prueba la hoja de roble, viene a por más. Siempre repiten”.

La salud y el bolsillo

Además, es un producto más bien barato y con un poco de imaginación, buenos aliños y condimentos, puede convertirse en un plato saludable y que deleita el paladar. “Las lechugas son muy recomendables en una dieta sana”, indica Javier Zarazaga, cocinero del restaurante Puerto Chico, de Zaragoza. En su cocina, Zarazaga mantiene las ensaladas a lo largo de todo el año, ya que tomarla como entrante facilita la digestión.

Las lechugas son ricas en fibra y vitamina A, aunque no percibimos el color amarillo anaranjado que este antioxidante suele aportar a los alimentos porque lo esconde el verde de la clorofila que hay en las hojas. Además, exceptuando la variedad iceberg, tanto la romana, como la hoja de roble y la batavia son ricas en vitamina C, calcio, hierro y cobre. Por otro lado, el alto contenido en agua y su capacidad diurética, unidos a la baja proporción de azúcares, proteínas y grasa convierten este alimento en un ingrediente esencial para las dietas destinadas a perder peso.

A principios de temporada, el precio medio por pieza rondaba el euro, si bien esta semana han “pegado un bajón y están en torno a los 80 céntimos, tanto las lechugas como los cogollos, todo”, explica Canales, quien asegura que a estas alturas del verano “el precio ya no suele volver a subir. En todo caso, aún bajará algo más”, por lo que además de sano, es un alimento bueno para el bolsillo.

El mayor problema por el que algunos consumidores rechazan esta comida es porque, en general, “se utiliza muy poca imaginación a la hora de preparar las ensaladas”, y acaban cansándose de comer siempre lo mismo, explica Zarazaga. Lo cierto es que este alimento se presta a multitud de combinaciones. Por ejemplo, ahora en verano, Zarazaga recomienda probar mezclas con frutas o gambas cocidas. En este segundo caso, “se puede cambiar el aliño tradicional de aceite y sal por una salsa rosa”. Con estos toques se obtienen ensaladas frescas y más originales que la típica de lechuga y tomate. “Si les gustan más fuertes, también se pueden añadir diferentes quesos, como el de cabra, que aporta mucho sabor al plato”. Incluso, para los más atrevidos, el cocinero propone las ensaladas tropicales con piña y aguacate, ideales para el verano.

Lo mejor, las hojas

En contra de lo que piensa mucha gente, los cogollos no son la mejor parte de la lechuga. Se venden por separado y son la parte más consumida de estas hortalizas sólo porque “su color y textura nos atrae más que las hojas verdes de fuera”, afirma Canales. Sin embargo, es en el exterior de la planta donde hay mayor cantidad de nutrientes. “Yo siempre digo que los animales no son tontos, y cuando les dejas elegir entre el cogollo y las hojas de fuera de una lechuga, siempre eligen lo segundo”, explica el propietario de la verdulería.

En la actualidad, una oferta muy atractiva para el consumidor medio son las bolsas ya preparadas con diferentes lechugas, también conocidas como mézclum. “Están muy bien como ración para dos personas, proporcionan comodidad e incluyen lechuga romana, iceberg, hojas de roble y canónigos”, indica Canales, quien afirma que la lechuga así vendida es igual de buena que la que se compra suelta en la verdulería. No obstante, opina que “cuando se compra algo envuelto en plástico, puede acabar cogiendo cierto sabor a cerrado y, aun con todo, la lechuga nunca será tan fresca como la que se puede adquirir en las verdulerías”.

Es importante consumir la lechuga al poco tiempo de haberla comprado porque, debido a su alto contenido en agua, no existe ningún método que garantice su conservación en buenas condiciones durante un periodo de tiempo superior a una semana. Una vez en casa, lo más recomendable es deshacerse de los envoltorios para que pueda respirar y meterla en la nevera sin haberla lavado antes.

También es bueno retirar las hojas en mal estado para que no estropeen el resto y ubicarla en un lugar de la nevera lejos del resto de frutas y verduras, que pueden hacer que se deteriore más rápido.

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