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Sociedad

MEDIO AMBIENTE

Las obras y el timbre del despertador, los ruidos que más irritan a los españoles

El ruido de las obras y el timbre del despertador son los sonidos que más irritan a los españoles. Así lo refleja un estudio que señala además que nueve de cada diez ciudadanos considera que el Gobierno debería imponer una mayor regulación sobre la contaminación acústica. Según los expertos, superar de forma prolongada los 85 decibelios puede ocasionar serios daños auditivos.

Las construcciones en obras, la escasez de material aislante en vivienda y el tráfico aéreo son los principales culpables del ruido en las ciudades, precisa el informe, realizado por los centros auditivos Oi2 entre más de 1.400 españoles sobre del impacto del ruido en nuestra vida cotidiana. Así lo creen 7 de cada 10 encuestados, para quienes los principales factores se presentan en este ámbito. De este modo, las construcciones en obra (18%), la escasez de materiales aislantes en las viviendas (17,3%), el tráfico aéreo en las ciudades (10,5%) y el ruido de las fábricas (9,8%), se sitúan a la cabeza de este informe, seguidos de la cultura española de hablar fuerte (7,8%) y el bullicio de la gente en las calles (7,2%).

La encuesta incluye, a su vez, un listado de los ruidos que más irritan a los españoles entre los que destacan las obras y el sonido del despertador, seguidas de la algarabía de los festejos populares, los molestos vecinos y los locales de ocio nocturno. La lista la completan los sonidos del timbre de los teléfonos móviles, los motores de los aviones, el tráfico y el mal uso de las bocinas.

Y es que España, aunque parezca increíble, se sitúa, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), como el segundo país del mundo con mayores niveles de contaminación acústica, tan solo superado por Japón, lo que significa que casi 9.000.000 de españoles soportan niveles medios superiores a los 65db. De hecho, el 55% de los participantes de la encuesta que nos ocupa, declara que no oye igual que hace 10 años.

Soluciones

El estudio también promueve algunas soluciones. Por ejemplo, reclama el uso de filtros especiales y materiales adaptables que permitan al usuario comunicarse con normalidad mientras se protegen sus oídos de peligros extremos en el contorno urbano. A su vez, hace hincapié en otras medidas menos sofisticadas, como concienciar a la población del hecho de que el ciudadano es receptor de ruido, pero también emisor. Se aconseja dedicar pequeños gestos cotidianos, como bajar el volumen de la televisión o la voz para, así, mejorar la calidad de vida, ya que está demostrado que una exposición continuada de sonidos superiores a los 75 db puede causar dolencias graves e incluso la sordera, por no hablar de las comunes sensaciones de ansiedad y estrés.

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