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JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD

Jóvenes católicos esperan al Papa con ansia, los indiferentes con indignación

La visita de Benedicto XVI tiene un significado especial para los jóvenes católicos pero entre quienes no lo son provoca indiferencia y oposición.

Guatemaltecos en Madrid
Jóvenes católicos esperan al Papa con ansia, los indiferentes con indignación
S. BARRENECHEA

La visita de Benedicto XVI a Madrid para asistir a la Jornada de la Juventud (JMJ) tiene un significado especial para los jóvenes católicos practicantes pero, entre quienes no lo son provoca indiferencia y oposición, sobre todo al uso de instalaciones públicas para organizar este acontecimiento.

Gema, una estudiante de 23 años de la Universidad de Navarra en Pamplona, cree que la visita del Pontífice acarreará sobre todo ventajas espirituales, ya que «sus palabras fortalecerán a todos frente a esta crisis mundial», y también servirá como encuentro entre jóvenes católicos de todo el mundo.

Por contra, Violeta, también de 23 años y estudiante de Periodismo en la Complutense de Madrid, se define como «indiferente» hacia la visita del Papa aunque critica que se destinen recursos públicos a un acto de un líder religioso, que no representa a la totalidad de los ciudadanos.

Según un estudio reciente sobre las creencias religiosas elaborado por el Instituto de la Juventud (Injuve), el 45% se presenta como «católico no practicante» mientras que el 10,3% se declara «católico practicante». Por otra parte, el 19% se confiesa «no creyente», el 10% ateo y el 7% «indiferente».

Gema, católica practicante, ya acudió a la JMJ que se celebró en Colonia (Alemania) y en esta ocasión participa como voluntaria durante la visita del Papa y se hospedará en un instituto público cedido para albergar a los asistentes.

En su opinión, resulta «absurdo» oponerse a que se destinen los centros públicos a este fin, ya que están vacíos y hacen falta edificios para acoger a los asistentes. «No estamos pidiendo un hotel de cinco estrellas, vamos a dormir en el suelo de un gimnasio», dice.

Como voluntaria, Gema se encargará de tareas como guiar a los peregrinos, repartir comidas, preparar eventos o montar escenarios, y lo hará «sin recibir ni un céntimo» porque para ella este evento tiene especial importancia por ser «el representante de Jesucristo en la Tierra».

El propósito de la JMJ es, en su opinión, entablar un diálogo entre el Papa y los jóvenes católicos, a los que comunicará una serie de «directrices que sirven de ayuda para vivir cristianamente en nuestro mundo de hoy». «Conocer a otros creyentes de muchísimos países distintos es muy esperanzador porque nos hace ver que no estamos solos, pese a que no veamos jóvenes en las iglesias», ha detallado.

Gema defiende que la visita del Papa no supondrá un lastre para los fondos públicos porque, según ha explicado, se financia mediante donaciones de grandes empresas y cuotas de inscripción de los jóvenes participantes.

La única desventaja de este acontecimiento será la alteración del ritmo de la ciudad y en servicios como el transporte público, lo que va a suponer «un pequeño sacrificio para Madrid», dice.

Por su parte, para Violeta, quien se define como «indiferente» hacia la visita del Papa y se siente más identificada con el dicho «vive y deja vivir», este evento no tiene ningún significado, más allá de que una multitud de católicos visite su ciudad.

Reconoce que la JMJ puede tener repercusiones positivas para Madrid, sobre todo porque los asistentes dejarán «bastante dinero» en la ciudad, pero critica que se destinen recursos públicos a la visita de un líder religioso, que no representa a la totalidad de los ciudadanos.

«No me parece del todo bien que ocupen colegios públicos y concertados. Esos temas deberían debatirse en sociedad y no decidirse de forma unilateral», opina. Violeta cuestiona también la cobertura especial que Telemadrid va a hacer del evento, porque considera que el catolicismo no es la religión oficial de España.

«No estoy en contra de las grandes manifestaciones religiosas en lugares públicos, cada uno tiene derecho a expresar sus opiniones y sus religiones, pero si esto entorpece la vida de la ciudad resulta más polémico», ha añadido.

Esta joven no se plantea acudir a ninguna de las actividades programadas, aunque si se las encontrase por la calle se acercaría a ellas «por curiosidad».

Otros «indiferentes» son más críticos con la cita católica y han encontrado en las asambleas del movimiento 15-M un foro en el que expresar su postura y se plantean organizar manifestaciones y protestas por el gasto público que supondrá la visita papal.

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