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ENERGÍA

Italia quiere volver a la energía nuclear

El Gobierno de Berlusconi anuncia que construirá centrales, abolidas en referéndum hace veinte años, antes de 2013.

Como con casi todo, la situación de la energía nuclear en Italia es peculiar. En el país del inventor del primer reactor, Enrico Fermi, no hay una sola central desde que fueron abolidas en referéndum en 1987, al año siguiente del accidente de Chernobyl. Se cerraron las tres que había. Pero la industria, la empresa y gran parte de la clase política sueñan desde hace años con un retorno al átomo. Después de que se rompiera el tabú, como proclamó hace dos años 'The Economist', Berlusconi lo puso este año en su programa electoral, aunque su ministro de Economía, Giulio Tremonti, llegó a sugerir construir las centrales en Albania. Dentro de la impronta de soluciones drásticas para Italia del nuevo Gobierno de centro-derecha,  lo anunció oficialmente el ministro de Desarrollo Económico, Claudio Scajola: "En esta legislatura, antes de 2013, pondremos la primera piedra de un grupo de centrales nucleares de nueva generación".

Scajola hablaba en la asamblea de la patronal, Confindustria, y el auditorio aplaudió a rabiar. Minutos antes, lo había pedido expresamente en su discurso de investidura la nueva presidenta de la entidad, Emma Marcegaglia. "Es un sector del que nos excluyeron hace 20 años decisiones emotivas y poco meditadas", argumentó tras lamentar los costes de aquel cambio de rumbo. Lo cierto es que el cierre de centrales agudizó la alarmante dependencia italiana, que importa el 80% de su energía, y hace que los italianos paguen las facturas de luz y gas más caras de Europa. Lo gracioso es que se compra en parte a Francia, que la produce con energía nuclear. Además, Italia es el único país que sigue usando combustible para producir más del 40% de su electricidad, e importa más que todos los países europeos juntos.

Al anuncio del ministro siguió de inmediato tanto el apoyo de Enel y Edison, las dos grandes firmas eléctricas italianas, como el contundente rechazo de la oposición y los ecologistas. De este modo el debate queda inaugurado e irá para largo. Porque lo que no dijo Scajola es que, siendo optimistas, la primera central no se abrirá hasta 2019, según los expertos, y un programa como tal no se completaría hasta 2030. Eso sin contar la célebre lentitud de la política y la burocracia italianas, ni las previsibles protestas.

Sobre la ubicación de centrales no hay nombres, pero podrían resucitarse algunas de las clausuradas, concretamente Caorso, en Piacenza, y Latina, al lado de Roma. La tercera es Trino Vercellese, en Vercelli, cerca de Milán, aunque debería valorarse si el cauce del río Po es suficiente para enfriar una gran estructura. La cuarta planta, en Garigliano, Caserta, fue la primera en cerrarse en 1982 y no entra en consideración. Los proyectos bosquejados prevén cubrir un cuarto de la producción nacional con unos 10.000 megawatios, un alivio para la gran industria. Según la sociedad A2A, la inversión necesaria es de 20.000 millones para un plan de cuatro centrales.

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