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Sociedad
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CRÓNICA

El halcón callejero

Se escapó de casa de su dueño hace tres días y ha estado de paseo por el Actur. Ayer por la tarde, se acabó su aventura.

Llevaba tres días fuera de casa. Y tan a gusto. De rama en rama, conociendo mundo. Eso sí, sin alejarse mucho del hogar de su dueño, en la calle de Salvador Allende, no fuera a ser que le entrara la morriña y quisiera regresar. No lo hizo. Pero debió de echar de menos la compañía humana y este halcón Harris de cetrería decidió que era hora de instruirse. Así que, ayer por la mañana, como cualquier otro joven, se fue al instituto. En concreto, al Tiempos Modernos de Zaragoza, en la calle del cineasta Segundo de Chomón. No entró a clase, pero también motivó que más de uno se perdiera la suya. Y es que, cual estrella de cine, se lució ante la multitud de curiosos que se arremolinaba en torno a él. Sin moverse, como si estuviera en una sesión de fotos. "Se posó en un árbol en nuestro patio de recreo y todos los alumnos y profesores nos quedamos mirando", explicó Juan Antonio Planas, docente del centro. "Por lo menos -se tomó con humor Planas-, es algo novedoso. Y si sirve para que los chavales se sensibilicen con los animales... Todo es parte de la educación".

A las nueve de la mañana, el 112 ya había recibido varios avisos que alertaban de la presencia de un halcón en el barrio. El animal llevaba colgando las pihuelas, que no es ninguna palabrota, sino la correa con la que se aseguran los pies de determinadas aves. En un primer momento, los bomberos y agentes forestales desplazados hasta el lugar pensaron que se había quedado atrapado. "Creímos que podía tener las cuerdas enredadas en el árbol. Pero, en cuanto nos acercamos con una escalera para tratar de rescatarle, se escapó", contó Alberto Esteban, jefe de la Unidad de Agentes Forestales de Zaragoza.

El animal demostró no necesitar muchas clases, porque listo es un rato. Desde el instituto, donde incluso recibió la visita de un zorzal, se fue directo a una ventana de la calle de Adolfo Aznar. Pero este animal, candongo él, parecía querer emular a los Gypsy Kings. Y, volando voy, encontró nuevos lugares a los que encaramarse. Y se le perdió la pista...

Durante el mediodía, se contactó con su dueño, que explicó que el mismo sábado había llevado el ave al centro de recuperación de fauna silvestre de La Alfranca para una revisión anual y, en principio, no parecía tener problema alguno. Eso sí, estaba cambiando de muda, por lo que le había dado de comer mucho últimamente. Y, sin hambre, pocas ganas le quedaban de regresar al brazo de su amo.

Reapareció por la tarde, a eso de las 18.00. Esta vez, en la calle de Matías Pastor Sancho. Y el agente forestal Juan Carlos Lafuente comentó entonces cómo iba la caza y captura: "Va bien... para él, porque sigue volando. En el momento en el que estás a una distancia prudencial, se va a otro árbol". El agente no confiaba en hacerse con el halcón ayer mismo. "Hay que seguir intentándolo, pero, hasta que le entre el hambre?". No hizo falta mucho más. Un cebo con un trozo de cotorra en un edificio particular cercano al árbol donde reposaba tuvo la culpa. Eran las 19.30 y, con una red, conseguían capturar al animal. "Nos ha costado -reconoció Juan Carlos-, pero ya está en casa de su dueño. Estaba muy nervioso". Hablaba del halcón, no del propietario.

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