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CCSC21

Planeta, comunicación y... ¡acción!

No hay salud sin salud planetaria, que se enfrenta a retos ante los que urge reaccionar y actuar. Los comunicadores científicos reflexionan sobre cómo transmitir mejor este mensaje. 

Ante un futuro en llamas, el primer enfoque es entender que salud del planeta y salud humana van juntas.
Ante un futuro en llamas, el primer enfoque es entender que salud del planeta y salud humana van juntas.
Stephanie Lecocq / EFE

¿Qué puedo hacer yo ante lo que amenaza el bienestar de la humanidad? Más de 300 profesionales de la comunicación científica se dieron cita –‘online’ y también presencial, en Barcelona– a finales de septiembre en el VIII Congreso de Comunicación Social de la Ciencia (CCSC21) bajo el lema ‘Comunicación y bienestar planetario’. No hay salud sin salud planetaria, que se enfrenta a retos ante los que urge reaccionar y actuar –del cambio global a la contaminación que mata o la pérdida de biodiversidad–, y transmitir este mensaje es la parte que nos toca a los comunicadores científicos.

Desde el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), Hoesung Lee, su presidente, expone con claridad que "el mundo está cambiando debido a la actividad humana, hay fenómenos adversos y extremos que no se pueden explicar de otro modo. Y si el cambio climático se debe a la actividad humana, necesitamos cambios en esa actividad humana para frenarlo. No hay nada alarmista, la investigación científica basada en la observación concluye que, "de continuar emitiendo gases de efecto invernadero, aumentarán los fenómenos extremos, incluidos incendios en el Mediterráneo debidos al cambio climático que ya se están produciendo". 

En su intervención en el CCSC21 -organizado por la Asociación Española de Comunicación Científica, el Centro de Estudios de Ciencia, Comunicación y Sociedad de la Universidad Pompeu Fabra (CCS-UPF) y la Fundación la Caixa-, el pasado 30 de septiembre, manifestó que, pese a que constata que, a nivel global, "la consciencia sobre el cambio climático avanza, entre el público y entre los políticos, a niveles sin precedentes", es preciso aumentarla, porque los esfuerzos realizados no son suficientes para no superar una subida media de las temperaturas de 1,5ºC. ¿Cómo hacerlo? Para Lee, "la gente necesita una perspectiva esperanzadora para pasar a la acción y no caer en la desesperanza".

La comunicación desempeña un papel esencial en la respuesta social, en la sensibilización y concienciación del público, y "no vamos a obtener un cambio de comportamiento si no pensamos cómo comunicar y divulgar eficazmente a distintos sectores de la audiencia", añade James Painter, de la Universidad de Oxford.

Faltan mensajes esperanzadores contra un nuevo negacionismo: pensar que no hay nada que hacer porque esto no lo para nadie

Al comunicar sobre el cambio climático, "es importante no quedarnos solo con lo más impactante, con las lluvias torrenciales o los incendios, que son sus consecuencias –advierte la investigadora de la Universidad Politécnica de Cataluña Olga Alcaraz–. Si queremos aportar elementos que lleven a acciones que encaminen a revertir la situación, es imprescindible comunicar las causas, que son de tipo antropogénico". Hoy en día, considera que "el negacionismo se ha reducido, ante una evidencia tan grande que nadie osa contradecir que el cambio climático se debe a la acción humana". Sin embargo, ha surgido "otro tipo de negacionismo: la actitud de quienes estiman que no hay nada que hacer porque esto no lo para nadie".

A menudo, al comunicar ese ¿qué podemos hacer?, "se pone el énfasis en la ciudadanía: ve en transporte público, instala placas fotovoltaicas..., ‘tendrías que’, ‘tendrías que’, pero, para favorecer un cambio de hábitos y que las cosas se vayan transformando, son necesarias políticas que lo faciliten, no dejar en manos de personas concienciadas la solución del problema, porque no lo resolveremos", asegura Alcaraz. En su opinión, "es importante dar una señal de esperanza: aún podemos, pero la acción tiene que ser rápida y urgente. Y no vale traspasarla solo a los ciudadanos, requiere políticas que incentiven y promuevan ese cambio".

Repartir el peso de la responsabilidad

Painter cree que "si ponemos todo el peso en los hombros del ciudadano, ya sea culpándole o pidiéndole que actúe, no obtendremos la cantidad de cambio que necesitamos y, además, es muy peligroso porque puede conducir a la desesperanza, cuando los individuos hacen algo y el resto no. Todos, individuos, políticos y empresas, tienen que acometer los cambios necesarios", asegura.

Sin reducir la gravedad de lo que ocurre, para Jonathan Lynn, jefe de comunicación del IPCC, "es fundamental que evitemos el alarmismo porque puede socavar la credibilidad de la evidencia científica. No enviar mensajes de desesperación y catastrofismo, sino dar a las personas un poco de esperanza, las opciones que tenemos para abordar el problema". Y mencionó las elecciones como una de las formas que tiene la ciudadanía de ejercer presión y optar por políticas más sostenibles. Painter destacó que se ha producido un cambio de enfoque en los últimos años y "los científicos ya no solo hablan de impactos sino de soluciones".

Lynn incidió en la necesidad de utilizar un lenguaje claro para todo el mundo, "que se entienda de qué hablamos en los informes del IPCC". Así, han comprobado que una palabra que muchas personas no entienden es ‘mitigación’; hay quien interpreta ‘adaptación’ como convertir un libro en película, no en el contexto del cambio climático. "La comprensión de un término es algo más complejo de lo que pueda parecer", señala.

Finalmente, animó a "comunicar el impacto, indiquemos la gravedad, los riesgos y la necesidad de actuación urgente, pero sin caer en el catastrofismo, indicando opciones de respuesta. Es importante hablar de eficacia, contar que podemos hacer algo para resolver el problema y que tenemos que pasar a la acción".

Ante un reto que involucra complejidad, incertidumbre, interdisciplinaridad, urgencia, imaginación, conocimiento... es el planeta quien nos ausculta a nosotros.
Ante un reto que involucra complejidad, incertidumbre, interdisciplinaridad, urgencia, imaginación, conocimiento... es el planeta quien nos ausculta a nosotros.
Antó/Palmer

La contaminación mata mucho más de lo que sabemos

"La contaminación mata muchísimo y probablemente mucho más de lo que sabemos". Tras decir esto, el epidemiólogo, especialista en neumología, del ISGlobal de Barcelona, Josep María Antó le puso números: "Cada año mueren 9 millones de personas por contaminación en mundo". Y lo contextualizó con los 7 millones de muertes por consumo de tabaco o los 4,8 por covid. Los estudios más recientes estiman que, de esos 9 millones, entre 3 y 7 se deben a la contaminación atmosférica. 

Además, "el 90% de esas muertes afecta a personas de condición socioeconómica desfavorecida o a países de renta baja, lo que lo convierte también en un problema de desigualdad y equidad"

Sabemos también que, en la pirámide del ‘polutoma’, esos 9 millones son la parte de la cual tenemos evidencia científica causal robusta, pero aún no estimamos el papel de los contaminantes en enfermedades como las neurodegenerativas o el impacto en la salud de factores ambientales de los que sabemos poco, como plásticos o nanopartículas. "Allí se esconde el fenómeno ambiental más importante al que nos enfrentamos y se llama antropoceno, un concepto acuñado por geólogos que integra los impactos de la actividad humana en el planeta: el calentamiento global, el más conocido, las extinciones de especies, la alteración del ciclo del nitrógeno y el fósforo en el suelo o la contaminación atmosférica. Todos estos retos tienen relación con la salud". Y concluyó diciendo: "Al pensar en salud, piensa en planeta, no hay otra, porque salud del planeta y salud humana van juntas".

Poner pulmones donde antes poníamos planetas

Además de resolver "ese fuego que ha sido la pandemia", desde la organización Mundial de la Salud (OMS), María Neira invita a "tener una visión de contexto y ver cuáles son los fallos del edificio, de la estructura, en qué nos apoyamos y no respondió". Porque si tenemos que prepararnos para la siguiente crisis, "no lo hagamos pensando que será igual que esta, no lo va a ser. La crisis que tenemos ya, que está ahí, es la del cambio climático", asegura. 

La directora del Departamento de Salud Pública y Medio Ambiente de la OMS señaló en el CCSC21 que los profesionales de la salud van a tener que "salir de su zona de confort y hablar menos de enfermedad y más de salud". ¿En qué se debe trabajar para que haya salud?: "Tenemos que hablar de transición energética, hablar e influir para que sea rápida, ambiciosa y dejemos de usar combustibles fósiles y pasemos a combustibles renovables. Animó a "tener el valor de hacerlo" y a no permitir "que nos digan ‘¿qué hace un médico o un experto en salud pública hablando de transición energética?". Comparó que, "igual que en su momento hablamos de agua potable y saneamiento, ahora los médicos tenemos que hablar de transición energética, de parar la deforestación, de prácticas agrícolas menos agresivas, de que no se rompan esas barreras salud humana-salud animal, de todos esos procesos que generan vulnerabilidad para nuestra salud; y hacerlo usando nuestra credibilidad". 

Expresó su deseo de ver a "más pediatras y expertos en medicina respiratoria sabiendo que, para la salud, en la COP26 nos jugamos muchísimo". Y reivindicó que, si bien hasta ahora "hemos dejado la agenda del cambio climático en manos de los profesionales del medio ambiente, que saben muy bien lo que hacen, los médicos tenemos un espacio enorme en ella, porque la salud se juega muchísimo". Tanto en las decisiones como en la velocidad de ponerlas en marcha para reducir las emisiones. "Si no lo hacemos –advirtió–, vamos a tener que concentrarnos en nuestros hospitales, porque va a haber mucha enfermedad y más crisis sanitarias". Por eso es tan importante trabajar en reducir la contaminación del aire, que nos ha hecho tan vulnerables, incluso ante la covid, pues la mala calidad del aire es factor de riesgo para enfermedades crónicas que a su vez suponen más probabilidad de desarrollar covid grave.

En su opinión, "tenemos mucho que decir en cumbres sobre contaminación del aire, producción sostenible de alimentos o gestión de residuos, sobre cómo va a ser nuestra relación con el medio ambiente, con la biodiversidad. Hay que reiniciar, ‘reset’ esa cultura de prevención primaria, que en algún momento se nos ha escapado en todo esto".

Comunicar bien la interdependencia entre salud humana, animal y ambiental es crucial. "La salud ambiental no es cosa de activistas, muy progresistas y esas cosas; es cuestión de todo el mundo no contaminar, tener una relación menos destructiva con quien nos da de comer, beber y respirar. Por nuestro interés. Se dice: ‘no podemos destruir el planeta’, pero quien se está destruyendo somos nosotros, nuestros pulmones, contaminando el aire que respiramos; el planeta encontrará la manera de deshacerse de nosotros, nos lo demuestra casi todos los días". Al comunicar, "hay que empezar a poner pulmones donde antes poníamos planetas: es lo que la gente va a entender", asegura Neira. En las calles de Nueva Delhi, la OMS ha colocado telas que se ennegrecen al filtrar la contaminación del aire.

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