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Cosas de la vida

Cuatro animales con pequeños cerebros que saben hacer algo que tú, no

Somos la especie con el cerebro más complejo que existe, pero ¿nos hace esto mejores en todo lo que podemos hacer con él?

Escarabajo pelotero en acción
Escarabajo pelotero en acción

Sabemos que los animales tienen habilidades imposibles para nosotros. Por ejemplo, las sepias cambian de color para camuflarse, los peces respiran debajo del agua, las aves vuelan y las abejas hacen correr a simios gigantes. Eso sí, a la hora de usar el cerebro no nos gana nadie ¿no?

Tenemos 86.000 millones de neuronas en el cerebro que nos permiten hablar, leer, apreciar la belleza de un paisaje, orientarnos o recordar ese día en el que no debiste abrir la boca. Sin duda, somos la especie con el cerebro más complejo que existe y no tenemos ningún reparo en ponernos el pin. Pero hay una cosilla que no se nos puede olvidar: si el cerebro fuese una navaja, sería suiza. Puedes fabricar la mejor navaja suiza añadiéndole muchos ítems que realicen un sinfín de funciones y haciéndolos de la mejor calidad. Sin embargo, siempre habrá navajas por 5 euros que tengan algún ítem que la tuya de 50 euros no tenga.

Aquí os traigo una lista de cuatro animales que, a pesar de tener muchas menos neuronas, saben hacer cosas que tú, no:

Las hormigas del desierto

Imagina que vives en una pequeña casita solitaria en medio del desierto. A mediodía, cuando el sol está en lo más alto, sales a buscar comida sin brújula ni GPS, alejándote varios kilómetros de tu casa. ¿Serías capaz de volver? Probablemente ni un pingüino estaría tan perdido.

Las hormigas tienen un total de 250.000 neuronas, pero no tienen ningún problema para volver al hormiguero en medio del desierto. Al igual que nosotros, pueden memorizar puntos de referencia como rocas, pero su capacidad va mucho más allá. Orientan una brújula interna utilizando patrones en la luz polarizada, señales del campo magnético de la Tierra, la posición del sol y la dirección del viento. Además, controlan su localización contando los pasos que dan y la dirección de estos. De alguna manera, su pequeño cerebro es capaz de integrar toda esta información para encontrar siempre su camino de vuelta a casa.

El cascanueces americano

¿Cuántas veces se te ha olvidado dónde has dejado las llaves? En lo que a memoria espacial se refiere, no somos el animal más aventajado. El cascanueces americano, un ave de la familia de los córvidos, tiene un cerebro pequeño pero una memoria prodigiosa. Se pasa el otoño recolectando semillas, hasta 32 por minuto, que guardan en una bolsa debajo de la lengua, pudiendo almacenar hasta 90 semillas a la vez. Después de recolectarlas empiezan a esconderlas por el territorio, dos o tres semillas en cada lugar. Como resultado, a lo largo del otoño el cascanueces americano ha podido repartir sus semillas en hasta 20.000 sitios distintos. Cuando llega el invierno, son capaces de recordar estos sitios e incluso pueden llegar a encontrarlos en primavera 9 meses después.

¿Cómo consigue hacer esto? Cada vez que el cascanueces americano crea un escondite memoriza dos o tres puntos de referencia en el área cercana. Así, el ave se va creando un mapa mental que consultará cuando llegue el invierno, pero si estos puntos se mueves, aunque sea ligeramente, ya no será capaz de encontrar el alimento. Por ese motivo, suele usar puntos de referencia que sean bastante inalterables a lo largo del año. 

Los bancos de peces

Es fascinante observar el movimiento coordinado de los bancos de peces. A primera vista parece un comportamiento bastante complejo porque, sin ensayar, a cualquiera nos resultaría imposible alcanzar tal nivel de coordinación. A nosotros nos da la sensación de que se mueven todos a la vez, como si hubiera una gran mente orquestando. Pero, en realidad, cada pez individual está realizando un comportamiento muy simple, solo tienen que seguir dos reglas: seguir nadando y mantener con sus compañeros una distancia óptima. En el banco de peces no hay un líder claro, simplemente se tienen que coordinar con los peces vecinos, acelerando si así lo hace el pez de delante y girando si así lo hacen los peces adyacentes. No necesitan aprender este comportamiento, es innato.

De esta manera, los peces, a pesar de tener un cerebro muy pequeño, pueden alcanzar un nivel de coordinación entre ellos que les permite ser menos vulnerables ante los depredadores. Por el contrario, a nosotros, a pesar de tener un cerebro grande, esta habilidad no nos viene de serie y si queremos coordinarnos con nuestros compañeros, tenemos que ensayar primero.

Escarabajo pelotero

Típica escena de película: un grupo de aventureros se pierde por la selva y se dan cuenta de que están andando en círculos. Desplazarse en línea recta sin un punto de referencia, por muy fácil que parezca, es imposible para cualquier ser humano, y ya no te digo nada si tienen que hacerlo por la noche. Pero para los escarabajos peloteros, conseguir esto es crucial para sobrevivir. Visualizad un excremento de elefante en medio de la sabana. Enseguida se llena de escarabajos peloteros que quieren sacar partido, así que hacen sus pelotitas de caca para llevárselas bien lejos, escapando así de otros escarabajos competidores. Se han convertido en expertos en alejarse de la manera más efectiva posible: en línea recta.

Durante el día utilizan para orientarse la luz polarizada del sol y la luna, pero una noche sin luna también son capaces de hacerlo. Esto se debe a que este animal de cerebro diminuto se orienta con la Vía Láctea. Por eso, durante las noches nubladas, los escarabajos pierden su capacidad de ir en línea recta. Si trazáramos los diferentes recorridos que hacen una noche nublada al salir de un excremento de elefante, parecería que el olor se les ha subido a la cabeza.

Como estos, hay muchos más ejemplos de animales con capacidades cognitivas de las que nosotros carecemos. Probablemente algunas de ellas están aún por descubrir. Se nos da muy bien identificar aquello en lo que somos mejores, pero cuesta más poder ver habilidades que nos son ajenas.

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