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Sociedad

Tercer Milenio

El vehículo Perseverance llega con éxito a la superficie de Marte

El 'rover', de seis ruedas, cerca 3 metros de largo y de 1.025 kilogramos, buscará en el planeta señales de vida microbiana pasada y recogerá muestras selectas de rocas y sedimentos para su envío futuro a la Tierra.

NASA Perseverance Rover Landing Day
La primera foto de ‘Perseverance’ de la superficie de Marte.
NASA / HANDOUT

"Perseverance está a salvo en la superficie de Marte". Con esta frase acabaron a las 21.55 de este jueves siete minutos de terror. Los que desde la entrada de una nave en la atmósfera de ese mundo hasta que se recibe su primera señal desde la superficie. Acabaron entre gritos de júbilo y aplausos en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, en Pasadena (California, Estados Unidos), desde donde se controla la misión. No era para menos. Perseverance había aterrizado, algo que solo se ha conseguido en la mitad de los intentos. Pronto será el quinto todoterreno en rodar por sus arenas; todos estadounidenses a la espera del próximo aterrizaje del chino de la misión Tianwen-1.

Después de siete meses de viaje y 480 millones de kilómetros, a las 21.48 en España -11 minutos y 22 segundos menos en Marte- Perseverance se zambulló en la atmósfera marciana a 20.000 kilómetros por hora. Tenía 6 minutos y 48 segundos para frenar, y posarse suavemente en el cráter Jezero. Y lo debía hacer automáticamente. Protegido por su escudo térmico, soportó temperaturas de 1.500 ºC y la tenue atmósfera frenó su velocidad hasta los 1.500 kilómetros por hora. Cuatro minutos después del primer contacto con la atmósfera marciana se abrió su paracaídas, de 21 metros, y perdió su escudo térmico. Estaba a unos 10 kilómetros de altura.

Ocho kilómetros más abajo, el todoterreno caía a 300 kilómetros por hora cuando se desprendió del paracaídas y se encendieron los retrocohetes de la grúa volante para el frenazo final. El radar de la nave y su sistema de inteligencia artificial exploraban el terreno para dar con el lugar idóneo para aterrizar. A 20 metros del suelo, la grúa volante descolgó el rover mediante unos cables y lo dejó en el suelo antes de salir despedida y estrellarse.

Entonces, Perseverance llamó a casa desde Marte. Estaba a 204 millones de kilómetros de la Tierra y, a la velocidad de la luz, su señal tardó 11 minutos y 22 segundos en llegar a nuestro planeta. Eran las 21.55 en España. Los responsables del aterrizaje pudieron, por fin, respirar tranquilos. "Cuando miras a Jezero, todo lo que ves es peligro. ¿Cómo vamos a un sitio que nunca pensamos que fuera lo suficientemente seguro para ir antes?", había dicho horas antes Al Chen, jefe del equipo de aterrizaje. La respuesta a esa pregunta retórica es: para buscar vida. Empezará a hacerlo después de que, durante las próximas semanas, los técnicos de la misión comprueben su salud y le manden nuevo 'software'.

Del tamaño de un monovolumen y una tonelada de peso, Perseverance es el laboratorio móvil más avanzado que ha viajado a Marte. Gracias a sus antecesores, los científicos saben que hubo un tiempo en el que el agua líquida fluyó por el planeta y, por consiguiente, creen que pudo surgir la vida. Hasta cabe la posibilidad de que siga ahí, bajo tierra, protegida de la radiación ultravioleta que esteriliza la superficie.

Dos años de misión

Durante al menos un año marciano (dos terrestres), Perseverance explorará con sus siete instrumentos el cráter Jezero, con la vista puesta en posibles restos de antigua vida microbiana, y estudiará su atmósfera -con la estación ambiental española MEDA- para conocer mejor, sobre todo, el comportamiento del polvo, que puede provocar tormentas planetarias y ser una amenaza para los futuros astronautas y sus equipos. Sacará imágenes con las 25 cámaras de fotos que lleva -cuatro que captaron el descenso, 19 en el todoterreno y dos en el helicóptero Ingenuity- y grabara con dos micrófonos los sonidos del planeta.

Uno de los experimentos, Moxie, intentará generar oxígeno a partir del CO2 marciano, algo fundamental en el futuro para emplearlo como combustible de naves y para que los astronautas puedan respirar. Otro, Sherloc, lleva cinco pequeñas piezas de los trajes espaciales que la NASA prepara para el regreso a la Luna y el asalto al planeta rojo para ver cómo se comportan en Marte. Y, además, almacenará muestras que, dentro de unos años, otro rover recogerá, pondrá en un cohete y viajarán a la Tierra en una nave de la Agencia Espacial Europea para su análisis.

De Jezero a Pasadena, a través de España

España jugó un papel clave en el aterrizaje de la misión Mars 2020. La NASA dispone de tres complejos de antenas equidistantes 120º en longitud, lo que garantiza que cualquier misión interplanetaria está siempre 'a la vista': uno está en Camberra (Australia), otro en Goldstone (California) y el tercero en Robledo de Chavela (Madrid). Marte brillaba anoche en nuestro cielo nocturno y, por eso, fue el Complejo de Comunicaciones con el Espacio Profundo de Madrid el encargado de seguir a Perseverance en su aproximación final a Marte y tras el aterrizaje.

La antena de 70 metros (DSS-63) de Robledo de Chavela -con el respaldo de una de 34 metros (DSS-55)- siguió a la nave hasta que entró en la atmósfera y, cuando siete minutos después se restablecieron las comunicaciones, recibió su saludo desde Jezero y lo reenvió a Pasadena. Perseverance mandó ese mensaje mediante su antena de alta ganancia, construida en España por Airbus DS y que sabe adónde apuntar para dar con la Tierra gracias a un mecanismo diseñado y fabricado por la ingeniería vasca Sener. Es la segunda antena española de este tipo en Marte, después de la de Curiosity, también construida por Airbus DS y con mecanismo de apunte de Sener.

En funcionamiento desde 1964, Robledo de Chavela es una instalación clave para las misiones de espacio profundo de la NASA, pero en los años 60 la agencia creó otra en España para seguir las misiones Apolo. Cuando el 21 de julio de 1969, el Apolo 11 llegó a la Luna fue en la estación madrileña de Fresnedillas, dirigida por el fallecido Luis Ruiz de Gopegui, donde oyeron a Neil Armstrong decir: "Houston, aquí Base Tranquilidad. El Águila ha aterrizado".

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