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Trump, el coronavirus y la salud de los presidentes de Estados Unidos

De Wilson a Trump, pasando por Kennedy, Eisenhower o Reagan, muchos presidentes de EE. UU. han enfermado durante su estancia en el Despacho Oval. Ictus, parálisis, enfermedad autoinmune o un complejo síndrome poliendocrino... Repasamos la relación entre la presidencia americana y las enfermedades.

El presidente estadounidense Donald Trump se retira la mascarilla en su primera aparición pública tras estar ingresado.
El presidente estadounidense Donald Trump se retira la mascarilla en su primera aparición pública tras estar ingresado.
Tom Brenner / Reuters

En 2016, a escasos dos meses de las elecciones presidenciales americanas, una neumonía dejó fuera de combate durante unos días a la candidata Hillary Clinton. En aquella ocasión, los seguidores del actual presidente Donald Trump se apresuraron a utilizar el estado de salud de Clinton para afirmar que no se encontraba en condiciones de ocupar el más alto cargo político del país. Cuatro años más tarde ha sido el mismo Trump quien, después de meses de restar importancia a una pandemia que ha afectado ya a más de siete millones de estadounidenses y se ha cobrado más de 200.000 vidas, ha tenido que ser ingresado tras contagiarse de covid-19 un mes antes de las elecciones.

Trump no pasará a la historia como el primer presidente que se ha contagiado en tiempos de pandemia

Trump es el último de una larga lista de presidentes que han tenido que hacer frente a una enfermedad durante su mandato. Ocho presidentes murieron en el ejercicio del cargo, cuatro de ellos asesinados y otros cuatro de causas naturales: neumonía, ictus, gastroenteritis y un infarto. Trump tampoco pasará a la historia como el primer presidente que se ha contagiado en tiempos de pandemia. Ese ‘honor’ lo ostenta Woodrow Wilson, quien presidió el país durante la Primera Guerra Mundial. 

Woodrow Wilson y la pandemia de gripe española

En abril de 1919, en plena pandemia de gripe española, el presidente Wilson se encontraba en París para acordar las condiciones de paz con Alemania, Austria-Hungría y el Imperio otomano tras el armisticio de la Primera Guerra Mundial. Durante la Conferencia de Paz de París, Wilson se enfrentó a Clemenceau que exigía concesiones territoriales a los alemanes y el pago de indemnizaciones económicas. Un Wilson exhausto, que había enfermado de gripe en la capital francesa, tuvo que claudicar a las demandas del primer ministro francés. Las duras condiciones impuestas a Alemania en el Pacto de Versalles condujeron décadas después al auge de Adolf Hitler y a la Segunda Guerra Mundial. Wilson se recuperó, pero medio año más tarde sufrió un ictus que lo dejó medio paralizado, incapacitándolo para desempeñar su trabajo, si no hubiera sido por la ayuda de su mujer Edith Wilson, que ocultó el alcance de la enfermedad y asumió parte de las tareas presidenciales.

El presidente Roosevelt, en su silla de ruedas, en 1941.
El presidente Roosevelt, en su silla de ruedas, en 1941.
FDR Presidential Library & Museum / Margaret Suckley

La parálisis de Roosevelt y la vacuna de la polio

En agosto de 1921 Franklin Delano Roosevelt (FDR) contrajo una enfermedad que le dejó las piernas paralizadas de por vida. Sus médicos le diagnosticaron poliomielitis paralítica y durante décadas nadie puso en tela de juicio este diagnóstico, hasta que, en 2003, el doctor Armond Goldman y colaboradores lo revisaron y vieron que tanto la edad del presidente al enfermar (39 años) como muchas de la características de la enfermedad eran más consistentes con un diagnóstico de síndrome de Guillain-Barré

Esta enfermedad autoinmune en la que el sistema inmunitario ataca por error a parte del sistema nervioso periférico produce una inflamación de los nervios y se caracteriza por debilidad muscular, hormigueo y entumecimiento. Y, aunque no se conoce bien qué la produce, a menudo viene precedida por una infección bacteriana o vírica. 

Roosevelt creó la Fundación Nacional para la Parálisis Infantil que financió investigaciones que condujeron a la primera vacuna contra la polio

Roosevelt iba en silla de ruedas, pero durante toda su larga presidencia evitó usarla en público, ya que con la ayuda de muletas podía levantarse y mantenerse de pie. Aun así, en 1938 creó la Fundación Nacional para la Parálisis Infantil que financió investigaciones que condujeron a la primera vacuna contra la polio desarrollada por Jonas Salk y que se empezó a utilizar en 1955. Durante toda la Segunda Guerra Mundial, la salud de Roosevelt se fue deteriorando y, en abril de 1945, a escasos meses del final de la contienda, falleció de una hemorragia cerebral a la edad de 63 años.

Eisenhower, Kennedy y la Vigesimoquinta Enmienda

Dwight D. Eisenhower era un gran fumador y tuvo varios problemas de salud durante su mandato. En septiembre de 1955 sufrió un ataque cardíaco y aún así, optó a la reelección en contra de los consejos de su cardiólogo. Nueve meses después del infarto, fue operado de una obstrucción intestinal y se le diagnosticó la enfermedad de Crohn, una enfermedad inflamatoria del tracto digestivo. Eisenhower dejó de fumar, hizo cambios en su dieta y pasó unos últimos años de mandato con relativa buena salud, aunque en 1957 tuvo un leve ictus. Después de su presidencia, sufrió otro infarto en 1965 y falleció de insuficiencia cardíaca en 1969 a los 79 años de edad.

El presidente más joven de la historia, John Fitzgerald Kennedy, de aspecto vital y saludable, presentaba "el historial médico más complejo de todos los que han ocupado la Casa Blanca"

A Eisenhower le sucedió John Fitzgerald Kennedy, el presidente más joven de la historia. A sus 43 años y, aunque se le veía como el epítome de la salud y la vitalidad, Kennedy presentaba "el historial médico más complejo de todos los que han ocupado la Casa Blanca", en palabras del doctor Mendel que, en 2008, revisó los archivos médicos del presidente

Kennedy, en 1962.
Kennedy, en 1962.
John F. Kennedy Presidential Library and Museum, Boston

Sus problemas crónicos de salud fueron ocultados a la opinión pública hasta que en 1976, en el libro ‘The Search for JFK’, Joan y Clay Blair divulgaron que, desde los 30 años, Kennedy padecía la enfermedad de Addison, una rara dolencia endocrina en la que las glándulas adrenales no producen suficientes hormonas esteroides. 

Siendo senador le diagnosticaron un segundo trastorno endocrino: el hipotiroidismo, lo que sugiere que podía tener el síndrome de Schmidt o síndrome poliendocrino autoinmune de tipo II. También padecía problemas de espalda de los que fue operado en 1954. Llegó a tener varios médicos y durante su presidencia tomaba una combinación de distintos medicamentos, entre los que se cuentan distintas hormonas esteroideas (hidrocortisona, prednisona, metiltestosterona, fludrocortisona), hormona tiroidea e inyecciones regulares de vitaminas, incluida la vitamina B12. Como es conocido, Kennedy murió asesinado en 1963.

Tanto la salud de Eisenhower como el asesinato de Kennedy promovieron el debate sobre una nueva enmienda de la Constitución. La vigesimoquinta enmienda, aprobada en 1967, establece que el vicepresidente se convierte en presidente si el presidente muere, renuncia o es cesado de su cargo y establece el procedimiento para responder a una incapacidad temporal del presidente para cumplir con las obligaciones del cargo.

Thomas Eagelton, candidato demócrata a la vicepresidencia tuvo que dimitir porque había ocultado un ingreso hospitalario por depresión

Desde 1972 la transparencia sobre la salud de los presidentes cobró más importancia cuando Thomas Eagelton, candidato demócrata a la vicepresidencia tuvo que dimitir porque había ocultado un ingreso hospitalario por depresión. En algunos casos, como en los de Bill Clinton o Barack Obama, ambos se negaron inicialmente a divulgar sus informes médicos. Incluso un presidente de ficción como Josiah Bartlet, de la serie televisiva ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’, oculta durante su primer mandato que sufre esclerosis múltiple, lo cual pone en vilo su reelección.

Ronald Reagan divulgó en 1983 que llevaba un audífono, lo que impulsó las ventas de estos dispositivos en Estados Unidos

Ronald Reagan, en cambio, divulgó en 1983 que llevaba un audífono, lo que impulsó las ventas de estos dispositivos en Estados Unidos. En 1985 cedió el poder presidencial al vicepresidente durante ocho horas para someterse a una operación de cáncer de colon, aunque evitó invocar la vigesimoquinta enmienda. También se sometió a tres pequeñas operaciones para eliminar células cancerosas de la piel. En 1994, cinco años después de abandonar la presidencia, Reagan fue diagnosticado de alzhéimer, enfermedad que sufrió durante una década. Su hijo Ron afirmó haber visto los primeros signos de la enfermedad durante el segundo mandato de su padre. Un análisis llevado a cabo en 2015 detectó cambios sutiles en el patrón del habla del presidente y el uso de un vocabulario más pobre. 

Debido a la enfermedad de su marido, y haciendo frente a la oposición de muchos políticos republicanos, Nancy Reagan promovió la investigación con células madre y estableció un instituto de investigación del alzhéimer.

Aun así, el papel de la administración Reagan en relación con la investigación médica no siempre fue el adecuado. Como Trump con la pandemia del coronavirus, Reagan ignoró durante años la epidemia del sida e infrafinanció su investigación. Al finalizar su mandato, más de 100.000 americanos habían sido diagnosticados de sida y casi 60.000 habían fallecido. 

Harrison fue el primer presidente en fallecer en el cargo -murió de neumonía- y es el presidente de Estados Unidos con un mandato más corto

Ronald Reagan accedió a la Casa Blanca cuando tenía 69 años de edad. Trump lo hizo con 70 años y es, hasta la fecha, el presidente más viejo en asumir el cargo. Antes, el récord lo ostentaba William Henry Harrison (1773-1841), que asumió la presidencia con 68 años. Harrison también fue el primer presidente en fallecer en el cargo y es el presidente de Estados Unidos con un mandato más corto. Murió de neumonía (o de fiebre tifoidea) a los 32 días de su toma de posesión, que tuvo lugar una fría mañana de marzo de 1841 en la que pronunció un discurso inaugural de dos horas y en la que no llevaba chaqueta ni sombrero. Parece que Trump, aun sumando factores de riesgo como la edad o el sobrepeso, ha tenido más suerte esta vez con el coronavirus.

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