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Sociedad

La pandemia marca a una sociedad con miedo al futuro

Las sociedades han superado situaciones peores, pero la que tenemos encima pesa sobre las expectativas de futuro de la ciudadanía actual. Así se ve bajo el microscopio de las encuestas.

La incertidumbre dibuja negros nubarrones
La incertidumbre dibuja negros nubarrones
Kai Försterling / EFE

'Todo va a salir bien’, pintaban con colores de arcoíris los niños cuando todo esto empezó. Pero, cuatro meses, un confinamiento y una desescalada, 28.429 muertos y más de 270.000 contagiados después, el pesimismo respecto al futuro se asienta en la sociedad española.

Su propia vida, la sociedad, las relaciones con los demás, y también con China y con la UE, van a cambiar a peor según piensa la mayoría. Solo las relaciones con la ciencia y la tecnología y, en menor medida, con la naturaleza, escapan de la zona sombría de las tablas de la última entrega del estudio longitudinal, presentada esta semana, sobre el impacto de la covid-19 en la vida cotidiana de los españoles, en sus percepciones y valoraciones acerca de algunas instituciones y sobre sus expectativas de futuro.

Para los sociólogos, antropólogas, politólogos y economistas que integran el grupo de investigación Sociedad, Creatividad e Incertidumbre que está midiendo la percepción social de la covid-19, la pandemia se ha convertido en un fascinante laboratorio. Una realidad en la que hacer catas, pues "los estudios de opinión son como las encuestas electorales, captan el momento", señala el sociólogo y profesor de la Universidad de Zaragoza Jaime Minguijón, que lamenta la "pequeña faena" de que, tras las encuestas realizadas en abril y mayo del 2020, en plena fase de alarma y confinamiento, la tercera oleada, cuyos datos se están depurando ahora, cayera justo antes del comienzo de los rebrotes "que estoy convencidísimo de que habrán cambiado la opinión de la gente porque aumentan la incertidumbre, la sensación de pensar que el suelo que pisábamos son ahora arenas movedizas".

La pandemia ha sido, en términos sociológicos, un ‘acontecimiento’, "algo que rompe con la cotidianidad , con el día a día, con la vida que damos por sentada". En su opinión, "no saber qué va a pasar y pensar que las cosas irán a peor supone andar con el freno de mano echado" y puede acabar en "un frenazo a todos los niveles: de emprender a casarse o tener un hijo". Más teniendo en cuenta que el pesimismo se contagia, porque estamos hablando de estados de ánimo, sentimientos, sensaciones. "Somos seres sociales, estamos hechos a partir de relaciones, nuestras opiniones, visiones de futuro, juicios y valoraciones se construyen en interacción con las personas que tenemos al lado. Nos retroalimentamos", comenta Minguijón.

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"Todo nuestro orden social necesita que el futuro sea fiable. La economía es futuro; la política administra promesas"

Un futuro al que no queremos mirar

Cuando los temores son colectivos, pueden desprenderse consecuencias de gran calado. Más de la mitad de los españoles cree que su vida empeorará debido a la pandemia (52,3%) y también la relación con la sociedad (61,2%). Un 42,5% prevé un deterioro de las relaciones con los demás. Estas cifras constatan una "gran desconfianza en el futuro, y todo nuestro orden social necesita que el futuro sea fiable", asegura el catedrático de Sociología José Ángel Bergua, al frente de este grupo de investigación. Pues el futuro es el combustible de nuestro mundo, de la Modernidad, una maquinaria optimista que tritura el presente. "Imaginando un futuro mejor, sacrificamos el presente: estudiando para tener un trabajo, ahorrando para hacer no sé qué, siempre pensando en el mañana", explica. Eso podía funcionar cuando el futuro era optimista, pero "en todo lo que llevamos de siglo XXI, esto ha cambiado, encadenamos pesimismo tras pesimismo: primero por el miedo al terror desde el atentado de las Torres Gemelas, luego la crisis económica de 2008 y ahora la pandemia. Ese mecanismo que hacía que la Modernidad funcionara, haciendo interesante el futuro, pero desvalorizando el presente, ya no sirve. Estamos en una época distópica, hablamos de colapso del planeta, de bomba poblacional…, lo que hace que el futuro que antaño resultaba positivo deje de verse halagüeño e implosione, desaparezca". 

Y si desaparece el futuro, todo lo que está en relación con él se ve en peligro, "incluida la economía porque –señala Bergua– la economía es futuro: la bolsa es toda de futuros, los bancos quieren que ahorremos, uno cobra –a final de mes– y trabaja para cobrar, piensa en lo que va a comprar, en lo que va a hacer… La gente piensa en el mañana, en el plan de jubilación. Y también la política se basa en la administración de las promesas", añade. Cree que "dejar de pensar en el futuro puede tener consecuencias enormes: dejo de estudiar, dejo de ahorrar… Sería un golpe muy fuerte al tipo de orden moral que hemos construido en la Modernidad". Podría ocurrir que, como consecuencia, la gente empezara a valorar el presente, pero "está por ver".

Desde el ángulo económico del estudio, Juan Miguel Báez apunta que "la economía, como cualquier aspecto de nuestra vida social, se lleva mal (muy mal) con la incertidumbre. A los agentes económicos, ya sean las autoridades, los consumidores o los productores, nos encantaría tomar nuestras decisiones en un mundo con certeza absoluta, donde tuviésemos claro cuáles serían las consecuencias de nuestras decisiones. Sin embargo, esta pandemia nos ha situado en un mundo diametralmente opuesto: la ilusa seguridad en la que vivíamos se ha venido abajo de un plumazo". El miedo hace que "la demanda de muchos sectores se contraiga" y Báez pone como ejemplo típico el sector turístico, de vital importancia en la economía española, y el miedo a viajar.

Vulnerables y más optimistas

Buceando en el pesimismo que revela esta encuesta, los investigadores se han topado con una sorpresa: el optimismo de los más vulnerables. El estudio de la Universidad de Zaragoza se esfuerza por conocer cómo cambia el impacto social de la covid-19 según el grado de vulnerabilidad de las familias e individuos. Para ello, han construido un indicador de vulnerabilidad atendiendo a la pobreza económica, el hacinamiento en el hogar y la necesidad de cuidados. Los resultados refuerzan la idea de que que no todos somos iguales ante el coronavirus, pero, en la percepción del futuro personal, de cómo les irá la vida, "precisamente quienes presentan una vulnerabilidad más acusada son los más esperanzados, incluso por delante de los no vulnerables", señala Minguijón. "¿Están tan acostumbrados a vivir situaciones de dificultad y les ha golpeado ya tan fuerte esta pandemia y crisis anteriores que piensan que el futuro tiene que ser mejor, en contraste con los acomodados, que ven todo más negro?", se pregunta, aunque esta es una de las vetas de investigación que quieren explotar y enriquecer en futuros grupos de discusión.

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¿En quién confiar?

Ante tanta incertidumbre, necesitamos seguridad. Amigos y familiares se llevan la palma de la confianza (el 87,2% confía mucho en ellos), seguidos de la Sanidad pública (89,7%) y, atención, la Policía y la Guardia Civil (78,7%) y el Ejército (77,5%). Está claro que "si vemos que podemos perder, preferimos que no se muevan las cosas, ‘que me quede como estoy’, y nos agarramos como a un clavo ardiendo a los órganos de seguridad del Estado", indica Minguijón. Respecto al Gobierno central, entre la primera y la segunda encuesta se aprecia que la sociedad española se está polarizando, "hay menos indecisos y lo palpamos: o pones a parir a Fernando Simón o lo llevas en la camiseta".

Entre la confianza en el entorno más cercano y el Estado que cuida o garantiza el orden, aflora un preocupante vacío. Tenemos miedo de todo lo demás

Así, entre el entorno más cercano (familiares y amigos) y el Estado que cuida (Sanidad) o garantiza el orden (Ejército y fuerzas y cuerpos de Seguridad), aflora un preocupante vacío. "En medio hay una gran desconfianza hacia todo: Gobierno, oposición, movimientos sociales, religión... No parece que tengamos bien entramada la sociedad", analiza José Ángel Bergua. 

Aparece "una administración del orden social basada en el miedo, lo cual no es muy saludable, pero se viene haciendo desde los orígenes de la Modernidad, cuando Hobbes decía aquello de que ‘el hombre es un lobo para el hombre’, se temen los unos a los otros y es el Estado quien aplaca ese miedo". Esta es una situación parecida: todos nos tenemos miedo, unos a otros, "nuestra encuesta muestra claramente una gran desconfianza hacia los demás por el miedo y un gran respeto y aval que se da a las instituciones coactivas del Estado". Esto dibujaría un escenario "propicio para el desembarco de los totalitarismos, pues suelen despreciar la compleja red de instituciones que intermedian entre el Estado y las gentes".

Pero hay más, entre la primera (abril) y la segunda encuesta (mayo), 1 de cada 5 individuos ha pasado de confiar a desconfiar en las gentes que le rodean, "lo cual es un cambio enorme, además de preocupante, como signo de descomposición de la sociedad, pues la materia prima de lo social y de cualquiera de sus ámbitos son las relaciones", destaca Bergua.

Haciendo una lectura global de los datos, el catedrático interpreta que "el aumento del pesimismo respecto a nuestros cada vez menos ‘amigos’ de la UE y nuestros cada vez más ‘enemigos’ chinos, deja aún más solo bajo su idolatrado Estado, en sus dimensiones autoritaria y biopolítica, a este nuevo español que parece querer nacer de entre estas ruinas". Pero "con él no habrá ya comunidad alguna, sino un conjunto de sujetos egoístas y muy temerosos los unos de los otros".

Incluso cuando no hay deterioro económico palpable, hay una sensación subjetiva de temor

Virus o crisis: qué nos da más miedo

La sociología sabe bien que "toda percepción está situada –señala Minguijón–, es como una radio, que sintoniza unas cosas y deja de lado otras". Hay que estudiar cómo se construye esa percepción social para tratar de entender qué motiva ese pesimismo colectivo, esa desconfianza. En relación con la evolución de la economía personal, a Bergua le llama la atención que, "en las dos oleadas, el porcentaje de quienes se mantienen igual que antes de la crisis (42,8%, 47,4%) sea prácticamente idéntico y no esté muy lejos de los que han empeorado (55,6% y 50,1%), que ‘solo’ han aumentado 5 puntos". Por otro lado, "quienes opinan que las medidas tomadas han sido insuficientes aumentan conforme lo hace su vulnerabilidad, lo cual indica que, a falta de un descalabro económico real u objetivo, hay una sensación subjetiva de temor. Pero –se pregunta– ¿dónde está la causa: en el descalabro económico que se avecina o en el peligro para la salud que supone el virus?".

Bergua busca respuestas en otros estudios: "Según el barómetro de mayo del CIS, el 98,7% de los encuestados, casi el doble de los que han visto empeorar su economía, cree que las consecuencias económicas son graves, lo cual revela el asentamiento del pesimismo incluso entre los que están económicamente igual". Pero es que el mismo barómetro "indica que los preocupados por la salud (52,9%) doblan a quienes lo están por la economía y el empleo (23,3%), que quienes apuestan por reformar la sanidad pública (89,6%) son un poco más que los favorables al ingreso mínimo vital (83,4%) y que hasta un 86,4% no ha cambiado la composición de su cesta de la compra". "Todo indicaría –concluye– que la preocupación por la salud, al menos apenas tres meses después de iniciarse el confinamiento y la escalada de contagios y muertes, es mayor que la sensación de deterioro de la economía".

El otoño, cuando a los rebrotes se una el efecto de la crisis, será buen momento para volver a pulsar la opinión de una sociedad a la que, según Bergua, "no le queda más remedio que aceptar la incertidumbre, sin pretender blanquear el futuro".

Los datos que analiza este reportaje proceden del estudio ‘Análisis longitudinal del impacto socioeconómico y en la percepción social de la covid-19 en España’, del Grupo de Investigación Sociedad, Creatividad e Incertidumbre de la Universidad de Zaragoza. 

​Ficha técnica de la encuesta.

  • Universo: población general mayores de 18 años en España.
  • Ámbito: nacional.
  • Procedimiento de recogida de la información: encuesta autoadministrada a través de Facebook, garantizando la aleatoriedad de las unidades entrevistadas.
  • Tamaño de la muestra: 3.000 entrevistas.
  • Error muestral: +1,82%, para un grado de confianza del 95,5%.
  • Fechas del trabajo de campo: 7 – 8 de mayo de 2020.
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