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Cómo ha cuidado el planeta la covid-19 (y cuánto durará)

La pandemia de covid-19 ha tenido también efectos colaterales sobre el medio ambiente, con un notable descenso de emisiones a la atmósfera. Y, desde otro punto de vista, resulta que detrás del origen de la transmisión de virus como este de animales a humanos está, precisamente, la destrucción del medio ambiente y su biodiversidad

El confinamiento dejó vacías en marzo calles y carreteras.
El confinamiento dejó vacías en marzo calles y carreteras.
Oliver Duch

Los científicos llevan años pidiendo a gritos que tomemos cartas en el asunto para reducir las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. Implorando medidas urgentes para frenar el acelerado cambio climático al que estamos sometiendo al planeta. Y, mira por donde, ha tenido que venir una funesta pandemia a demostrarnos que lograrlo es más fácil de lo que pensábamos.

Según un estudio británico publicado hace unos días en la revista ‘Nature Climate Change’, las emisiones diarias de dióxido de carbono han caído en un 17% (17 millones de toneladas) durante el momento álgido del confinamiento. Y eso nos ha devuelto a los niveles de emisiones de hace quince años. Ahí es nada.

El estudio ofrece aún más detalles sobre los efectos colaterales que ha tenido la covid sobre el medio ambiente. Como que el descenso del tráfico rodado (camiones, coches...) ha sido, él solito, responsable de un 43% de esta caída de las emisiones globales. Exactamente lo mismo que la industria y las centrales energéticas juntos.

Y no solo el dióxido de carbono ha menguado en estos últimos meses. Un informe elaborado por Ecologistas en Acción revelaba que, desde que se declaró el estado de alarma hasta el 30 de abril, el dióxido de nitrógeno (NO2), principal contaminante emitido por los tubos de escape de los automóviles, se redujo un 58% en España.

Dos noticias tan buenas como efímeras. Según reflexionaba Corrinne Le Quére, investigadora de la Universidad de East Anglia (Reino Unido) y coautora del estudio de ‘Nature Climate Change’, "este descenso dramático es temporal, porque no es fruto de cambios estructurales en la economía, el transporte o las fuentes de energía". Le Quére asegura que lo sucedido estos meses demuestra que "tenemos la oportunidad de efectuar cambios reales y duraderos que nos hagan más resilientes de cara a futuras crisis". Tan simple, dice, como fomentar el desplazamiento a pie, en bicicletas eléctricas y transporte público en las ciudades, a la vez que se eliminan carreteras. "La respuesta económica de los líderes mundiales en la poscovid-19 marcará cual es el futuro del planeta", sentencia.

Naturaleza sana, cuerpo más sano

Si volvemos a las andadas, no solo la naturaleza se resentirá. Nuestra salud también saldrá mal parada. Porque detrás del origen de esta pandemia está, precisamente, la destrucción del medio ambiente. Hace más de una década se aportaron las primeras pruebas científicas sobre cómo la biodiversidad frena las infecciones. Se debe a que la existencia de una gran diversidad de especies que actúan como huésped puede limitar la transmisión de los agentes infecciosos y el salto de enfermedades de animales a humanos. Las famosas zoonosis. Para colmo, resulta que los coronavirus han coevolucionado largo tiempo con sus hospedadores (mamíferos y aves) de forma que, mientras gozan de buena salud, la carga vírica es mínima. La cosa se pone fea cuando sufren estrés porque se les persigue, caza o destruye su hábitat. En esas circunstancias, el sistema inmunitario del animal se viene abajo y la carga vírica se dispara. Terreno abonado para el inicio de una epidemia.

Además, existen pruebas irrefutables de que la contaminación atmosférica aumenta la propagación de los virus y, posiblemente, su virulencia. Un estudio de abril de la Universidad de Harvard (EE. UU.) apuntaba que la probabilidad de morir por covid-19 es bastante más alta en los pacientes infectados en áreas con altos niveles de contaminación atmosférica antes de la pandemia. Dato que corroboraba otra reciente investigación alemana que demostró que la mortalidad del coronavirus SARS-COV-2 se disparaba en las ciudades más contaminadas.

Concretamente, el 78% de las 4.443 muertes registradas en un solo día en Europa (19 de marzo) ocurrieron en cinco áreas específicas y altamente contaminadas: cuatro regiones del norte de Italia y Madrid. Podría ser, dicen, porque la exposición a la contaminación en las últimas décadas ha aumentado la población que llega demasiado ‘frágil’ al embate del coronavirus.

En suma, protegiendo a la naturaleza matamos dos pájaros de un tiro, porque también protegemos nuestra salud. Y si en dos meses hemos logrado cambios medioambientales tan drásticos sin darnos cuenta, ¿qué no podríamos hacer si nos sentamos a tomar decisiones a largo plazo?

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