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Ciencia ciudadana

Ciencia ciudadana al rescate de la noche

La ciencia ciudadana está ayudando a salvar nuestra visión de las estrellas y también los ecosistemas nocturnos, con proyectos de alcance mundial como Cities at Night, Lost at Night, Loss of the Night, Globe at Night, Dark Sky Meter o TESS Network. 

Zaragoza vista desde la Estación Espacial Internacional.
Zaragoza vista desde la Estación Espacial Internacional.

Hay muchas preguntas del día a día que tienen difícil solución: ¿cómo detener el cambio climático?, ¿cómo encontrar a un fugado de la justicia?, ¿cómo volver a ver las estrellas? Somos conscientes de que sin la colaboración de todos -o al menos de algunos 'afortunados' - no podremos solucionarlos. Estamos hablando de la colaboración ciudadana. ¿Pero qué distingue la ciencia ciudadana del civismo o de responder una simple encuesta? La metodología y la filosofía. Para que la ciencia ciudadana sea tal, primero debe ser ciencia. Y segundo, debe involucrar a 'científicos' ciudadanos. Esta última denominación no está exenta de ambigüedades, ya que es difícil dar una definición precisa de cuál es el tamaño de la contribución.

En todo caso, la ciencia ciudadana está ayudando a rescatar del olvido la herramienta definitiva para salvar nuestra visión de las estrellas, pero, lo que es más importante, nos va a ayudar a salvar también el 50% de los ecosistemas terrestres, los ecosistemas nocturnos.

Pocas personas son conscientes del inmenso cambio que supone para la vida la introducción de la luz artificial. Menos aún para los que la hemos tenido desde que nacimos. Pero en los siglos XVIII y XIX, el inicio de la generalización de la iluminación en Europa, de la mano del aceite de ballena (especie que masacramos) y del gas posteriormente, supuso una verdadera revolución. Una revolución que se unió a otras muchas otras (algunas beneficiosas), orientadas al progreso de la revolución industrial.

Por entonces la población humana no llegaba a los mil millones y el porcentaje de la población que vivía en regiones industrializadas era pequeño. Aun así, fuimos capaces de llevar al borde de la extinción a los mamíferos más grandes del planeta. Este era el precio de la obtención del aceite que usábamos para iluminar nuestras ciudades, pero la luz misma produjo otros desmanes. 

Un ejemplo más fue la masacre del faro de Gatteville, Normandía, donde murieron más de 10.000 aves migratorias en febrero de 1912. Afortunadamente, se investigó el problema y, hacia mitad del siglo XX, los faros giratorios fueron sustituidos por luces estroboscópicas que no producían la muerte de las aves. Pero muchas otras especies no tuvieron tanta suerte. Por ejemplo, se considera que una (si no la más) importante de las razones por las que han desaparecido las tortugas de la mayor parte del Mediterráneo y gran parte del océano Atlántico, es la contaminación lumínica que mata a las crías al salir de sus huevos. Esto se produce al confundir estas las luces de la ciudad con el reflejo de las estrellas y la luna en el mar.

¿Y dónde entra la ciencia ciudadana en esta historia? Pues el día en que los activistas decidieron que sin ciencia nunca podrían hacer disminuir el problema de la contaminación lumínica. Desde entonces, decenas de proyectos se proponen conseguir los datos que nos ayuden a detener esta catástrofe ecológica a escala global. Los estudios científicos serios sobre el alcance de la contaminación lumínica tienen menos de 20 años, cuando los de cambio climático tienen más de 60 años, a pesar de que los devastadores efectos de la contaminación lumínica eran conocidos mucho antes. 

¿Y cómo puedes solucionar tú este problema? Participando en alguno de estos proyectos: Cities at Night, Lost at Night, Loss of the Night, Globe at Night, Dark Sky Meter o TESS Network son solo algunos de los proyectos de mayor alcance mundial, cruciales para darnos cuenta en el mundo occidental, de a qué velocidad estamos destruyendo la noche global, con todo lo que hay en ella. En un próximo artículo explicaremos con detalle cómo participar en alguno de estos proyectos, pero el primer paso en toda investigación científica -académica o ciudadana- es identificar y comprender el problema. Esto es lo que buscábamos en este primer artículo. ¡Nos vemos en la segunda parte!

Alejandro Sánchez de Miguel es investigador de la Universidad de Exeter y trabaja en el análisis de imágenes de satélite nocturnas para el estudio de la contaminación lumínica. Forma parte de la junta directiva de la International Dark Sky Association

Esta sección se realiza en colaboración con el Observatorio de la Ciencia Ciudadana en España, coordinado por la Fundación Ibercivis

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