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Cómo fomentar la responsabilidad en nuestros hijos

Desde la familia, muchas veces queremos ayudar a nuestros hijos en su día a día y terminamos por sobreprotegerlos sin darles opción de que vayan asumiendo las responsabilidades propias de su edad.

El deseo de protección, muchas veces, nos empuja a actuar de manera contraria a lo que realmente conviene.
El deseo de protección, muchas veces, nos empuja a actuar de manera contraria a lo que realmente conviene.
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Responsabilidad es la capacidad para asumir el deber hacia nuestras obligaciones con un firme compromiso para actuar de forma correcta y acorde a la confianza generada.

Pero... pongámonos en situación

A medida que crecemos, hemos de asumir responsabilidades. No solo en el ámbito de los estudios o el trabajo, sino en todas las facetas de nuestras vidas.

Desde la familia, muchas veces queremos ayudar a los más jóvenes en su día a día y terminamos por sobreprotegerlos sin darles opción a que vayan asumiendo esos compromisos tan importantes para su desarrollo presente y futuro. Ser responsable, sinónimo de ser digno de nuestra confianza, es algo que nos va a demandar nuestra vida laboral, de estudiante, familiar o entre nuestros círculos de amistad. En realidad, somos conscientes de la importancia de ser responsables y no queremos que nuestros hijos no lo sean, pero la desconfianza, asegurar el resultado, la necesidad de cumplir unos plazos o, en definitiva, el deseo de protección, nos empujan a actuar de manera contraria a lo que realmente conviene.

Observemos algunas pautas de conducta

Un alto grado de responsabilidad debe manifestarse a través de una serie de comportamientos. En primer lugar, debemos ser sensibles a los requerimientos de nuestro entorno, es decir, ser conscientes de lo que el grupo espera de nuestro comportamiento y, en la medida de lo posible, tratar de superar esas expectativas, esa confianza depositada.

En edades tempranas, se puede fomentar la responsabilidad, asignando pequeñas tareas domésticas acordes a cada situación, incrementándolas según crecen y aprenden; el objetivo final será que entiendan que tienen derechos pero también obligaciones que les dan acceso a los mismos. Hemos de ir asumiendo compromisos que pueden surgir de las demandas y la confianza depositada por parte de los demás, y, en este sentido, la participación en deportes de equipo puede servir de modelo de actuación: entender nuestro papel dentro del equipo, no faltar a los compromisos sin causa justificada, ajustarnos a las necesidades del grupo por encima de los intereses personales… El cuidado de otras personas, aunque sea parcialmente (un familiar más joven o, todo lo contrario, mayor y que precisa apoyos concretos) también será de gran ayuda, rebajará el egoísmo y contribuirá a aumentar la empatía.

En definitiva, se trata de asignar pequeñas tareas al servicio de un grupo que, a su vez, realiza otras para el beneficio conjunto.

Programa de Escuela Activa de Fundación Piquer

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