Despliega el menú
Sociedad

Tercer Milenio

ciencia

El premio Nobel de Química Gregory Winter anima a los científicos a emprender

Es el creador de un anticuerpo que puede curar patologías que el propio organismo no combate, como las neurodegenerativas, reumatológicas autoinmunes y los cánceres, "un nuevo paradigma" en la medicina.

El británico Gregory Winter (izq.), premio Nobel de Química.
El británico Gregory Winter (izq.), premio Nobel de Química.
EFE

El británico Gregory Winter, premio Nobel de Química, creador de un anticuerpo que combate tumores y dolencias autoinmunes y fundador de tres empresas de biotecnología, anima a los investigadores a emprender para lograr "la aplicación práctica de sus ideas y así mostrar que realmente funcionan".

"Si un científico cree haber logrado algo que puede ser revolucionario, debe lanzarse a intentar aplicarlo, porque la industria tradicional no lo reconocerá. Y si no lo ven claro, no lo van a apoyar. Depende de los propios investigadores llevar adelante una buena idea", explica este bioquímico en una entrevista con Efe tras recibir un premio de la Fundación Fernández-Cruz.

"Hemos creado un anticuerpo fuera del organismo humano, en un tubo de ensayo, que ataca el cáncer. Nos llevó unos cuatro años conseguirlo", destaca este ingeniero molecular que fundó su primera empresa biotecnológica en 1989 en Cambridge.

Este anticuerpo, denominado ‘adalimumab’, puede curar patologías que el propio organismo no combate, como las neurodegenerativas, reumatológicas autoinmunes y los cánceres, y ha supuesto "un nuevo paradigma" en la medicina, según Winter, que en 2012 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Investigación.

Fruto de una técnica "disruptiva" diseñada por Winter, este anticuerpo es la base de un fármaco que se comercializó en 2004 y que hoy es líder en el tratamiento de artritis reumatoide, psoriasis y la enfermedad de Krohn, entre otras.

Cuando se produce un tumor, suele haber un proceso inflamatorio en su entorno, desencadenado por la proteína TNF, y el anticuerpo "bloquea esa proteína y cura la enfermedad", explica.

"Ahora estoy trabajando para resolver la cuestión del tamaño de los anticuerpos. Son grandes y es difícil hacerlos entrar en el tumor. Ello es posible solo porque la inflamación alrededor del tumor debilita las paredes de los vasos sanguíneos, por lo que pueden atravesarlas y atacar el tumor", continúa.

El objetivo es conseguir que los anticuerpos "entren dentro del tejido de forma rápida", para lo que ha desarrollado una versión pequeña del anticuerpo, "porque si son más pequeños pueden penetrar", detalla.

Se trata de "un análogo del anticuerpo", que en realidad es "un péptido y lo utilizamos para atravesar de la sangre al tejido, poniendo una toxina en este agente transportador. Una vez dentro, la escisión de la toxina mata la célula tumoral", según Winter.

Este péptido, que ya se ha probado en animales, "funciona muy bien en ratones, pero no sabemos cómo funciona en humanos", admite. Para sintetizarlo, Winter ha creado su tercera empresa, Bicycle Therapeutics, que cotiza en el índice Nasdaq de EE. UU.

"Cuando empezamos con los anticuerpos ninguna gran farmacéutica se interesó, porque no son una droga química clásica. Tuvimos que crear una empresa para validar la tecnología y hemos hecho lo mismo con estos péptidos", agrega.

"Muchos científicos prefieren quedarse en el laboratorio y no tener que salir a hablar con bancos y abogados. Pero si quieres que tu trabajo sea una realidad, tienes que hablar con los distintos agentes, incluidos los periodistas, para levantar el interés por la tecnología y que tengan ganas de invertir", según este Nobel.

También hace falta que "la universidad o institución científica te permitan hacerlo. Hay que dar libertad y tiempo a la gente para dar ese paso. Tuve la suerte de que mi empleador, el Consejo de Investigación Médica británico, me lo autorizó. Me daban una tarde libre a la semana para estas gestiones, a lo que yo añadía las noches y los fines de semana", recuerda.

"Trabajé siete días a la semana durante siete años. Para que la cosa funcione, tienes que vender un sueño", concluye el científico que compartió el Nobel en 2018 con George Smith y Frances Arnold, todos ellos del área molecular.

En la entrega de su premio en Madrid, en un acto en el Hospital Clínico, el profesor Arturo Fernández-Cruz, que preside la Fundación que le otorgó el galardón, ha destacado que el trabajo de Winter "es un hecho tan importante como el descubrimiento de la penicilina".

Etiquetas
Comentarios