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Tercer Milenio

Aquellos maravillosos inventores

Edward Weston. Sigámosle la corriente… eléctrica

El apellido Weston se asocia a sus precisos instrumentos para medir la corriente eléctrica –precursores de los modernos voltímetros, amperímetros o polímetros-; a la compañía que fundó para fabricarlos y a sus fotómetros para fotografía. Pero antes de dedicarse a la invención de estos aparatos, en torno a 1886 y a la edad de 36 años, Edward Weston ya había obtenido más de un centenar de patentes y había revolucionado campos tan diversos como la galvanoplastia o la iluminación eléctrica gracias a sus innovaciones.

Los voltímetros miden el voltaje de un circuito eléctrico
Los voltímetros miden el voltaje de un circuito eléctrico

Edward Weston nació en Oswestry, Shropshire, Inglaterra, en 1850. Tras acceder a los deseos de sus padres de estudiar Medicina –una disciplina por la que no sentía mayor apego-, obtener el título y trabajar como aprendiz de un médico local, con apenas 20 años se embarcó con destino a Norteamérica con el único bagaje de unos notables conocimientos sobre química –una ciencia que sí concitó su interés- adquiridos durante sus años de formación. 

Tras su desembarco en Nueva York encontró trabajo en la industria de la galvanoplastia; un campo que iba a revolucionar en el plazo de unos pocos años gracias a las constantes mejoras e innovaciones que introdujo. Así, en 1872, y tras haberse empleado en un par de fábricas, se asociaba con su amigo George H. Harris para establecer la Harris & Weston Electroplating Co. Y ese mismo año desarrollaba y patentaba un nuevo y más eficaz ánodo para el cromado de níquel y una exitosa dinamo para galvanosplastia (o electrodeposición; la técnica o sistema para cubrir superficies y objetos con una capa metálica aplicando electricidad, lo que provoca una reacción de electrolisis y con ello la deposición del metal. En esencia, la corriente eléctrica provoca que el metal en una disolución precipite sobre el objeto). 

Con su nueva dinamo Weston solventaba el principal problema que había identificado en este ámbito: la necesidad de un generador de corriente más eficiente que las baterías y pilas usadas entonces.

También en 1785 abandonaba el negocio de la galvanoplastia y se trasladaba a Nueva Jersey para montar una nueva compañía, la Weston Dynamo Electric Machine Company, dedicada a la producción de sus dinamos, además de otros equipos eléctricos. Un año más tarde patentaba un diseño para un nuevo y más eficiente generador de corriente directa. Aún en el año 1876, Edward Weston se incorpora a la Stevens, Roberts & Howell Company como director de la recién creada división de dinamos. Departamento que un año después se establecería como compañía independiente, bajo el nombre de Weston Dynamo Machine Company, consolidada como la principal fábrica estadounidense del sector. Pese a lo cual, y con vistas a expandir y ampliar su mercado, Weston comenzó a investigar, desarrollar y fabricar generadores para lámparas de arco. Y a raíz de ello, y dada su naturaleza obsesiva por alcanzar la perfección en todo lo que afrontaba, también comenzó a introducir y realizar innovaciones y mejoras en las propias lámparas de arco; y a producir sus propios modelos. Consecuencia de ello, la ya rebautizada como Weston Electric Light Company ganaba el concurso para la contratación del sistema de alumbrado del nuevo Puente de Brooklyn. 

Paralelamente a su desarrollo de las lámparas de arco, Weston también comenzó a trabajar en las de incandescencia. Y gracias a la combinación de conocimientos de química, electricidad e ingeniería mecánica consiguió un filamento sintético mucho más duradero, capaz de soportar más de 2.000 horas de funcionamiento frente a las apenas cien que resistían los existentes entonces, elaborados con fibras naturales. En 1882 obtenía la patente para su filamento del filamento de wolframio. Durante este periodo de dedicación a los sistemas lumínicos, Weston obtuvo patentes para nuevos y mejores sistemas de sellado de las bombillas y para otros muchos inventos e innovaciones en el ámbito de la iluminación.

Sin embargo, a pesar de todos sus logros y éxitos, y posiblemente porque no confiaba en que su probada competencia pudiese rivalizar en la arena de los medios de comunicación con el carisma y la 'magia' de Edison -el Mago de Menlo Park y fundador de la Edison Electric Company-, en 1886 y ya con más de 180 patentes registradas a su nombre, Weston daba un nuevo giro a su carrera profesional y volcaba su interés en el desarrollo de equipos de medida de la corriente eléctrica. Una necesidad que había detectado en sus tiempos en la industria de la galvanoplastia y que ya entonces había comenzado a investigar. Así, en 1887 creaba la Weston Electrical instrument Company, dedicada a la fabricación y comercialización de estos equipos. Un año más tarde, en 1888, desarrollaba el primer imán permanente y dos nuevas aleaciones especialmente apropiadas para las mediciones eléctricas. Y también en 1888 inventaba el equipo al que se iba a asociar su apellido en la posteridad, un instrumento portátil y que permitía una lectura directa de gran precisión de la corriente eléctrica –y del que son descendientes directos los modernos voltímetros, amperímetros, polímetros, etc.-. 

Y apenas cinco años después, en 1893 inventaba la pila Weston; una pila electroquímica húmeda de cadmio saturado y a cuyos derechos de patente decidía renunciar, permitiendo que cualquiera pudiese fabricarla; poco antes de que la misma fuese escogida por el National Bureau de medidas como estándar universal para la fuerza electromotriz. Todo ello mientras su compañía no dejaba de producir sus mundialmente reconocidos instrumentos de medida; a los que se sumaron transformadores, transductores, etc.

En 1923 Edward Weston, tras toda una vida en Estados Unidos, adquiría la ciudadanía estadounidense. Y en 1930 se convertía en el principal impulsor para la fundación del Instituto Tecnológico de N.J. Finalmente, en 1932, Edward Weston recibía la Medalla Lamme, el equivalente al Nobel de ingeniería.

Antes de eso, en 1928, un Edward Weston ya casi octogenario y colaborando con su hijo Edward Faraday –al que bautizó así por su admiración hacia el físico británico- recuperaba su afición de juventud por la fotografía y comenzaba a trabajar en el desarrollo de fotómetros fotográficos basados en la célula fotoeléctrica de selenio Weston que él mismo había inventado. Fruto de ello, en 1931, Edward Faraday solicitaba la patente del primer fotómetro Weston, la última gran contribución de su padre y de los que entre 1932 y 1967 se fabricaron hasta 36 modelos distintos que cubrían las necesidades tanto de profesionales como de aficionados; y que serían vendidos y reconocidos en todo el mundo.

Edward Weston fallecía en 1936, con más de 300 patentes a sus espaldas.

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