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Manual de instrucciones para aprensivos: ¿cómo actuar en un baño público?

Hay opciones recomendables, como utilizar los váteres en los extremos o emplear toallitas para secarse

El estado en que nos encontremos el baño es importante
El estado en que nos encontremos el baño es importante
Pixabay

Si usted tiene una relación de carácter cotidiano con el mundo del escrúpulo, estará de acuerdo en que entrar a un baño público es una acción que requiere de bastantes cautelas y no pocos procedimientos. Pero ¿qué ganamos con esto? ¿Hay una fórmula mágica para conseguir que desaparezca cualquier posibilidad de infección? Y ¿el riesgo es algo o bajo?

Primero, un ‘disclaimer’ necesario: el riesgo de coger una infección en un baño público es muy bajo. Luego, no existe una fórmula mágica, pero sí un protocolo con el que minimizar posibles daños.

El primer dilema llega justo al entrar: qué inodoro elegir. El criterio esencial es, como parece lógico, ir al que más limpio esté. En caso de que la apariencia sea similar, hay que acudir a la psicología cognitiva, y más en concreto a un mecanismo mental denominado ‘preferencia de centralidad’. O, lo que es lo mismo, a igualdad de limpieza elija siempre los váteres situados en los extremos, porque habrán sido los menos utilizados. 

Luego, una de las dudas más comunes es si sentarse en la taza con tranquilidad, si mantenerse en el aire o si llenar el borde de papel higiénico para evitar el posible contacto con las bacterias. Los expertos sugieren que, evidentemente si no hay restos aparentes encima y mientras no tengamos ninguna herida abierta en zonas de contacto, la primera opción no resulta perjudicial. Por un lado, las características de la piel humana hacen que sea una especie de escudo protector frente a los patógenos. En segundo lugar, mantenerse en el aire evita, en el caso de las mujeres, que relajen el suelo pélvico, lo que hace que no se suelte toda la orina. Esto, como se sabe, es uno de los factores de riesgo para la infección de vejiga. Y en tercer lugar, colocar papel higiénico no garantiza que estemos exentos de gérmenes, dado que el propio papel no está libre de ellos y que, además por sus características absorbentes pueda tener incluso más. En todo caso, la opción más higiénica es limpiar antes la taza con toallitas antisépticas o a base de alcohol.

Sentarse en la taza o no es algo que no tiene ninguna relevancia para la salud; solo tiene que ver con lo aprensivo que seas. No vas a coger nada por eso”, valora Carlos Aibar, profesor titular de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Zaragoza y jefe del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa.

Una vez ejecutada la faena, hay que tirar de la cadena, lo cual tampoco está exento de riesgos. Uno de los elementos más contaminados, en ocasiones tanto como el propio suelo, es la manilla o el botón del váter. Además, los estudios han mostrado que la descarga de agua -incluso bajando la tapa- libera aerosoles con una elevada cantidad de gérmenes, con lo que conviene alejarse en lo posible al llevar a cabo esta acción.

A continuación llega una fase esencial: el lavado y secado de manos.

El lavado debe ser a conciencia, con una duración mínima de 15 segundos y frontando las manos entre sí. Y al cerrar el grifo hay que tener en cuenta que es uno de los elementos más contaminados del baño, con lo que es aconsejable hacerlo con una toallita (con el riesgo, eso sí, de que el tipo a tu lado piense que eres Jack Nicholson en ‘Mejor... imposible’).

En el secado, ¿qué método elegir? Según un compendio de estudios publicado en 2012, desde el punto de vista de la higiene son más útiles las toallitas de papel que los chorros de secado, principalmente porque son más eficaces en el secado; es muy habitual que en el caso del aire caliente nos cansemos de esperar y nos marchemos con las manos aún húmedas. Y esto sí es una certeza: la transmisión de bacterias es mucho más probable si tenemos las manos húmedas que si las secamos del todo.

Otro factor que entra en juego es el hecho de que las toallitas de papel desechables se impregnan de las bacterias que tenemos en las manos, mientras que los chorros de aire los esparcen. Así lo muestra un estudio comparativo presentado en el Simposio Europeo de Tissues de 2008, que también concluye que la eficacia de las toallitas de papel es mayor.

Para Carlos Aibar, sin embargo, este no es un elemento relevante. “Los gérmenes que puedes movilizar no son relevantes un ambiente de personas sanas -analiza-. Por lo general, los gérmenes no van saltando por ahí, se adhieren sobre todo por contacto”.

El responsable médico del Lozano Blesa sí que incide, en cualquier caso, en la importancia de “secarse bien las manos”. Coincide en que las toallitas pueden ser más higiénicas, pero recuerda a continuación que siempre hay papel “bueno, malo y regular”. Lo que sin duda hay que evitar -por suerte son muy difíciles de encontrar ya- son las toallas de tela que van usando distintas personas.

Si hemos seguido todos estos pasos, queda una última aventura: salir del baño. Como en el caso del grifo, lo recomendable es evitar el contacto directo con la mano, para lo que se puede emplear una toallita de papel o la propia manga.

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