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Billete al futuro

¿Darías tu voto a una inteligencia artificial?

A las elecciones de 2020 en Nueva Zelanda concurrirá el aspirante virtual Sam. ¿Acabaremos gobernados por una inteligencia artificial?

¿Serían más objetivas las decisiones tomadas por una inteligencia artificial?
¿Serían más objetivas las decisiones tomadas por una inteligencia artificial?
Geralt

El presente: mejor que decida el robot

Recién salidos de las elecciones generales de 2019 -e inmersos en las municipales, autonómicas y europeas- y cuando todavía resuenan los ecos de los debates televisivos entre los candidatos, ¿alguien recuerda que alguno de ellos hiciese en algún momento referencia a una propuesta para legislar o adoptar medidas sobre la gestión y regulación de las nuevas tecnologías y, más en concreto, sobre la creciente presencia de robots en la sociedad? Tan enzarzados estaban en descalificarse y echarse en cara pecados del pasado…

Esta cuestión, hasta donde ha trascendido, tampoco forma parte de los programas de gobierno de ninguno de los partidos. Una ausencia que denota una limitada y preocupante perspectiva de futuro, amén de una evidente falta de cintura, dado que, precisamente, una institución española, la IE University, y precisamente en Madrid y escasas fechas antes de las generales, el 19 de marzo, había presentado los resultados del European Tech Insights 2019. Este estudio evalúa la opinión de los ciudadanos europeos ante la llamada Cuarta Revolución Industrial y las transformaciones que supone el vertiginoso desarrollo e implantación de las nuevas tecnologías en la sociedad.

La principal conclusión del estudio es que el 70% de los ciudadanos europeos considera que la gestión de las nuevas tecnologías es, junto con el cambio climático, el principal desafío a que se enfrenta la Unión Europea en la actualidad. Más concretamente, la ciudadanía demanda y reclama de sus líderes políticos que tomen medidas drásticas para limitar la automatización de los procesos y para detener la pérdida de puestos de trabajo, incluso a coste de ralentizar el progreso tecnológico. Al tiempo que consideran que, de no controlarse de forma adecuada, en la próxima década las nuevas tecnologías causarán más perjuicios que beneficios a la sociedad.

Uno de cada cuatro europeos sería partidario de que una inteligencia artificial tomase las decisiones sobre la administración del país

No obstante, el citado estudio también arroja otra paradójica y sorprendente conclusión. A pesar del temor o la amenaza con la que el 70% de la población percibe la creciente introducción de nuevas tecnologías, reflejadas por ejemplo en la cada vez más habitual presencia de robots en nuestro entorno, uno de cada cuatro europeos sería partidario de que fuera una inteligencia artificial la que tomase las decisiones sobre cuestiones relativas a la administración del país. O dicho de otro modo, que preferirían un dirigente ‘artificial’ debido a la creciente decepción y desconfianza hacia los actuales representantes políticos. Tal vez en respuesta a este descontento, ya está confirmada la participación del aspirante virtual Sam a las elecciones de 2020 en Nueva Zelanda.

El futuro: gobernados por un programa artificial y neutral

Año 2040. Los definitivos resultados electorales han confirmado el escenario que ya se preveía según las últimas encuestas de opinión, que indicaban un vuelco en la intención de voto de la población española tras los bochornosos debates electorales de la recién finalizada campaña presidencial. La candidata virtual Samanta R. –que irónicamente no participó en dichos debates debido al veto de los restantes líderes– se ha convertido en la gran triunfadora de los comicios.

Pero ¿quién es y qué ha llevado a Samanta R. a convertirse en la gran esperanza de los ciudadanos españoles? Samanta R. es un ente artificial que se presentó a las elecciones como candidata independiente, con un mensaje muy claro "implicar a todos los españoles en un diálogo constructivo, trabajando para un mayor entendimiento y representación de sus perspectivas y esperanzas, a fin de conseguir y cumplir con todos los objetivos que preocupan y afectan a toda la ciudadanía". Samanta R. es, en definitiva, un programa de inteligencia artificial (IA) que garantiza una total neutralidad en la toma de decisiones. Una perspectiva mucho mayor y diáfana. Y total racionalidad y objetividad. Algo que consigue al estar conectada a todas las bases de datos e información pública, redes sociales y medios de comunicación. Un ingente volumen de información y opiniones, desde todos los ángulos, que procesa, analiza e interpreta.

Lo cierto es que, aunque en España no se preveía este resultado –al menos no en estas elecciones, al menos no todavía–, tampoco se puede considerar una moneda al aire o una medida a la desesperada. Ni tan siquiera cabe calificarla de apuesta arriesgada. Toda vez que Samanta es la versión para España de Sam, el programa de inteligencia artificial que desde el año 2028 rige con salomónica precisión la política de Nueva Zelanda, que se ha convertido en una de las naciones más desarrolladas y con mayor calidad de vida del planeta. Con total satisfacción de sus ciudadanos, que no han dudado en reelegirlo –en realidad a las sucesivas y mejoradas versiones del programa de IA– desde entonces.

Y si Nueva Zelanda no se ha consolidado como el ‘mejor’ país del planeta es porque, en estos años, otras naciones también han optado por entregar su confianza a la hora de regir sus designios a sus respectivas versiones de Sam, con el mismo exitoso resultado.

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