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Asistir a conciertos te sienta así de bien

No hace falta que sean conciertazos de grandes giras como la de Metallica, basta con darse el gusto de asistir a disfrutar de música en directo para hacer acopio de sensaciones positivas y experimentar una estimulación mental que nos acerca a la felicidad, algo tan sano que incluso puede alargar la vida.

La música en directo estimula la mente y conduce a la felicidad.
La música en directo estimula la mente y conduce a la felicidad.
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La música en vivo está en auge. Las giras musicales, los conciertos y, sobre todo, los festivales como el Primavera Sound de Barcelona o el Polifonik Sound 2019 de Barbastro tienen un poder de convocatoria sin precedentes. Y eso no solo nos proporciona buenos ratos de ocio, sino que, encima, podría regalarnos años de vida. Según un estudio conjunto de la productora de conciertos londinense O2 y el psicólogo conductual británico Patrick Fagan, acudir regularmente a espectáculos de música en vivo puede incrementar la longevidad hasta en nueve años.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores registraron la frecuencia cardíaca y otras medidas psicométricas de una serie de sujetos mientras realizaban distintas actividades, desde practicar yoga hasta sacar a pasear al perro o cantar a voz en grito sus canciones favoritas en un concierto. Y fueron estos últimos los que más sensaciones positivas y estimulación mental (75%) registraron. Según concluían los expertos, bastan 20 minutos escuchando música en directo para que nuestra sensación de felicidad crezca un 21%. Si se repite muchas veces la gratificante experiencia, los investigadores creen que podría incluso aumentar nuestra esperanza de vida.

Euforia y piel de gallina

Si en mitad de un concierto sientes escalofríos y se te pone la piel de gallina, no te asustes. Son los efectos de la dopamina, el neurotransmisor del placer por experiencia, vinculado a la sensación de euforia, que se libera a raudales cuando escuchamos música placentera. Para más inri, estar delante de un escenario tocando las palmas al unísono con el resto de espectadores hace circular también por tus venas oxitocina, la hormona de la interacción social y la cooperación, que se dispara cuando sincronizamos nuestros movimientos con los de los demás. Que genera sensación de apego y pertenencia al grupo.

Escuchar tu música favorita libera dopamina, el neurotransmisor del placer, y moverte al compás junto al resto del público genera oxitocina, la hormona social

¿Sufren los oídos?

Pero ¿qué hay de los oídos? ¿Acaso no se resienten después de un festival de música, cuando los altavoces rugen por encima de los cien decibelios durante más de 12 horas consecutivas? Un reciente estudio publicado en Frontiers of Neuroscience lo niega rotundamente. Según revelan Colleen G. Le Prell y sus colegas de la Universidad de Texas (EE. UU.), no existen evidencias de que ocurran cambios permanentes en las medidas audiométricas o electrofisiológicas que hagan desaconsejable acudir a un evento donde la música suena a toda pastilla. Es más, los autores aseguran tener pruebas de que asistir a un ruidoso concierto no origina cambios ni en la función neuronal de la sesera ni tampoco en la actividad de las células ciliadas sensoriales del oído interno.

Que nuestros oídos salgan intactos a pesar del estruendo se lo debemos agradecer al ATP, una hormona que liberan los oídos, en especial la cóclea, para protegerse de las agresiones. La hormona se une a un receptor y actúa a modo de escudo protector, reduciendo transitoriamente la sensibilidad al sonido, según sacaba a la luz hace unos años la revista PNAS. Transcurridas varias horas, o en ocasiones un día entero, todo vuelve a la normalidad. Y solo nos queda el buen sabor de boca.

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