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Sociedad

Tercer Milenio

Aquellos maravillosos inventores

Werner von Siemens, el padre de la dinamo y de la compañía Siemens

Primogénito de una modesta familia de granjeros, tras alistarse en el cuerpo de Artillería prusiana para poder recibir una formación científica superior, Werner von Siemens (1816-1892) contribuyó al avance científico y tecnológico con invenciones como el telégrafo de aguja, la dinamo (basada en el principio dinamo-eléctrico que él mismo enunció) o el tranvía eléctrico; al tiempo que fundaba la compañía telegráfica Siemens-Halscke y la convertía en una de las más importantes de su tiempo y de la actualidad.

Réplica del telégrafo de aguja, según un modelo de 1847.
Réplica del telégrafo de aguja, según un modelo de 1847.
Siemens AG, Munich/Berlin www.siemens.com/press

Werner Siemens nació en 1816 en Lenthe, una pequeña localidad alemana en el seno de una modesta familia de granjeros; fue el mayor de catorce hermanos. Ante la imposibilidad de sus padres de darle una formación superior, a los 17 años decidió alistarse como voluntario en el cuerpo de artilleros prusiano, con la vista puesta en acceder a la Academia de Artilleros e Ingeniería de Berlín, donde se formó en ciencias de la mano de algunos de los más prestigiosos científicos, químicos y físicos de Alemania. En 1841 conseguía el traslado a los Talleres de Artillería de Berlín donde iba a terminar de completar su formación en el ámbito de la ingeniería eléctrica y, más importante, tendría acceso al modelo de telégrafo eléctrico inventado apenas unos años antes por Sir Charles Wheatstone, lo que le abrió los ojos y encaminó sus investigaciones hacia este novedoso campo.

Así, en 1846, y usando una caja de puros, hojalata, piezas de hierro y cable de cobre, construía el prototipo del nuevo modelo de telégrafo de aguja que implementaba una para señalar la letra correcta en lugar de expresarla en código Morse, lo que facilitaba y aceleraba su manejo y la comunicación. Además, no dependía de la intensidad de corriente, lo que aumentaba su fiabilidad para emisiones a largas distancias.

Tras asociarse con el mecánico Johann Georg Halske y patentarlo, fundaban la compañía Telegraphen-Bauanstalt Siemens & Halske (S-H), que iniciaba la fabricación y comercialización de este modelo de telégrafo. Era solo el primer paso.

Científico e inventor

 A pesar del gran crecimiento y expansión de la S-H, en los que tuvieron mucho que ver el liderazgo y la visión empresarial de Siemens, él mismo siempre se consideró, antes que nada, un científico e inventor. Y de hecho, nunca abandonó esta faceta. Fruto de ello, en 1855 inventaba y patentaba un sistema para la transmisión telegráfica en ambas direcciones de forma simultánea, aumentando con ello la velocidad de las comunicaciones. Y, por otro lado, en 1860, definía e introducía una nueva unidad para la medida de la conductividad eléctrica de los materiales, el Siemens, que en 1871 iba a ser adoptada como parte del Sistema Internacional de Unidades.

Inventor de la dinamo

Sin embargo, su mayor contribución a la ciencia y al desarrollo tecnológico se produjo en 1866 con el descubrimiento del principio dinamo-eléctrico y la invención y patente de la dinamo, el primer dispositivo capaz de generar de forma eficaz electricidad a partir de la energía mecánica proporcionada por un campo magnético oscilante. En 1875, tras una década de pruebas y desarrollo, por fin entraba en producción, abriendo con ello la puerta a su aplicación en un sinfín de sistemas eléctricos, desde alumbrado hasta ascensores y sistemas de transporte. Algo que su compañía se iba a encargar de demostrar en los siguientes años.

En 1877, la villa Siemens se convertía en la primera residencia privada de Alemania alumbrada con energía eléctrica. En 1879 presentaba el primer tren eléctrico. En 1880 el primer ascensor eléctrico. Y, en 1881 y en el marco de la Feria Mundial de Berlín, la primera línea de tranvía, que entraba en funcionamiento regular ese mismo año.

Entre tanto Werner Siemens había realizado otra de sus mayores contribuciones tecnológicas con la invención de un nuevo modelo mejorado del teléfono de Bell que introducía como principal novedad unos electroimanes que permitían una transmisión más clara y a mayor distancia.

En 1888, el káiser Federico III le investía con un título nobiliario, visibilizado con la inclusión de la partícula ‘von’ antecediendo a su apellido.

Visión empresarial

Todo empezó el 12 de octubre de 1847, cuando Werner Siemens y Georg Halske fundaron la Telegraphen-Bauanstalt Siemens & Halske, con un equipo de diez personas y desde un pequeño taller berlinés. Apenas un par de meses después se le adjudicaba el contrato para construir la que se convertiría –en 1849– en la mayor línea telegráfica de Europa: 500 km entre Berlín y Frankfurt. El logro tuvo gran repercusión en Europa y, en 1853, la compañía se hacía con el contrato para la construcción de la red telegráfica rusa y establecía oficina permanente en San Petersburgo. En 1856 la S-H contaba ya con 330 empleados, dos tercios de los cuales dependían de la oficina rusa, que generaba el 80% de los beneficios.

Halske decidía abandonar la compañía a finales de 1867, unos meses antes de que la S-H se embarcase en un proyecto tan ambicioso como arriesgado: la instalación de la línea telegráfica entre Europa y la India. El proyecto implicaba a las oficinas de Londres, Berlín, San Petersburgo y la recién creada en Teherán. En apenas dos años, la bautizada como ‘Indolínea’ entraba en funcionamiento, el 2 de abril de 1870. Y la S-H se erigía en la compañía más importante de Europa en este sector.

En 1889, y ya superados los 70 años, Werner decidía dar un paso a un lado y retirarse. Dejaba a su hermano pequeño Karl y a sus hijos Arnold y Wilhelm al frente de una compañía internacional con firmas subsidiarias en distintos países de Europa y 6.500 trabajadores que disfrutaban de medidas como seguros de enfermedad y fallecimiento, participación en beneficios, primas de inventario, fondos de ayuda personales, pensiones para viudas y huérfanos, comedores y asistencia médica en el centro de trabajo y una jornada laboral de solo nueve horas –frente a la por entonces habitual de diez u once–.

Miguel Barral Técnico del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología

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