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Por qué una vez que empiezo a rascarme no puedo parar

Si uno se rasca, la picazón crece. Científicos chinos han dado con el grupo de neuronas que tiene la culpa.

Un gorila se rasca la cabeza
Un gorila se rasca la cabeza
Eric Kilby

Empiezas a notar un ligero picor en la espalda. Y alargas la mano por encima del hombro para rascarte. Al principio lo haces con la yema de los dedos, pero enseguida incorporas las uñas para rascar sin piedad. Aunque eso debería aliviar la sensación, resulta que no es así. Es más, el picor va empeorando. Hasta que terminas rascándote a dos manos y revolviéndote cual perro pulgoso. Ni siquiera cuando la piel está enrojecida logras parar. ¿Por qué?

"Al que le pique que se rasque", dice el refranero popular. Lo que no dice es que si uno se rasca, la picazón crece. La razón la han encontrado científicos chinos en las entrañas del cerebro. Según sus pesquisas, que rascar retroalimente el picor se debe a la actividad de un pequeño grupo de neuronas localizadas en una región del cerebro llamada sustancia gris periacueductal, que también está relacionada con la percepción del dolor.

Para demostrarlo, Yan-Gang Sun y sus colegas de la Academia China de Ciencias indujeron picazón a varios ratones con inyecciones que contenían histamina o un fármaco llamado cloroquina. De esta forma descubrieron que el acto de rascarse e incrementar el picor iba ligado a un aumento de la actividad de un neurotransmisor llamado glutamato y un neuropéptido llamado taquiquinina 1 (tac 1). Lo interesante es que si impedían que el tac-1 se expresara, rascarse apenas aumentaba el picor. Por el contrario, si las estimulaban, los roedores empezaban a rascarse sin motivo, espontáneamente. Habían dado con el botón de la imperiosa necesidad de rascarnos con la que todos estamos familiarizados.

"La sensación de picor juega un papel muy importante en el mundo animal en lo que concierte a detectar sustancias dañinas en contacto con la piel", explica Sun. Dice el investigador que rascar la piel es un mecanismo defensivo que nos ayuda a deshacernos de las sustancias dañinas. Incluso que nos arañemos al rascar es positivo "porque esas pequeñas lesiones activan al sistema inmune, que acude a defendernos con uñas y dientes. Entender los mecanismos que hay detrás es fundamental, no solo pensando en los picores cotidianos sino también para mejorar el tratamiento del picor crónico.

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