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Sociedad

Tercer Milenio

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En guardia ante la enfermedad

Aragón renueva en enero el calendario de vacunación para niños, adultos y grupos de riesgo que tiene en cuenta los últimos avances en investigación sobre vacunas. Una vacuna no funciona como los demás medicamentos; no es ella quien destruye a los microbios, sino que enseña al sistema inmunitario cómo reconocer la enfermedad y combatirla, sin padecerla. Ninguna otra actuación sanitaria, excepto el agua potable, ha salvado más vidas.

La vacunación contra la difteria, el tétanos, la tos ferina y el sarampión salva cada año de dos a tres millones de vidas
La vacunación contra la difteria, el tétanos, la tos ferina y el sarampión salva cada año de dos a tres millones de vidas
Plashing Vole

Salvo la potabilización del agua, ninguna otra actuación sanitaria ha salvado y sigue salvando más vidas que las vacunas, y ahora más que nunca: hay vacunas frente a más enfermedades y se fabrican en mayor cantidad y, cada vez más, en los países en vías de desarrollo (por ahora, solo las vacunas infantiles tradicionales), son mejores y más seguras, llegan a más lugares y en mejores condiciones, se administran a más niños y cada vez a más adolescentes y adultos. Por ejemplo, la vacunación contra la difteria, el tétanos, la tos ferina y el sarampión salva todos los años de dos a tres millones de vidas y a muchísimos más de padecer estas enfermedades, y se calcula que si estas vacunas alcanzaran a todos aquellos a quienes les convendría recibirlas, las personas salvadas cada año serían un millón y medio más; en total, 3,5-4,5 millones de vidas, equivalentes a las de los habitantes de la ciudad de Madrid.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), la estructura sanitaria más poderosa que jamás ha creado la humanidad, promociona la última semana de abril de cada año la Semana Mundial de la Inmunización, con la que pretende concienciar a más población sobre las ventajas de este benéfico procedimiento y, además, mejorar los servicios de vacunación para que más personas lleguen a disfrutar de su protección.

Movimientos antivacunas

Pese a sus apabullantes beneficios, la vacunación ha sido contestada desde sus inicios, a finales del siglo XVIII, por argumentos defendidos por movimientos más o menos poderosos según la época, la vacuna y el país y, en todo caso, con más intensidad y frecuencia que las controversias contra otros medicamentos. Las causas de este rechazo, complejas y múltiples, no resultan claras. Entre otras se ha señalado el hecho de que se administren de manera masiva a población sana, sobre todo cuando hay pocos casos de esa enfermedad en la comunidad en cuyo seno se haya extendido la desconfianza. Paradójicamente, no es extraño que esta bajada en el número de enfermos esté provocada por la vacuna cuestionada.

Tal escepticismo no es un recuerdo del pasado. En los últimos tiempos, por ejemplo, ha golpeado Italia con bastante éxito. En España, la controversia riesgo-beneficio de la vacunación se hace sitio cada cierto tiempo en los medios de comunicación, y en las consultas médicas escuchamos de nuevo las inquietudes y miedos de pacientes porque han visto u oído que tal o cual vacuna puede ser perjudicial.

Frente a las dudas sobre las vacunas, la solución racional pasa por comparar, de manera ecuánime y minuciosa, los argumentos a favor y en contra y los estudios que sustentan dichos argumentos. Una vez hecho esto, no se encuentra ninguna justificación científica sólida para el rechazo; todos los argumentos en su contra son imprecisos, confusos, se refieren a casos individuales, citan estudios incompletos, sin consistencia, inencontrables… De manera rotunda, oponerse a las vacunas es oponerse al progreso científico.

Recomendadas, no impuestas

En España, las vacunas no son obligatorias, sino recomendadas. El que no se impongan provoca, por un lado, que ciertos colectivos rechacen sin ninguna consecuencia legal la vacunación propia y la de sus hijos; por otro, le retiran a la vacunación la imagen de imposición. Ello no ha impedido que se lleven a cabo programas de vacunación, es decir, invitaciones sistemáticas a la población para recibir con el mínimo de molestias y el máximo de facilidades, determinadas vacunas.

La primera vacunación masiva llevada a cabo en España comenzó en 1963, frente a la polio, con vacuna oral (VPO), que muchos recordarán porque se administraba con un terrón de azúcar; de los 4.400.000 niños censados entonces, se vacunó a 4.200.000, un éxito indiscutible. En 1965 se añadió la triple bacteriana o DTP frente a difteria, tétanos y tos ferina. Otros hitos de la vacunación en España se han producido en 1981, con la vacuna triple vírica o SRP frente a sarampión, rubéola y parotiditis o paperas; en los noventa, con la hepatitis B y el Haemophilus influenzae tipo b; en 2000, la vacuna conjugada frente al meningococo tipo C. En 2005 se introdujo la vacuna frente a varicela y en 2008 la vacunación frente al Virus del Papiloma Humano (VPH). En Aragón, el penúltimo hito ha sido la introducción en 2016 para recién nacidos de la vacuna antineumocócica conjugada; el último, hace unos días: el anuncio de la vacunación frente al neumococo de los mayores de 65 años.

Calendarios a la última
¿La asistencia sanitaria tiende a sobrevacunar? Veamos algunos ejemplos para rechazar este temor:

La viruela La vacunación mundial contra la viruela fue retirada por la misma OMS, con gran alivio y satisfacción de los ministerios de salud de los países. El motivo no pudo ser mejor: gracias a la vacuna retirada se había erradicado, por primera vez en la historia, una terrible enfermedad transmisible. La tuberculosis La OMS propuso restringir la vacunación frente a la tuberculosis, que de estar generalizada ha pasado a ser residual en Europa actualmente, de nuevo a satisfacción de las administraciones de salud. El motivo, una vez más, fue científico: la importantísima reducción de casos de tuberculosis hacía que los beneficios de la vacuna hubieran pasado a ser menores que sus riesgos. En revisión El ‘Estudio seroepidemiológico: la situación de las enfermedades vacunables en España’ del Instituto de Salud Carlos III (MS, 2000), recoge los resultados y conclusiones de una prolija investigación sobre la auténtica problemática de las enfermedades vacunables, para hacer propuestas argumentadas con solidez. Se encuestó a 3.932 sujetos en 129 centros de salud españoles. Los resultados han sido concluyentes: un rotundo sí a las vacunas. Grupos de riesgo El pasado junio, el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud que coordina las prestaciones sanitarias públicas en España, presentó el documento ‘Vacunación en grupos de riesgo de todas las edades y en determinadas situaciones’, revisado por representantes de 19 sociedades científicas y asociaciones sanitarias, y que detalla las vacunas y las características de las vacunaciones ofrecidas en España, sus indicaciones y, de igual manera, sus contraindicaciones y efectos secundarios. Calendario actualizado Hace unos días, nuestra comunidad autónoma renovó el calendario de vacunación en niños, adultos y grupos de riesgo, que tiene en cuenta los últimos avances en la investigación de vacunas. Su objetivo primordial es adecuar la oferta de vacunas a las actuales necesidades sanitarias prioritarias de los aragoneses, por encima de cualquier otra consideración.

Defensas con buena memoria
Llamamos sistema inmunitario o ‘defensas’ al conjunto organizado de células (glóbulos blancos o leucocitos) y sustancias (anticuerpos y otras) que se ocupan de identificar en nuestro cuerpo elementos extraños y destruirlos, como microbios que entran en nosotros, células alteradas, contaminantes... Este sistema inmunitario tiene dos partes: una innata, que actúa de inmediato y por igual frente a todos los agresores, y otra adquirida o adaptativa, ‘con memoria’, es decir, que después del primer ataque de uno de esos elementos dañinos –por ejemplo, el virus del sarampión– no olvida lo que ha tenido que hacer para destruirlo, de forma que, en caso de un nuevo ataque de ese mismo enemigo, está mejor preparado para defenderse. Esto es lo que explica que, después de pasar el sarampión, ya no se vuelva a padecer esa enfermedad: con el primer ataque, el cuerpo –en concreto, su sistema inmunitario adaptativo– adquiere experiencia sobre la manera de enfrentarse con éxito al agresor y, mientras no olvide lo aprendido, sabe cómo hacerle frente de manera mejorada en los siguientes ataques. Cuando sucede así, decimos que el sujeto está inmunizado frente al sarampión.

La ciencia ha descubierto una manera de inmunizarse sin tener que sufrir la enfermedad: vacunarse frente a ella. La Organización Mundial de la Salud llama vacuna a "cualquier preparación destinada a generar inmunidad contra una enfermedad estimulando la producción de anticuerpos".

Nuestro organismo aprende a luchar

La vacuna no funciona como los demás medicamentos. Así, por ejemplo, cuando un paciente toma una pastilla de antihipertensivo, la sustancia activa que hay en su interior es la que baja la tensión. No es el caso con la vacuna, pues no es ella la que destruye los microbios, sino que enseña cómo hacerlo al sistema inmunitario de la persona vacunada. De esta manera, gracias a la vacuna, nuestro organismo aprende a luchar contra el germen –mediante su sistema inmunitario– sin pasar por el trance de enfermar, ahorrándole los riesgos y padecimientos que provoca la enfermedad.

Enfermedades inmunoprevenibles
La lista de las enfermedades para las que disponemos de vacunas eficaces es más larga que hace veinte años y, sin duda, más corta que la que tendremos dentro de otros veinte. Hoy, podemos vacunarnos frente a difteria, gripe (‘influenza’), Haemophilus influenzae tipo b, hepatitis A, hepatitis B, infecciones por meningococo (tipos A, B, C, W e Y), infecciones por neumococo, paperas, polio, rotavirus, rubéola o sarampión alemán, sarampión, tétanos, tos ferina (pertusis), varicela, virus del papiloma humano (VPH) y otras. Las vacunas disponibles frente a estos gérmenes se administran, en una o varias dosis: por vía oral, inyectada (la mayoría) o, dentro de unos años, mediante parches; por separado o agrupadas (cada vez más). El objetivo es cubrirnos frente a más enfermedades de la manera más simple y cómoda posible.

Cuatro tipos de vacunas
Cada vacuna se ha desarrollado de forma individual, lo que explica que las haya frente a unos microorganismos y no frente a otros y que presenten distintos grados de efectividad. Si las clasificamos por su naturaleza, podemos señalar cuatro grandes tipos: vacunas vivas atenuadas, inactivadas, fraccionadas y de toxoides. Veamos cuál es cuál entre las que administra la sanidad pública aragonesa.

Las vivas atenuadas se elaboran con formas debilitadas del germen, incapaces de provocar la enfermedad pero suficientes para que nuestras defensas aprendan a destruirlo. Son muy eficaces y generan inmunidades muy prolongadas, pero no se pueden administrar a personas con las defensas bajas. Entre otras, son las que se utilizan frente al sarampión, la rubéola, las paperas o parotiditis y la varicela. Las inactivadas se fabrican con el germen muerto, por lo que su protección suele ser más corta. Así son las vacunas contra la hepatitis A, la gripe (inyectable), la poliomielitis (inyectable) y la rabia. Las fraccionadas utilizan solo ciertas porciones o componentes del germen. Las defensas que se crean únicamente atacan a esos componentes, pero eso basta para destruir al agresor. Así, generan inmunidades poderosas, pero en algunas es preciso administrar recuerdos. Hay de varios subtipos: de subunidades, recombinantes, polisacarídidas simples y polisacarídicas combinadas o conjugadas, estas últimas más intensas y prolongadas en su efecto protector que las simples. Es el caso de las vacunas contra la hepatitis B, el Haemophilus influenzae b, el neumococo, el meningococo, el virus del papiloma humano. Las de toxoides, por último, se fabrican a partir de las toxinas (venenos) que fabrican ciertos gérmenes, y su objetivo es destruir la toxina antes que al mismo germen. Muy eficaces, necesitan de recuerdos periódicos para mantener su protección. Se emplean frente al tétanos y la difteria.Wenceslao Varona López especialista en medicina Preventiva y salud Pública, Hospital Royo Villanova de Zaragoza

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