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Tercer Milenio

Practicar deportes de equipo es muy humano

Los deportes competitivos de equipo aparecieron en los primitivos grupos humanos de cazadores y recolectores. Son el modo que encontró el ser humano desde sus orígenes para desarrollar, poner en practicar y refinar habilidades de combate.

Mientras el resto de simios juega a pelearse cuerpo a cuerpo, solo el Homo sapiens practica juegos en los que la contienda se vive en grupo, haciendo una piña
Mientras el resto de simios juega a pelearse cuerpo a cuerpo, solo el Homo sapiens practica juegos en los que la contienda se vive en grupo, haciendo una piña
AFP

Cuando en 1863 vio la luz en Inglaterra el primer organismo del deporte rey, nadie imaginaba la atención que recibiría el fútbol a nivel mundial. Ni hasta qué punto un siglo y medio después se paralizaría el mundo para ver la final de la vigésima Copa del Mundo de fútbol que se celebra este domingo en Rusia. Sin embargo, no existe ningún campeonato mundial de xikunahity, una especie de fútbol aborigen originario de Sudamérica que se juega con un balón de látex y en el que solo está permitido utilizar la cabeza. Ni de lacrosse, ese juego rápido heredado de las tribus indígenas de Canadá en el que hay que meter gol en la portería contraria pasando la bola de un 'stick' - un palo con una cesta en la punta- a otro. Ni tampoco de 'ultimate frisbee', otro divertido deporte de equipo donde para marcar puntos hay que coger el disco volador en la zona del equipo oponente, como en el fútbol americano.

Allá donde miremos, los seres humanos forman equipos para competir unos con otros. Si bien el resto de simios juega a pelearse cuerpo a cuerpo, solo el Homo sapiens practica juegos en los que la contienda se vive en grupo, haciendo una piña. Y no es nada nuevo. Según un reciente estudio de la Universidad de Oregón (EE. UU.), los deportes competitivos aparecieron en los primitivos grupos humanos de cazadores y recolectores.

La razón se explica en tres brochazos. Por un lado, permitía a los hombres de la tribu perfeccionar sus habilidades físicas y resistencia. También era un modo eficaz de evaluar el nivel de compromiso de otros miembros de su equipo antes de enfrentarse a situaciones reales. Además de que les permitía ponerse a prueba bajo presión.

Deportes de equipo en las tribus

Michelle Scalise Sugiyama y sus colegas han llegado a esta conclusión después de estudiar a fondo los deportes de equipo de las tribus indígenas más recónditas del planeta. En gran parte de ellas identificaron juegos que implicaban acciones coordinadas y el uso de fuerza física inocua por parte de dos equipos enfrentados entre sí, cada uno de los cuales debía lograr un objetivo -como meter un gol- y evitar a la vez que su oponente hiciera lo mismo. Nada lejos del fútbol, el rugby, el balonmano o el baloncesto que tan bien conocemos.

Sin excepción, todos los deportes implicaban actividades como correr, lanzar, agarrar o parar objetos. Habilidades y maniobras que, evidentemente, conviene dominar porque aumentan las posibilidades de éxito y reducen las posibles lesiones en situaciones de caza o lucha contra potenciales enemigos. "Los deportes de equipo son el modo que encontró el ser humano desde sus orígenes para desarrollar, poner en practicar y refinar habilidades de combate", explicaba hace unos días Scalise Sugiyama en la revista 'Human Nature'.

No acaba ahí la cosa. La investigadora no tiene en cuenta que, ejercitándonos en grupo, los humanos también mantenemos en plena forma nuestro cerebro. Otra investigación reciente de la Universidad de Arizona (EE. UU.) defiende que cuando dos millones de años atrás los humanos adoptamos el estilo de vida de cazadores-recolectores, el cerebro lo notó. Porque aquel reto implicaba tareas complejas que eran a la vez física y mentalmente exigentes. Los huesos, los músculos y el cerebro evolucionaron para estar estrechamente conectados. De ahí que mover el esqueleto tenga tantos beneficios sobre la estructura y el funcionamiento de nuestro órgano pensante. Sobre todo sobre las áreas del cerebro relacionadas con la memoria, la planificación y la resolución de problemas.

"La búsqueda de alimento es un comportamiento muy complejo cognitivamente", explica el antropólogo David Raichien, coautor del estudio. "Te mueves en un paraje y usas tu memoria no solo para saber dónde ir, sino también para poder regresar", añade. "Es una multitarea permanente, porque tienes que tomar decisiones a la vez que prestas atención al entorno y a la vez que monitorizas tu aparato locomotor, sobre todo cuando el terreno se complica", aclara. De ahí que si nos rendimos al sedentarismo y privamos al cuerpo de ejercicio aeróbico -y de los retos mentales que este supone- el cerebro envejecerá antes. "Somos, por encima de todo, atletas de resistencia cognitivamente comprometidos", subraya Raichien. Si nos desviamos de ese camino, la sesera lo nota.

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