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Sociedad

No somos piedra

Por
  • María Pilar Martínez Barca
ACTUALIZADA 29/06/2018 A LAS 05:00
Las mujeres siguen luchando por sus derechos.
Las mujeres siguen luchando por sus derechos.
Aránzazu Navarro

Fue en el Concilio de Éfeso, 431 d. C., cuando, tras sesudas deliberaciones, los teólogos comenzaron a calibrar la posibilidad del derecho de la mujer a tener alma. Ya no era un ente inferior a la piedra, como creyeron muchos. Los judíos más ortodoxos siguen hoy debatiendo si las féminas son o no ‘desalmadas’.

Mientras el Corán ha reconocido siempre la dignidad del hombre y la mujer, seres íntegros, independientes, libres, creados de la misma esencia. ¡Quién lo iba a decir! Y es que las fuentes poco tienen que ver con su implementación socio-cultural. Y si no, ¿por qué esperar a Rusia para asistir unas y otros al fútbol en igualdad de condiciones? Hasta ahora, no se había aprobado una ley que permitiese conducir a las mujeres de Arabia Saudí, aunque llevasen ellas la carga, el trabajo, la compra y los traslados de toda la familia. ¿Y las adolescentes marroquíes?, obligadas a casarse nada más apuntarles las curvas hasta casi el actual reinado de Mohamed VI.

En un entorno integrista, incluso los deportistas con melena son censurados. Pero no nos engañemos. Seguro que en la exposición -en el Pablo Serrano- y el libro de Ana Palacios, ‘Niños esclavos. Por la puerta de atrás’, abunda más el sexo femenino: «Muchas han sido objeto de violaciones sistemáticas, de explotación infantil, de reclutamiento con fines militares, se han dedicado a la mendicidad forzosa o a la venta. Si van al campo, recogerán caña de azúcar, cacao y café. En la ciudad todo es más impredecible».

No hay que migrar a países donde pedir un hospital o un centro universitario es motivo de cárcel; ni culpar de todo a Trump. ¿Separará a las niñas árabes de sus madres? «Estas mujeres empiezan a aislarse socialmente, él la desacredita mientras ella habla delante de la gente, o critica su forma de actuar o vestir”, comentaba la presidenta de Somos Más tras el asesinato de Raquel. Niñas testigos-víctimas, mujeres con discapacidad, mayores que se vuelven dependientes… nunca denuncian. No somos piedras ni de piedra. ¿Alzhéimer o trastorno bipolar? Lo olvidamos a diario.

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