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A decir verdad

La expresidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes
A decir verdad
Efe/Emilio Naranjo

"A decir verdad, mentir es un vicio maldito", dice Michel de Montaigne. El escritor francés redactó sus ‘Ensayos’ en el siglo XVI y pensó, no se sabe si con prudencia o con falsa humildad, que los leerían pocas personas y durante pocos años. Pero el hecho es que pasan los siglos y siguen especialmente vigentes y atractivos. Mentir es tan grave vicio para Montaigne porque, explica, "solo por la palabra somos hombres y nos mantenemos unidos entre nosotros". Si conociéramos el horror y la gravedad de pervertir la palabra, "lo perseguiríamos con el fuego, más justamente que otros crímenes".

Lo del fuego, por fortuna, no tiene sentido ni lugar en el siglo XXI, pero la condena pública al que es pillado en el vicio maldito de la mentira es muy dura. Hasta hace poco, solo los políticos anglosajones dimitían cuando se hacían un lío con sus embustes. Ahora la pena de dimisión, poco a poco, se va implantando en España, como se ha visto en el doble caso que ha llevado a la presidenta de Madrid, Cristina Cifuentes, a dimitir. Un vídeo sobre un presunto hurto de dos cremas en un supermercado ha precipitado una decisión que estaba cantada desde que la dirigente del PP se embrolló en inverosímiles explicaciones sobre el título de un máster que la Universidad Rey Juan Carlos le habría tramitado sin cumplir los mínimos exigibles.

¡Hasta qué punto, concluye Montaigne, el lenguaje falso es menos sociable que el silencio! Y hasta qué gran punto el lenguaje falso es totalmente dañino en la vida y en la política.

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