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Innovadores, en carne y hueso

Eduardo Barreiros, el Henry Ford español

Inventó y patentó el proceso para convertir motores de gasolina en diésel. Pero no solo eso, también fabricó sus propios motores y, en los años sesenta, sus propios vehículos. El Dodge Dart y el Dodge 3.700 fueron los coches más grandes de producción nacional disponibles en España en aquel tiempo.

Ángel Gavín 21/04/2018 a las 05:00
Dodge 3.700 fabricado por BarreirosTorreciudad

En los años veinte del siglo pasado un niño queda prendado al ver un camión de juguete con el que juegan otros en la calle. Hasta tal punto llega la emoción del pequeño Eduardo que esos otros niños se lo regalan. Años más tarde, Eduardo Barreiros será un exitoso empresario de transporte de pasajeros, reconocido como uno de los seis industriales más influyentes de Europa en los años sesenta. Inventará y patentará el proceso para convertir motores de gasolina en diésel. Se codeará con Franco… y con Fidel Castro. Disfrutará de las mieles del éxito. Pero también probará las hieles de la envidia y la más absoluta falta de visión industrial del país que le vio nacer.

Un asombroso talento para los motores

Eduardo Barreiros nació en 1919 en un pueblo de la provincia de Orense (España). Tras una breve estancia en Canarias, por motivos laborales familiares, volvió a Galicia donde su padre fundó una empresa de transporte de pasajeros en autobús. A los 12 años Eduardo dejó los estudios y empezó a trabajar en la empresa de su padre, tanto de revisor como en el mantenimiento de los motores de los autobuses. Poco después se hizo aprendiz de mecánico en un taller de motores de combustión.

Durante la Guerra Civil española, Barreiros se ofreció a las autoridades militares gallegas para transportar tropas nacionales al frente. Terminada la guerra amplió la flota de autobuses y emprendió su primer negocio: la compraventa y restauración de vehículos y sus componentes. Sirva como ejemplo que compró una moto por 600 pesetas, la arregló y la vendió posteriormente por 3.000. Barreiros no solo tenía un talento especial para la ingeniería, sino también para las oportunidades de negocio.

En 1945 vendió el negocio de la línea de autobuses y fundó Becosa, empresa dedicada a la realización de obras públicas. La estrategia de construir sus propias máquinas le hizo ser altamente competitivo y eficiente, resultando ganador de importantes concursos públicos como la ampliación del puerto de Castellón.

Transformando motores de gasolina en diésel

El elevado coste de la gasolina tras la guerra hizo que se favorecieran sistemas alternativos, como el motor diésel (inventado en 1900). En 1949 Barreiros ideó y patentó un sistema para transformar los motores gasolina en diésel. En 1951 fundó una empresa dedicada a ello: en un solo año se transformaron alrededor de 700 motores en España.

Más allá de apostar por la transformación, Eduardo Barreiros planteó la construcción de sus propios motores diésel para camiones y turismos. En 1954 fundó Barreiros Diésel, S.A. y trató de obtener la licencia de fabricación. Pero se topó con la oposición del Instituto Nacional de Industria (INI), quien favoreció las opciones de las empresas Seat y Pegaso. Y eso que, tras ganar un concurso para fabricar y proveer camiones al ejército portugués, consiguió hacer una demostración a Francisco Franco, quien pronunciaría la famosa frase "Barreiros, adelante, adelante". Sin embargo todos sus esfuerzos para vencer la oposición del INI fueron estériles.

En 1962 Barreiros Diésel se transformó en Barreiros-Chrysler tras un acuerdo con el gigante automovilístico americano, llegando a fabricar modelos tan emblemáticos como el Dodge 3.700. La empresa terminó desapareciendo en 1967. Barreiros percibió una fuerte suma de dinero, pero firmó un acuerdo que le impedía vincularse con la fabricación de motores y vehículos durante diez años. En ese tiempo, Barreiros fundó exitosas empresas agrícolas y ganaderas (Puvasa) y de minería.

De Franco … ¡a Fidel Castro!

Concluido el periodo del acuerdo, en 1980 creó la empresa Dimisa (Diésel Motores Industrias S.A.), con la que ganó un concurso internacional para transformar la industria automovilística de la Cuba de Fidel Castro, país al que se trasladó a vivir. Si bien no consiguió todos los objetivos inicialmente establecidos (por la caída del comunismo), sí tuvo un impacto significativo. Recibió el reconocimiento a su labor al ser nombrado doctor honoris causa por la Universidad de La Habana.

Quien en 1964 fuera reconocido como uno de los seis industriales más importantes de Europa por la revista ‘The New York Times’, y denominado ‘El rey Midas español’ por ‘Business Week’, falleció en Cuba en 1992, cuando planeaba iniciar una nueva aventura empresarial en Angola. Su legado sigue hoy vivo gracias a la Fundación Eduardo Barreiros.

Lecciones aprendidas
  • Tesón y visión Eduardo Barreiros conjugaba pasión, don y visión empresarial. Pudo hacerse a sí mismo y todo un imperio empresarial de la nada a base de tesón y visión. Sabiendo ver y aprovechar las oportunidades.
  • Ventaja competitiva Desarrollar su propia maquinaria para obra pública le confirió una enorme ventaja competitiva. El I+D orientado a la diferenciación estratégica y optimización de costes, plazos y procesos.
  • Triunfar fuera para lograr apoyos dentro Aun dotado de una enorme visión empresarial, sufrió (como otros muchos) la falta de apoyo de las instituciones. Su estrategia se basó en triunfar fuera para lograr apoyos dentro, pero incluso con esas no lo tuvo fácil.
  • El I+D por bandera Como suele decirse, si la vida te da limones, haz limonada. Cuando no podía participar en negocios de automoción, Barreiros dio rienda suelta a su espíritu emprendedor en otros sectores. Y siempre con el I+D y la innovación como bandera de la diferenciación.

Ángel Gavín Autor del blog ‘El Miracielos’

 





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