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Sociedad
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Patriotismo

El patriotismo puede convertirse en un crudo instrumento de manipulación política. Pero también puede despojarse de mitos y vivirse de una manera relajada e integradora.

Fue el gran filólogo inglés Samuel Johnson (1709-1784) el auténtico autor de la conocida frase: "El patriotismo es el último refugio de los canallas". Después fue Stanley Kubrick quien la puso en boca de uno de los personajes de su película ‘Senderos de gloria’ (1957). Muchos son los ejemplos históricos, algunos muy cercanos, que se podrían usar para ilustrar con acierto la conocida frase del Dr. Johnson. Me interesa uno en particular.

El 15 de junio de 1389 tuvo lugar una batalla en el llamado Campo de los Mirlos, cerca de donde hoy se encuentra Pristina, la capital actual de Kosovo. En esta batalla, el ejército serbio y sus aliados fueron derrotados por los turcos de manera que Serbia se convirtió desde entonces y durante mucho tiempo en un dominio más del imperio otomano. Trascurridos 600 años, el 28 de junio de 1989 el líder comunista de la República Socialista de Serbia, Slobodan Milosevic, pronunció un enfervorizado discurso de contenido patriótico y nacionalista en el mismo Campo de los Mirlos, ante un millón de personas. En el contexto de la disolución de los regímenes comunistas de la Europa del este, en lo que entonces todavía era la República Federativa Socialista de Yugoslavia y especialmente en su república más importante, Serbia, se estaba produciendo a marchas forzadas la transformación de la élite comunista, que recurría al nacionalismo para perpetuarse en el poder. Milosevic, juzgado posteriormente como criminal de guerra, marcó con su discurso en Kosovo el comienzo de una época trágica que conduciría pronto a una guerra y a la disolución definitiva de la antigua Yugoslavia. Como dijo el Dr. Johnson los canallas de la antigua Yugoslavia se habían refugiado en el patriotismo como último recurso para mantenerse en el poder.

El discurso de Milosevic tuvo un gran valor simbólico, ya que entroncaba con el gran mito del nacionalismo serbio, la batalla de Kosovo. El patriotismo nacionalista es esencialista y se fundamenta en uno o varios mitos que remiten siempre a un principio original que hay que restaurar, sea la grandeza, la independencia, la victoria, el imperio, el mesías, la pureza o la redención.

Todos los veranos se celebran en Londres los Proms, unos festivales de música clásica bien conocidos en todo el mundo y que tienen lugar en el Royal Albert Hall. Tras una larga sucesión de conciertos, el del último día es célebre porque concluye con una ceremonia en la que el público participa activamente. En esa ocasión este público no muestra el habitual comportamiento concentrado y circunspecto de los melómanos; al contrario, más parecen los asistentes a un partido de fútbol. Con banderas británicas que hacen ondear e incluso con disfraces y otros aditamentos que replican los colores de la Union Jack, todo el concierto parece una ceremonia patriótica. La culminación llega con la interpretación, por la orquesta y el público puesto en pie, del más conocido de los himnos patrióticos británicos: ‘Rule, Britannia’, que viene a ser una exaltación de las glorias del imperio británico y en el que se afirma que "Gran Bretaña gobierna el mundo". El modo como actúan todos los participantes nos da una idea de la ironía con la que estos británicos entienden su patriotismo. Suele haber una figura internacional de la ópera que canta el himno y la totalidad del público, y con gran entusiasmo, va repitiendo el estribillo. En una de las ocasiones en las que vi en televisión este concierto, la cantante invitada iba disfrazada como una opulenta dama con coraza, casco guerrero, escudo y lanza, tal como era representada Britania en los tiempos gloriosos del imperio.

El tono jocoso del disfraz y la actitud de todos los participantes me llamaron la atención y me hicieron ver que expresaban su patriotismo con un evidente humor, pues nadie podría negar que el Imperio Británico hace ya tiempo que dejó de existir. Pero el año pasado la réplica a este fascinante patriotismo británico la dio el gran tenor peruano Juan Diego Flórez, que salió al escenario para cantar el ‘Rule, Britannia’ disfrazado de Gran Inca. El éxito fue apoteósico, ya que el público entendió inmediatamente que Flórez comprendía y compartía este envidiable y sano patriotismo, pues qué mejor manera de parodiar el nacionalismo propio que ironizar sobre el mito precolombino que inspira a muchos nacionalismos americanos. Este es un ejemplo de que hay patriotismo sin nacionalismo.

El patriotismo, como he intentado mostrar, puede ser trágico y cruel y también irónico y amable. Los canallas viven de él y lo imponen, pero hay quien solo lo usa cuando desea celebrar un triunfo incruento, como en el fútbol, o solidarizarse con sus conciudadanos en la desgracia o frente a la tiranía. Hay quienes recurren a sus mitos, que aluden muchas veces a derrotas y al deseo de venganza o a la revancha; son estos patriotismos esencialistas, inamovibles en las conciencias, ya que enraízan en la exaltación de un relato mítico que se sitúa antes del tiempo histórico en el que todo cambia. Tienen el anhelo de volver a esos orígenes congelados antes del tiempo, ‘cuando éramos grandes’, ‘cuando éramos independientes’ o ‘cuando todo era puro’.

En los Proms el público no recurre al mito sino a la historia y esta le indica que su imperio británico ya ha desaparecido. Y conscientes de ello lo parodian para seguir sintiéndose británicos. Como español, me parece un ejemplo admirable.

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