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¿A partir de qué edad puedes implicar a tus hijos en las tareas de casa?

Con tan solo 2 o 3 ya son capaces de realizar tareas sencillas, como recoger los juguetes, echar a lavar su ropa sucia, empezar a vestirse solos...

Debemos acudir al sentido común y tener siempre en cuenta su edad.
Debemos acudir al sentido común y tener siempre en cuenta su edad.
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Psicólogos y pedagogos coinciden en que el hogar es el lugar ideal para que los niños comiencen a asumir límites y a familiarizarse con nuevos hábitos y responsabilidades. Con mucha paciencia, y sin olvidar que se consigue mucho más con el refuerzo positivo -"¡qué bien lo has hecho!"- que con la crítica, desde bien pequeños, nuestros hijos pueden comenzar por realizar las tareas más sencillas: recoger los juguetes, echar a lavar su ropa sucia, empezar a vestirse solos...

Con tan solo 2 o 3 años

Y mucho cuidado con subestimarlos: la mayoría de expertos opina que con tan solo 2 o 3 ya son capaces de realizar todas estas labores. Los mayores, por supuesto, han de contribuir en su justa medida, realizando más actividades y de mayor dificultad: hacer todos los días la cama, mantener ordenada su habitación -incluido el armario de la ropa-, poner y quitar la mesa, hacer la compra, ayudarnos a cocinar, cuidar de sus hermanos pequeños y de sus abuelos, participar en alguna que otra faena de limpieza..., pero siempre aplicando el sentido común y teniendo en cuenta su edad, a la hora de encomendárselas.

Lo que no haces tú nos perjudica a todos

Poco importa que comentan errores, lo importante es que, poco a poco, estas tareas vayan formando parte de su quehacer cotidiano. Darles todo el tiempo que necesiten también ayuda; así como enseñarles y decirles lo que esperamos de ellos. Y la regla de oro: predicar con el ejemplo. Si los adultos no colaboramos y nos involucramos, podemos dar esta batalla por perdida.

Para evitar olvidos y equívocos, puede ser de gran utilidad diseñar una cartulina y cocarla en un lugar bien visible de la casa, en la que queden reflejadas, de forma clara y precisa, todas las normas y tareas y quién se encarga de realizarlas. También puedes escribir algunas frases motivadoras: “¡Somos el mejor equipo'” o “Lo que no haces nos perjudica a todos”.

Reconocimiento del esfuerzo

Los hijos, además, tienen que ser capaces de entender que las normas están para cumplirse, lo que conlleva una recompensa y un reconocimiento a su esfuerzo, pero también han de conocer las consecuencias que acarrea el no cumplirlas. Aunque todos los especialistas en el tema coinciden en que los niños que reciben recompensas -basta con una sencilla pero cariñosa felicitación- terminan siendo más responsables que aquellos que solo reciben críticas. Y que enseñar a los pequeños a ser responsables aumenta su sensación de control, les ayuda a tomar decisiones y refuerza su autoestima. Así que, como ya ha quedado dicho: mucha paciencia y a seguir insistiendo.

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