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Sociedad

Navegando entre icebergs

El capitán Stewart dice que los españoles hemos traído "el calor al Ártico".

Icebergs avistados desde el Northabout.
Navegando entre icebergs
J. Z.

Han pasado creo que tres días desde que salimos de Upernavik. Las jornadas con sol eterno del verano ártico y el sistema de turnos que nos hemos impuesto provocan una sensación continua de bucle. Comemos cuando tenemos hambre y dormimos entre horas en una peonada que incluye camas calientes. Ahora sé lo que sienten los que viven en un piso patera. Hay tres turnos de vigilancia. Los capitanes Nicolay Litau y Mike Stewart se turnan cada cuatro horas. La tropa, es decir nosotros, cada tres. Uno en proa con el ojo avizor si la cosa pinta mal y otro a la popa. A excepción de un par de turnos de guardia en los que tuvimos niebla, la navegación es placida.

El Northabout ha recorrido más de trescientas millas (casi 600 km) sin parar un minuto desde que salimos. Hace unas horas fondeamos en una ensenada protegida de los vientos para poder dormir algo más y revisar los niveles del barco. Todo va bien. Casi demasiado. Stewart, con su humor ingles despiadado dice que los españoles hemos traído “el calor al Ártico”. Litau es ruso y provoca de manera diferente, pero también dice que nunca en sus más de veinte años entre el hielo había navegado tanto tiempo seguido a estas latitudes con tan buen tiempo. A este paso llegaremos bronceados a casa.

Poco a poco nos vamos acercando a Qaanaaq, ultima población de entidad en el norte groenlandés. Hemos superado el paralelo 77 y los icebergs se van haciendo más habituales. De vez en cuando hemos empezado a ver algunas focas y patos.

Desde el barco las costas deslumbran con sus glaciares inmensos que van a morir al mar. Hay acantilados de cientos de metros casi verticales de colores muy ocres. La vegetación ha prácticamente desaparecido. El verde es un color que en estas latitudes se paga muy caro.

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