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Sociedad

¿Estamos educando bien a nuestros hijos?

Es muy difícil comprender que los hijos no nos pertenecen, que son personas independientes y que todo nuestro cuidado debe propiciar su autonomía, independencia y personalidad

La responsabilidad y el estilo educativo corresponden solo a los padres.
La responsabilidad y el estilo educativo corresponden solo a los padres.
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¿Estamos educando bien a nuestros hijos? Esta duda, esta incertidumbre, martiriza a muchos padres, sobre todo, cuando los hijos son pequeños. Pero, seguro, que ni se les ha pasado por la cabeza pensar que, tal y cómo afirma Carlos Hué, psicólogo y doctor en Educación, una de las cosas más difíciles de entender es “que los hijos no nos pertenecen, que son personas independientes y que todo nuestro cuidado y atención deben propiciar su autonomía, su independencia, su personalidad”. Y esto, insiste el psicólogo, “hay que entenderlo desde que son pequeños, ya que, en ocasiones, algunos trastornos infantiles nacen de un exceso de sentido de la propiedad”. A continuación, Carlos Hué apunta algunas pautas para aquellos padres cuyos hijos están todavía en la etapa de educación infantil. Dale todo tu cariño. Pero piensa siempre que ya es una persona independiente. Los mejores padres son aquellos que quieren al niño como es, por ser él mismo, y no porque se parezca a nosotros o porque haga todo lo que hemos planeado para ellos. Exígele en relación a sus pocos años. Decía María Montessori que toda ayuda que damos de más a un niño, lejos de hacerle crecer, lo hace retrasar en su desarrollo. El amor de padres tiene dos vertientes: cariño y exigencia. El cariño, lo sabemos dar. Lo difícil es la exigencia desde el primer año de la vida. Sí, podemos, debemos pedir su colaboración, su esfuerzo en tareas como vestirse, comer, dormir; y cuando sean más mayores: recoger, ordenar, ayudar a poner la mesa… Toda responsabilidad constante que le pidamos será un regalo. El mejor juguete es tu tiempo. Los juguetes nunca pueden sustituirte. En lugar de pensar en qué comprarles, deberíamos pensar en el tiempo que vamos a dedicarles, como regalo, por encima del que normalmente les dedicamos. Hemos comprobado cómo los niños no juegan casi ni con los juguetes nuevos, pero también hemos comprobado cómo los niños juegan mucho tiempo si nosotros o si otros niños le ayudan a jugar. Procura que tenga amigos cuanto antes. Un niño se desarrolla con sus iguales. Hay que buscar tiempos en los que se relacione con sus vecinos, sus primos, sus compañeros, sus amigos. A partir de los 4 años, lo mejor son las 'fiestas pijama'. Tres, cuatro niños, cada fin de semana en casa de uno, o de otro, es lo ideal. Disfrutan ellos, se relajan los padres. No los atosigues. Cada niño tiene su ritmo de alimentación, sueño, crecimiento, aprendizaje. La ansiedad de los padres genera niños ansiosos. Siempre estamos atentos a la talla, al peso, al ritmo de aprendizaje a la hora de caminar, hablar, aprender… Dejemos a los niños a su ritmo. ¡Todos crecen! Juega con él. Cuando son bebés, el 'cachorreo' les encanta. De más mayores, hazte niño y tírate con ellos por el suelo. Ahora, toca hablar de técnicas de juego. El mejor juego es siempre el más próximo. Sobre todo, como ya hemos dicho, de bebés, el 'cachorreo'; poco a poco, iremos ganando distancia, pero los mejores lugares para jugar: la cama, el baño, el suelo, la hierba… Los abuelos son eso: los abuelos. Las normas de educación las ponéis vosotros y tendrán que aprender a seguirlas, aunque les dediquen mucho tiempo. Los abuelos hoy son una ayuda insustituible, sin embargo, la responsabilidad, el estilo educativo: comidas, sueño, juego, aprendizajes, normas… es solo de los padres. Comunícate mucho con la guardería o el colegio. Los padres tienen que saber lo que hacen allí y las maestras lo que hacen en casa. Uno de los éxitos de la educación en Finlandia es la relación, desde educación infantil, con el centro educativo. El aprendizaje es su responsabilidad, pero la educación es la nuestra y, por ello, debemos ir de la mano. Ten una actitud positiva ante la vida. Los padres alegres consiguen hijos optimistas. Los psicólogos decimos que la personalidad se fragua en los tres primeros años de vida… ¡después, ya está hecha! Y los niños aprenden por imitación. De padres negativos, niños depresivos. La frustración es parte de la vida y de la educación. Hay que acompañarlos en sus momentos difíciles, pero es un error pensar que evitar el fracaso es la mejor educación. Los niños que en su primera infancia no lo aprenden generan, por lo general, inseguridad a lo largo de su vida.

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