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Sociedad

Galletas en el Cipriani

Orlando Bloom lanza un puñetazo a la arrogante carita del cantante Justin Bieber en un restaurante de Ibiza

Justin Bieber.
Galletas en el Cipriani

Hubo bronca en la madrugada de ayer miércoles en el restaurante Cipriani de Ibiza, donde Orlando Bloom le atizó un puñetazo a Justin Bieber, según algunos porque le llamó «putita». Según otros, porque se lo llamó a su exmujer, la modelo Miranda Kerr. Y según la pura lógica, porque ambos andaban tremendamente perjudicados.

El Cipriani pitiuso es una sucursal del celebérrimo hotel veneciano del mismo nombre, cuyo Harry’s Bar presume de haber sido el inventor del cóctel Bellini y de ese plato que, como la venganza, se sirve frío (además de crudo): el ‘carpaccio’. Por su barra han desfilado desde lord Byron a Onassis, pasando por Peggy Guggenheim, pero el mundo ha rejuvenecido mucho y se ha vulgarizado aún más, así que ahora quienes lo frecuentan son estrellonas semiadolescentes del pop o del celuloide, junto a muñecas hinchables vivientes como la desheredada Paris Hilton. Cuentan que Paris, al igual que Lindsay Lohan y Puff Daddy (o sea, material de primera) cenaban en ese mismo local la noche en que Orlando Bloom dejó de ser ‘muy honorable’. En realidad la pelea duró apenas medio minuto. Y existe un vídeo del momento puñetazo, pero es puro cine negro. Negro en el sentido de que está oscurísimo y ahí no se ve ni se distingue nada. De modo que no hay constancia de que el puño de Bloom (a partir de ahora, ‘Boom!’) llegue a alcanzar la carita de nena de Justin, que ya de por sí anda ‘justín’ de neuronas.

La inquina entre el actor británico, de 37 años, y el cantante canadiense, de 20, se remonta a tiempo atrás (no demasiado, porque entonces uno de ellos no habría nacido). Concretamente, a un desfile de 2012 de una famosa marca de ropa interior en el que Bieber le tiró los tejos a Miranda Kerr, que por aquella época todavía estaba casada con el ‘cuate’ Orlando, cuyo nombre remite a un famoso concentrado de tomate. Padres de un bebé llamado Flynn Bloom (eficaz insecticida), Miranda y su chico se separarían al año siguiente, en octubre de 2013. 

Pero desde aquel desfile, Justin ha ido presumiendo por ahí de haberse ligado a la supermodelo australiana a espaldas de su marido, lo cual más que hablar mal de él, le deja en un pésimo lugar a ella, porque hace falta tener mal gusto para salir a comerse un ‘Happy Meal’ teniendo en casa un chuletón. Orlando, por su parte, haciendo honor al ‘carpaccio’ del Cipriani, se vengaría tiempo después de Justin sirviéndole en plato frío un flirteo con su eterna novia, Selena Gomez. Y desde entonces los dos declarados enemigos o bien no se habían visto o no habían bebido lo suficiente... 

Ha tenido que ser Ibiza el escenario de su primera trifulca. No es raro, porque ahora mismo la isla balear está ‘petada’... Como para ponerse a buscar a Wally. Todo el que se tiene por alguien está este verano en Ibiza. El problema de Justin Bieber es que ‘consume’ y se pone bocazas. En su empeño por hacer oposiciones a maldito ya ha conseguido que le fotografíen fumando marihuana, que lo detengan conduciendo ebrio (si Bieber, no conduzcas), que le lleven a comisaría... Y que hasta la insensata de Miley Cyrus le aconseje: «Tienes dinero para no meterte en líos». En resumen, que el niñato del pop llevaba una temporada pidiendo a gritos una ‘galleta’. Y Orlando Bloom se la ha dado.

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