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Vivir de los videojuegos

Son los deportistas del futuro. Cerca de 2.000 jóvenes en todo el mundo cobran un salario por competir en videojuegos.

La escena recuerda a la que todos los fines de semana se vive en los campos de fútbol. El enclave, en cambio, es algo más selecto: el Palacio de Congresos de Versalles. La hinchada ruge con cada embestida, aplaude, chilla y abuchea.

Ataques y defensas se suceden a un ritmo vertiginoso, mientras dos personas, ajenas al bullicio reinante al otro lado de sus auriculares, teclean y mueven el ratón de forma frenética. No es más que un torneo de exhibición que ha preparado Blizzard con motivo del lanzamiento de 'StarCraft II-Heart of the Swarm' -primera expansión de la segunda entrega del famoso juego de estrategia en tiempo real-, pero es un ejemplo de que poco a poco los deportes electrónicos van cobrando fuerza.

Pese a que son títulos tan exitosos como 'League of Legends', 'FIFA 2013' o 'Call of Duty: Black Ops 2' los que sustentan estas competiciones, es difícil poner números sobre la mesa. «El mercado es muy joven y no hay prácticamente estudios pero en muy pocos años ha crecido muchísimo», señala Sergi Mesonero, director de la Liga de Videojuegos Profesional, uno de los principales organizadores de torneos en España.

Mesonero estima que el número de jugadores profesionales -esto es, que cobran un salario por jugar, más allá de los suculentos premios que reciben por torneo- se ha multiplicado por 4 en dos años, alcanzando los 2.000 jugadores en todo el planeta. Y no solo eso. Los salarios también se han disparado, superando los 100.000 dólares anuales (78.000 euros) en el caso de los primeras espadas. No en vano, el coreano Leon Yun-Yeol, uno de los mejores jugadores del mundo de 'StarCraft', firmó un contrato de tres años por 690.000 dólares (538.000 euros). Ya hay quien apunta a una burbuja que podría estar cerca de desinflarse.

No es el caso de Pedro Moreno Durán, alias 'LucifroN', uno de los pocos jugadores españoles que vive de competir en videojuegos de forma profesional. A sus 21 años, este catalán ha decidido abandonar, al menos por el momento, la carrera de Ingeniería Informática y dedicarse a su pasión: el 'StarCraft II'. «Mis padres quieren que acabe la carrera tarde o temprano, pero me han dejado decidir y puedo retomar la universidad en cualquier momento. Quiero dedicarme al menos un año a ello y ver hasta dónde llego. Sé que no voy a salir perdiendo», afirma convencido. Aún con todo, es consciente de que a ojos de los que desconocen el mundillo «parece una locura».

Duros entrenamientos

Pero ser competitivo en este mundillo es ciertamente complejo. Mesonero explica que se necesita «un talento innato, mucho entrenamiento y, como cualquier otro deportista, dosis importantes de carisma». Pedro entrena de 8 a 10 horas diarias para alcanzar las 300 acciones por minuto que lleva a cabo de media un jugador profesional del 'StarCraft II': «Compito contra otros jugadores de alto nivel y veo vídeos de gente que está por encima de mí. Se trata de intentar entender por qué juegan así, saber reaccionar a todo y conocer mejor el juego». Así las cosas, no todo es diversión. «Hay veces que no te apetece nada jugar pero se me ocurren trabajos peores. Al final quien se dedica a esto es porque ama el juego», explica entre risas.

Pero quizá lo que más sorprende es la pasión con la que millones de aficionados siguen a estas estrellas del deporte electrónico. Corea del Sur, con dos cadenas de televisión dedicadas a retransmitir durante 24 horas estos eventos, lleva la delantera -allí 'StarCraft' es un auténtico fenómeno de másas casi tan popular como el fútbol lo es en España-. Pero más allá del país asiático, las audiencias de los grandes torneos internacionales se cuentan por millones, con comentaristas profesionales que ganan más que las propias estrellas. Así, los torneos de la Major League Gaming, la organización de deportes electrónicos más importante del mundo, obtuvieron casi 12 millones de espectadores en el último año. En

España, la retransmisión más importante ha congregado a 300.000 espectadores en un fin de semana y ya se han hecho los primeros pinitos en televisión, a través de Canal +.

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