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Tercer Milenio

LWA. Un campo de telescopios

Combinando las señales captadas por trece mil antenas, el radiotelescopio Long Wavelength Array, más conocido por las siglas LWA, ofrecerá una imagen del Universo en un rango del espectro electromagnético nunca visto hasta ahora. Con su ayuda, los astrónomos buscarán señales de supernovas, explosiones, rayos gamma, planetas extrasolares...

Este verano entrará en funcionamiento la primera estación del LWA
LWA
NASA

En las áridas llanuras de Nuevo México, al suroeste de Estados Unidos, un equipo de astrónomos e ingenieros está levantando un titánico radiotelescopio llamado Long Wavelength Array (Conjunto de Onda Larga, en castellano). Cuando su construcción concluya, varios miles de antenas, estratégicamente colocadas en un área de aproximadamente 400 kilómetros de diámetro, proporcionarán una visión completamente nueva del Universo. El proyecto, liderado por la Universidad de Nuevo México, cuenta con la colaboración del Jet Propulsion Lab de la Nasa, que proporciona los sistemas electrónicos digitales avanzados que necesitará este nuevo observatorio para funcionar correctamente.

La prueba de fuego tendrá lugar el próximo verano, cuando entren en funcionamiento las 256 antenas que integran la primera estación. Más tarde se sumarán otras 52 estaciones, hasta llegar a reunir 13.000 antenas trabajando al unísono para los astrónomos. Apuntando simultáneamente a una región del cielo cientos de veces mayor que la Luna llena, proporcionarán imágenes en alta resolución que, entre otras cosas, podrían detectar ondas de radio procedentes de planetas fuera del Sistema Solar.

El nuevo complejo operará a un rango de frecuencia de 20 a 80 megahertzios, lo que corresponde a longitudes de onda de 15 a 3,8 metros. Estas frecuencias son las más desconocidas del espectro electromagnético. De este modo, el LWA permitirá estudiar remanentes de supernovas, rayos cósmicos de ultra-alta energía, la materia y la energía oscura, y los brotes de rayos gamma. Además, Joseph Lazio, radioastrónomo de la Nasa, ha anunciado que estarán atentos a destellos celestes ocasionales. «Estos ‘flashes’ pueden ser cualquier cosa, desde explosiones en la superficie de galaxias cercanas hasta agujeros negros que explotan, o quizás señales de otras civilizaciones», puntualiza Lazio. «Dado que la naturaleza es más inteligente que nosotros, es muy posible que descubramos algo que nunca habíamos imaginado», añade.

EL DATO

Una de las principales aportaciones a la radioastronomía la hizo en 1967 Susan Jocelyn Bell, quien descubrió el primer púlsar –estrella muy masiva que rota a gran velocidad– con ayuda de un radiotelescopio que ella misma había construido junto al físico Anthony Hewish. Hoy se conocen más de 2.000 púlsares.

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