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El síndrome del aceite tóxico de colza: ¿qué fue de los afectados en Aragón?

Se estima que en la Comunidad hay una veintena de personas que sufrieron secuelas por el consumo de este alimento adulterado, pero ninguna de ellas quiere aparecer en los medios.

Una de las manifestaciones pidiendo justicia para los afectados por la colza.
Una de las manifestaciones pidiendo justicia para los afectados por la colza.
Heraldo.es

En abril de este año se cumplieron 40 años de uno de los mayores escándalos sanitarios y de consumo sufridos en España, el de la colza, un aceite tóxico que no se destruyó hasta 2020 y que según la plataforma de afectados 'Seguimos viviendo' dejó más de 5.000 muertes a causa de aquella estafa. Algunas de las víctimas protagonizaron el pasado martes un acto de protesta en el Museo del Prado para dar visibilidad a su situación y solicitar una actualización de las ayudas que reciben.

HERALDO DE ARAGÓN ha intentado ponerse en contacto con algunos de los aragoneses que sufrieron secuelas, pero la mayoría de ellos prefieren mantenerse en el anonimato. "Las personas afectadas, alrededor de una veintena en Aragón, no quieren tener ninguna intervención en los medios. Les insistimos para dar visibilidad a este tema, pero el problema es que mucha gente de su círculo no lo sabe", explica Lucía Germani, presidenta de la asociación de consumidores Torre Ramona (Actora Consumo).

Según las cifras que maneja la asociación estatal de afectados, en Aragón habría al menos 19 personas que sufrieron las secuelas de este síndrome tóxico que apareció en los años 80 y que provocó una enfermedad degenerativa crónica a gran parte de los afectados. Las mismas fuentes indican que en España llegó a haber más de 20.000 personas con secuelas en todo el territorio nacional a causa del circuito de venta de este aceite fraudulento. La mayoría se encuentra en la Comunidad de Madrid, Castilla-La Mancha y Castilla y León. El salmantino Miguel Ángel Sánchez es uno de los afectados que protagonizaron el pasado martes un encierro reivindicativo en el Museo del Prado. El objetivo, indica, era denunciar la "falta de sensibilidad" por parte de los distintos gobiernos y reclamar que se "actualicen" las ayudas que se otorgaron hace 40 años y que en la actualidad no alcanzan a cubrir las necesidades de estas familias. "La mayoría de los que estamos luchando éramos niños en aquellos años, cuando fue el envenamiento, y sufrimos graves secuelas. Yo estuve postrado en una cama con 11 años y mi madre falleció en los primeros meses. Me quedé con una dependencia para toda la vida, con una invalidez, y en estos últimos años sufro como la mayoría un envejecimiento precoz por la secuela de la enfermedad, la primera rara y degenerativa de España", recalca este afectado. 

Miguel Ángel Sánchez, afectado por el síndrome tóxico del aceite de colza, en una imagen de niño y en la actualidad.
Miguel Ángel Sánchez, afectado por el síndrome tóxico del aceite de colza, en una imagen de niño y en la actualidad.
M.A.S./HA

Este salmantino que participó en el encierro del martes asegura que llevan ya "mucho tiempo luchando" para que se actualicen todos los subsidios que concedieron "con muchos años de retraso" en su día, y que se corresponden con un real decreto que tiene ya 40 años. "Todos los grupos políticos se comprometieron a cuidarnos y actualizar esas ayudas hasta que falleciera la última víctima, pero no se ha cumplido. En estos seis o siete últimos años nos hemos vuelto más activos porque vamos cada vez a peor y nos sentimos muy desprotegidos. Todos tenemos necesidades como víctimas enfermas por un delito de lesiones", destaca este afectado. 

El primer caso se detectó en Torrejón de Ardoz ,en Madrid, en el mes de mayo de 1981. Murieron aproximadamente 5.000 personas y 60.000 sufrieron un envenenamiento.

Preguntado por las víctimas y el estado de salud de otros afectados aragoneses, Sánchez confiesa no mantener contacto con ninguno y apunta que muchos podrían haber fallecido. "Llevamos 40 años de lucha, y al principio sí que todas las asociaciones tenían un portavoz en cada región. Yo era el presidente de la asociación de Salamanca, que estamos ahora agrupados con 'Seguimos Viviendo'. Antes teníamos contacto con Leganés, León, Aragón, Valladolid... pero se ha perdido por el paso del tiempo. Mucha gente ha fallecido, y hay que tener en cuenta también que al principio murieron cientos de niños…", denuncia este afectado.

Hay casos repartidos por todo el territorio

Eva Moreno, de Badajoz, afirma ser -con 41 años- una de las afectadas más jóvenes por este síndrome. Tenía un año cuando se lo diagnosticaron. "Lo que sé es lo que me han contado y soy afortunada porque no me quedaron secuelas. Donde yo vivo lo sabe todo el mundo, no hay nada que ocultar", dice ella. 

La familia de Virginia Flores Rico, una madrileña de 48 años, no tuvo tanta suerte. "Mi hermano falleció con dos añitos a causa del aceite de colza. Yo tenía 9 años y recuerdo poco, pero mi hermana Mar -que era más mayor- lo tuvo y sobrevivió", relata esta madrileña. Ahora sus padres, que también se vieron afectados en el municipio madrileño de Coslada, han contraido el coronavirus, lo que sumado a las secuelas que ya tenían a causa del síndrome tóxico les ha llevado a ingresar en el hospital. "Ellos tienen muchas secuelas, bronquitis crónica, problemas de huesos... Mi hermana tiene también medio pulmón inservible y una discapacidad del 33%", cuenta Virginia. 

Luis Miguel es otro de los afectados por el síndrome tóxico que se concentraron el pasado martes en el Museo del Prado, y acabó detenido. Como Miguel Ángel, tenía también 11 años cuando le diagnosticaron la enfermedad, a él y a sus padres. "Al principio tuve una neumotía atípica y acabé ingresado y aislado en el Clínico de Madrid, porque no se sabía si era contagioso", explica. Con el paso del tiempo, las secuelas que le dejó la enfermedad desembocaron en un bajo rendimiento escolar y en la imposibilidad -dice- de acabar la mili. Años después, tras experimentar una mejoría con los tratamientos, Luis Ángel pudo volver a estudiar y sacarse una carrera. "Encontré rápidamente trabajo en un banco, de ahí me fui a otro y escalé hasta director de área, pero llegó un momento que no podía desarrollar el trabajo por esa fatiga crónica que tengo y el desgaste de las articulaciones. Tuve cinco síncopes sin entender muy bien por qué, y vieron que era el cuerpo sometido a una carga que no estaba dipuesto a asumir por este síndrome", recuerda este afectado, que lleva tres años de baja laboral. 

Ignacio Gómez, otro de los enfermos por el consumo de aceite de colza, señala que pasó tres semanas ingresado en aislamiento y 40 años después sufre agarrotamiento en todas sus articulaciones, lesiones cervicales y lumbares, dolores de cabeza frecuentes y afectación en el hígado, entre otras secuelas. Es otro de los 20.000 supervivientes del síndrome del aceite tóxico de colza que piden "reconocimiento" y que no se olvide su tragedia.

Este martes, seis víctimas de la colza que pretendían encerrarse en el Museo del Prado con el objetivo de reunirse con Sánchez para "dar respuesta a su situación" fueron desalojadas después de que la policía detuviera a tres de ellos que no querían desistir de su acción. Las miles de víctimas de uno de los mayores escándalos sanitarios y de consumo de la historia reciente, el envenenamiento masivo por la comercialización de aceite de colza adulterado, tuvieron que esperar más de 25 años para que la Justicia depurase responsabilidades y el Estado las indemnizara. Ahora piden que se actualicen esas ayudas y que se recupere la atención especializada. "Necesitamos una actualización porque nos sentimos abandonados. Cobramos subsidios que no son suficientes para las necesidades que tenemos, no tenemos pensiones y además nos quitaron todos los médicos especializados en esta enfermedad. Queremos que haya una unidad de referencia en Madrid, y una coordinación entre los ministerios. Que siga la investigación de esta enfermedad, que se cortó en 2010", reclaman los afectados, que por el momento aseguran a Heraldo.es no haber tenido respuesta ni del Gobierno ni de ninguno de sus ministerios. "La protesta se hizo para intentar conseguir eso, y dijimos que si no recibíamos contestación a las cinco horas empezaríamos la ingesta de pastillas hasta que hubiese un compromiso para que nos recibiera el presidente, pero no nos dieron opción y nos desalojaron. A una compañera se la llevaron a la fuerza esposada, una se desmayó de los nervios, y aunque nos prometieron que nos iban a llevar a otras salas al final hubo tanta prensa concentrada en la explanada de fuera que no encontraron ningún lugar donde nos pudieran acoger a todos", indica Miguel Ángel. 

Miguel Ángel Sánchez y otros afectados por el aceite de colza, a su salida del Museo, tras ser desalojados por la Policía.
Miguel Ángel Sánchez y otros afectados por el aceite de colza, a su salida del Museo, tras ser desalojados por la Policía.
M.A.S./HA
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