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Buenas prácticas en la prevención de la anorexia y la bulimia

Los colegios sanitarios de Zaragoza y la asociación aragonesa Arbada plantean el abordaje interdisciplinar de la patología en un novedoso libro elaborado por diferentes agentes implicados en el tratamiento de trastornos de la conducta alimentaria.

Los adolescentes de hoy en día, que son nativos digitales, utilizan las pantallas para transmitirse mensajes poco saludables, según los expertos.
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Cada año, en Aragón, las unidades de psiquiatría del Hospital Clínico y del Hospital Provincial de Zaragoza atienden una media de entre 600 y 700 pacientes con trastornos de la conducta alimentaria: en torno a 300 en el Hospital Provincial, y entre 300 y 400 en la unidad de infanto-juvenil del Hospital Clínico Lozano Blesa.

"En los últimos años, desde 2013, la incidencia de esta enfermedad ha ido en aumento, registrando su mayor pico en 2015, con más de 120 casos nuevos. Las cifras bajaron un poco el último año, pero también probablemente porque cambiamos de estrategia y la idea era que las unidades de salud mental y Atención Primaria asumiesen los casos más moderados y nos derivasen los más graves", señala el doctor Pedro Manuel Ruiz, jefe de psiquiatría del Hospital Clínico Lozano Blesa.

Este martes, los Colegios sanitarios de Zaragoza (UCOSAZ) y la Asociación Aragonesa de familiares de enfermos con trastornos de la conducta alimentaria (ARBADA) plantearon en una jornada el abordaje interdisciplinar que esta enfermedad requiere, y lo hicieron mediante la presentación de un libro de 'Buenas prácticas en la prevención de los trastornos de la conducta alimentaria', de la editorial Pirámide.

Tres de sus autores, los profesores José Mariano Velilla, Pedro Manuel Ruiz y Maite Aránzazu Zapata, hicieron hincapié en la necesidad de trabajar conjuntamente para tratar una enfermedad que hace mella en tantas familias. “Es difícil prevenir unos trastornos en un entorno social que los genera... Por eso, este manual es imprescindible como instrumento de formación, de aprendizaje y mejora para familias, educadores y profesionales sanitarios, puesto que se trata de enfermedades muy difíciles de detectar, complicadas en su expresión clínica y con una evolución larga y difícil", subrayó Velilla.

Buenas prácticas en la prevención de la anorexia y la bulimia

Una imagen de la presentación del libro de buenas prácticas.

Los trastornos de la conductora alimentaria (anorexias, bulimias...) afectan fundamentalmente a mujeres, "en un mundo invadido de forma constante por un anhelo de extrema delgadez". El perfil de riesgo es así el de adolescentes jóvenes -con 15 y 16 años de media en el momento de su aparición-, y que presentan una insatisfacción corporal marcada por múltiples factores. "Nos preocupa la influencia que tiene tanto internet como el resto de pantallas ('WhatsApp', Instagram, etc.) porque dan un modelo estético inadecuado. Los adolescentes de hoy en día, que son nativos digitales, utilizan las redes sociales para transmitirse mensajes inadecuados y poco saludables que potencian prácticas de riesgo, y eso es algo que nos preocupa a todos", advierte el doctor Ruiz, quien matiza que "internet no es ni bueno ni malo", pero requiere enseñar a los adolescentes a utilizarlo de forma adecuada y que los padres ejerzan un control de ese contenido que leen a diario. "No se trata de censurar lo que ven en las pantallas, sino de controlarlo. Hablar, aconsejar y fomentar que la gente sea crítica con lo que ve en los 'smartphones'", añade.

La curación de estos trastornos es costosa, pues la enfermedad supone para quienes la padecen un proceso largo, que tiene una evolución de entre dos y cinco años". Por eso, las familias hacen hincapié en la necesidad de incrementar los espacios dedicados a estos pacientes y a sus familias en los diversos centros hospitalarios. "La unidad de adultos del Hospital Provincial es compartida con la unidad de trastornos de personalidad, y las instalaciones se quedan cortas… Los profesionales están saturados porque están viendo en torno a 300 pacientes al año", informan desde Arbada. Esta reivindicación la comparten también los psiquiatras, quienes afirman que la tendencia al aumento de casos registrada en los últimos años justificaría una ampliación de espacios y de plantillas. "Una de las cosas que se comentó en adultos -señala el doctor Ruiz- es la necesidad de incorporar un terapeuta familiar. Nosotros no tenemos, pero sí contamos con un trabajador social compartido con la unidad de salud mental infanto-juvenil. Lo ideal sería que, en lugar de tener un 25% de esa persona, tuviésemos a una a tiempo completo, dado que es muy importante contrar con gente formada en el trato familiar, una necesidad urgente en todas las unidades", defiende no sin antes apuntar que las familias no pueden ser terapeutas. "Son colaboradores necesarios y tienen que implicarse en la terapia, pero ya tienen bastante con hacer de padres o de la figura familiar que sea", comenta.

La anorexia alcanza en 2013 las cifras más altas de incidencia

Desde la perspectiva de las familias, Mari Carmen Galindo, presidenta de ARBADA, subraya también la importancia de esa "alianza con el profesional", clave para unos padres que no pueden ser terapeutas de sus hijos, pues en muchos casos arrastran el sentimiento de culpa que la enfermedad genera. "Los padres siempre somos bienintencionados; queremos a la persona que tenemos al lado, pero nadie es perfecto y nos podemos equivocar. Para poder apoyarles, hay que entender la enfermedad, que cuesta mucho, en lugar de querer curarla", aconsejan desde Arbada, asociación que lleva 20 años al lado de las familias luchando contra una enfermedad para la que ?aseguran?"siempre hay una puerta abierta".

Para prevenir la aparición de trastornos como la anorexia o la bulimia, Galindo aconseja favorecer la autoestima de los jóvenes, pero sin premiar o fomentar nunca la delgadez ni hablar mucho de comida cuando están enfermos; además, conviene alejarlos de aquellas dietas que hagan por su cuenta -puesto que no conducen a nada- y estar dispuestos a recurrir a la ayuda de un profesional. "La anorexia es una enfermedad que necesita mucha ayuda. A estas personas hay que darles habilidades para afrontar la situación, aun en tiempos de desesperanza que ves que no avanzan... A través de las asociaciones, siempre van a tener ese apoyo emocional que muchas veces necesitan para mantener a veces incluso la cohesión familiar", insiste Galindo al hablar de la importancia que tiene la actitud del entorno en el proceso terapéutico de la enfermedad. "El avance en la curación es mejor o peor en función de la actitud que uno tenga, y lógicamente eso los médicos no te lo pueden dar. El apoyo a las familias lo damos desde las asociaciones", reivindica Galindo.

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