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  • Paloma de Yarza López-Madrazo

La Princesa, Aragón y España

La Princesa, Aragón y España
La Princesa, Aragón y España
EFE

Es una feliz coincidencia –aunque no una casualidad– que el mismo día, el Doce de Octubre, en el que los aragoneses renovamos cada año una de nuestras tradiciones más queridas y arraigadas, la devoción a la Virgen del Pilar, con una multitudinaria Ofrenda de Flores, sea también el día de la Fiesta Nacional de España.

Esta superposición de las dos festividades, la zaragozana y aragonesa y la española, bien podría servir como muestra y resumen de la personalidad colectiva con la que Aragón se inserta en el seno de nuestra nación, con una identidad propia y bien definida a través de la historia, pero que encaja perfectamente y sin roces ni recelos en la identidad común de todos los españoles.

Hoy es, por lo tanto, día grande en Zaragoza, al que se une todo Aragón, y día grande también en el conjunto de España. Pero además, las celebraciones adquieren en esta ocasión un brillo y un sentido muy especiales, porque estamos viviendo el momento histórico en el que la futura reina de España, la princesa Leonor, se compromete solemnemente con nuestra patria y con la defensa del ordenamiento constitucional que enmarca la democracia y garantiza la convivencia, el bienestar y el progreso de los ciudadanos. No es exagerado decir que este octubre es el mes de Leonor. El sábado pasado, el mismo día precisamente en el que comenzaban las Fiestas del Pilar, la hemos visto jurando bandera en una ceremonia castrense que se desarrolló con absoluta precisión. Hoy mismo, estará presente junto a los Reyes, vestida con uniforme militar, en la tribuna que presidirá el desfile con el que se conmemora en Madrid la Fiesta Nacional. El próximo día 20, en Oviedo, entregará como ya es habitual los Premios Princesa de Asturias, un contacto con lo mejor de la cultura y de los valores humanos. Y el 31, el día en que cumplirá 18 años alcanzando la mayoría de edad, doña Leonor jurará, como heredera de la Corona, la Constitución ante las Cortes Generales, que representan la soberanía, indivisible, de nuestra nación.

Los aragoneses, que hemos acogido con ilusión y cariño la presencia de doña Leonor en Zaragoza, tenemos la posibilidad de acompañar muy de cerca a quien un día será reina en una parte del camino que tiene que recorrer para estar preparada, cuando llegue el momento, para ejercer tan alta responsabilidad. Puedo dar fe de que, el sábado, en el patio de armas de la Academia General Militar se vivió el acto de la jura de bandera con una profunda emoción. Sin duda todos los presentes comprendían la trascendencia de lo que allí estaba ocurriendo, se estaba anunciando el futuro de España, un futuro al que todos queremos mirar con esperanza y optimismo. Emocionados estaban, en primer lugar, los propios reyes. Y doblemente, como reyes y como padres que podían sentirse orgullosos de la actitud demostrada por su hija. Los primeros planos que ofrecía la retransmisión televisiva lo decían todo.

Me consta que la Princesa se ha entregado sin reservas a la tarea que supone su formación militar; duro empeño, sobre todo en los meses iniciales. Al igual que sus compañeros, ha asumido con dedicación y con buenos resultados el esfuerzo de la disciplina, del estudio y de la práctica. La formación que reciben los militares españoles tiene un elevado nivel académico y un alto grado de exigencia física. Lo sabemos bien en Zaragoza, donde la Academia General Militar es un centro estrechamente vinculado a la vida de la ciudad. Y doña Leonor está superando brillantemente la prueba, como sin duda lo hará después en las academias de la Armada y del Ejército del Aire y del Espacio, y más adelante en sus estudios universitarios.

Como mujer soy consciente del gran avance que las últimas décadas han supuesto en nuestro país para la igualdad, pero también de las dificultades y obstáculos que todavía encuentran las mujeres en la vida social y profesional. Y en este sentido, me alegra ver el futuro representado en esta joven que se esfuerza y se prepara para demostrar su valía. La formación militar de los príncipes herederos es habitual en otras monarquías europeas, el ejemplo más notorio quizás sea el de la Casa Real británica. Aunque, a veces, si la heredera es una mujer puede ocurrir que esa formación castrense sea de menor duración e intensidad que si se trata de un varón. Es sin embargo un acierto y una muestra de coherencia que doña Leonor vaya a seguir prácticamente punto por punto, salvo las lógicas adaptaciones que han experimentado los currículos, el mismo programa de tres años que cursó en su día su padre, el rey don Felipe, con un curso completo en las academias de cada uno de los tres ejércitos. Se mantiene así la tradición que marcaron don Juan Carlos y don Felipe. Y se hace honor al apartado del artículo 62 de la Constitución que establece que al Rey, o a la Reina, le corresponde "el mando supremo de las Fuerzas Armadas".

La Constitución, que la Princesa juró el sábado "guardar y hacer guardar", sus valores y principios son una referencia constante en las palabras del Rey, y la guía de su comportamiento. Porque la Corona y la Constitución van de la mano. La democracia española, el "Estado social y democrático de derecho" que nos dimos los españoles y que nos ha proporcionado los mejores años de nuestra historia, se configura como una monarquía parlamentaria. Y está bien recordar que hoy forman parte de la Unión Europea, además de España, otras cinco monarquías parlamentarias, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Dinamarca y Suecia, y que las tres primeras estaban entre los seis socios fundadores de la Unión en 1957. Nuestro régimen político camina por tanto en paralelo a algunos de los países más avanzados del mundo económica y socialmente. Y podemos sentirnos satisfechos de aquella Transición que dio a luz el pacto constitucional y del camino que hemos recorrido después en paz y en libertad.

En la alocución que dirigió a los cadetes y a la Princesa de Asturias en la Academia, el Rey subrayó el significado de la Corona como símbolo de la unidad y permanencia de España. A ese mensaje de unidad podemos y debemos sumarnos gustosos la mayoría de los aragoneses, que, sin renunciar a nuestras reivindicaciones, nos sentimos sin duda partícipes del edificio institucional de la España democrática. Y que por ello nos congratulamos de la presencia de la Princesa entre nosotros y celebramos hoy, con alegría, el Día del Pilar y la Fiesta Nacional de España. ¡Feliz día a todos!

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