Opinión
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Capacidad de aguante

Pedro Sánchez fotografiado durante un mitin en Galicia.
Pedro Sánchez fotografiado durante un mitin en Galicia.
Lavandeira / Efe

Estoy asombrado por la capacidad de aguante que tiene nuestro presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Ya firmó aquel ‘Manual de resistencia’, que declaraba algo así como que la tenacidad y la paciencia logran cualquier objetivo que te propongas; y la verdad es que este buen señor está demostrando, pese a las rigideces faciales que a veces no puede ocultar, que tiene unas condiciones excepcionales de supervivencia, lo que le acredita como un político duro, eficaz y autosuficiente.

Ahora negocia con empeño conseguir los votos necesarios para ser investido de nuevo presidente del Gobierno, y se faja con entusiasmo con sus oponentes. Y con ellos se produce el intercambio propio de los políticos, fundamentado en aquel aforismo del derecho romano: ‘Do ut des, facio ut facias’ (Te doy para que me des; te hago un favor para que me hagas otro). Dicho en román paladino, tú me das tus votos y yo te doy más pasta en los presupuestos, lo que ocurre con los del PNV; o te cambio tus votos por una vicepresidencia y un par de ministerios, lo que sucede con Sumar; o asumo la agenda canaria a cambio de tu único voto… Y así sucesivamente. Y hasta cierto punto, esto sería comprensible en el mercado persa de la política. En esas negociaciones es obvio que haya tiras y aflojas, y tensiones, y que habrá que tener una buena dosis de paciencia y aguante para cerrar al final los pertinentes acuerdos.

Pedro Sánchez sabe que no está ante un callejón sin salida, que hay otras opciones para poner sobre la mesa de la gobernación del país

Pero hay casos en que las cosas no son así. Los nacionalistas catalanes, conscientes de su fuerza, no negocian como los demás. Van subiendo poco a poco el precio de sus votos, se regodean con la constante humillación, vetan a los negociadores, se les va la boca en bravatas (que quizá incumplirán) y en términos castizos pretenden ‘torear’ al presidente. Entretener al personal y a la prensa y ofrecer un penoso espectáculo al país. A pesar de su irrelevancia como fuerza política significativa.

Y es ahí donde yo veo los límites del aguante de Pedro Sánchez, al que atribuyo algo de dignidad personal. Creo que llegará un momento en que deberá pensar en parar los pies a quienes tiran tanto de la cuerda, a quienes llevan al límite del cachondeo su posición negociadora. A quienes convierten en caprichos los contenidos de sus demandas y los cambian en función de las veleidades de un personaje prófugo que está posiblemente disfrutando con esta sesión de marionetas.

Por su propia dignidad
y la de todos los españoles debería poner fin a su aguante

Pedro Sánchez sabe que no está ante un callejón sin salida; que hay otras opciones para poner sobre la mesa de la gobernación del país y por su propia dignidad, y la de todos los españoles a los que pretende gobernar, debería poner fin a su aguante. Que es mucho y respetable; pero depender de esa manera de algunos personajes sin duda deteriora su condición de estadista. Sí que sería un gesto de estadista ponerlos en su sitio.

A ver si el señor Sánchez se decide a poner fin a su férreo aguante. Sería de agradecer.

(Puede consultar aquí todos los artículos escritos en HERALDO por José Luis de Arce)

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