Director de HERALDO DE ARAGÓN

Entre presidentes

El relevo en el poder debe hacerse con responsabilidad.
El relevo en el poder debe hacerse con responsabilidad.
BMC

Uno de los más complicados relevos presidenciales en Estados Unidos fue el protagonizado por el demócrata Barack Obama y el republicano Donald Trump. Guiado por un estricto protocolo, el traspaso de poderes ofreció un encuentro fotografiado en el Despacho Oval en el que Obama insistió en su intención de "hacer todo lo que podamos para ayudarle (a Trump) a tener éxito, porque si usted tiene éxito, el país tendrá éxito".

En el complicado tránsito que implica saber marcharse y acertar con la mejor forma de llegar, la generosidad siempre actúa como una buena consejera. Los políticos entran y salen y los nombres propios, pese a los posibles éxitos cosechados, se olvidan fácilmente. Permanecen las instituciones, que sufren un desgaste en su reputación cuando ganadores y perdedores se atascan en el umbral de la puerta. Hace unos pocos días, el aún alcalde socialista de Huesca, Luis Felipe, anunciaba que tras la derrota electoral recuperaría sin mayor dilación su puesto de funcionario. Confirmó que perder unas elecciones y alargar el duelo no resulta de gran ayuda, como tampoco lo hace creer que debajo de todas y cada una de las alfombras de un ayuntamiento se esconde un escándalo.

Todo traspaso de poderes, si se acepta la responsabilidad que exige no dejar vacíos los cajones de los despachos, requiere un detallado procedimiento que normaliza el relevo

La inmediata convocatoria de las elecciones generales del 23-J sirvió para que muchas de las decisiones de renuncia que se tomaron la noche electoral quedasen aplazadas. Pedro Sánchez entendió rápidamente que a la derrota en las municipales y autonómicas no podía sumarse la marcha de más de un referente socialista. Perder entra siempre dentro de lo previsto, pero escoger la forma de marcharse, de aceptar el final de un ciclo, también puede reportar más de una ventaja.

Con la derrota de Javier Lambán, el PSOE aragonés abre la puerta a la renovación. Al margen de cuál será el destino del todavía presidente en funciones, la consecuencia más inmediata es su indiscutible pérdida de poder institucional. Su peso, pese a la lealtad y control interno demostrados por los suyos en la polémica por las listas electorales de Zaragoza y Teruel a las generales, se expresa muy rebajado. Las tensiones sostenidas con Pedro Sánchez ya han perdido esa condición. Ahora, si Ferraz quiere cambiar las listas electorales porque no gustan o porque, sencillamente, no se ajustan a sus deseos –tal y como ocurrió el pasado viernes– se modifican y en paz. Las renuncias de los candidatos, el malestar territorial y hasta el cabreo con la dirección del partido sirven ahora de bien poco. Los gestos, aunque se produzcan en un momento tan delicado como es el del cierre de las listas, carecen de peso al provenir de quien ha perdido las elecciones, de quien se ha mantenido distanciado durante la legislatura. A ojos de la dirección del partido la condición de barón, con la que había que convivir y tolerar, se ha perdido y ahora solo se ve a un díscolo. Nada hay que discutir y mucho menos que explicar. Las posturas domésticas se han convertido en irrelevantes y no guardan comparación. Así, mientras Lambán piensa en su relevo o en dejar las cosas mínimamente atadas, Moncloa se muestra afectada por la preocupación que implica ganar las próximas elecciones.

Saber marcharse es tan importante como acertar con la manera de llegar

Este deseo de pilotaje adquiere una condición extemporánea, ajeno por completo al proceso de marcha ordenada que debería emprender una generación de políticos socialistas que durante dos legislaturas ha servido a la Comunidad. Se desmonta una etapa en Aragón cuya profundidad solo se conocerá cuando se recuenten las papeletas del 23-J.

La entrada y salida del Pignatelli –un traspaso de poderes en el que el PP dice haber encontrando la colaboración de los consejeros de CHA, PAR y Podemos– confirma el choque de personalidades políticas entre Jorge Azcón y Javier Lambán, al tiempo que refleja la fuerte presencia de la clave nacional en todas y cada una de las negociaciones abiertas. Poco hay que innovar en un relevo de esta naturaleza, para ello está la Ley del Presidente, pero este cambio exige de una especial lealtad porque, en virtud de los resultados que han ofrecido las urnas, es más que probable que a lo largo de la legislatura haya que echar mano de esa misma colaboración.

(Puede consultar aquí todos los artículos escritos en HERALDO por Mikel Iturbe)

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