Opinión
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Nosotros también folgamos

Telmo Irureta recibió el premio Goya al mejor actor revelación.
Telmo Irureta recibió el premio Goya al mejor actor revelación.
María José López / Europa Press

De “Los poderes públicos realizarán una política de previsión, tratamiento, rehabilitación e integración de los disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos” a “Los poderes públicos realizarán las políticas necesarias para garantizar la plena autonomía personal e inclusión social de las personas con discapacidad”, va un buen trecho.

 ¿Irá lo mismo del discurso al hecho? Los ciudadanos con diversidad funcional, movilidad reducida o capacidades diferentes, lo somos hoy plenos en derechos y deberes. Nada que ver con el artículo 49 de la Constitución española de 1978, cuando todavía nuestra democracia se encontraba en mantillas.

Tullido, inválido, subnormal… explícito este último en el certificado de minusvalía y en el libro de familia numerosa de mi generación. ¿Tan abuela cebolletas soy? Ahora hay empatía, igualdad absoluta y voluntad a ponerse en los zapatos del otro, de los políticos a los actores. Ahí estuvo por ejemplo Pedro Sánchez, jugando a la petanca o al balonmano en silla de ruedas, uno más entre todos si no fuese… Su estatus es más elevado y no tendría problemas de recursos ni de asistencia, llegado el caso. ¿Nos la quiere dar con caramelos?

Y hablando de paridad, como lo último y más progre parece que es no llevar sostén, Pablo Echenique ha declarado que él tampoco lleva… Y Telmo Irureta, flamante Premio Goya al Mejor Actor Revelación por “La consagración de la primavera” – ¿en homenaje a la obra musical de Igor Stravinski?--, licenciado en Magisterio y aspirante a Psicología, desataba la polémica en torno a la sexualidad de los grandes dependientes: “Nosotros también existimos y nosotros también follamos. Brindemos hoy por un cine más inclusivo y con cuerpos de todo tipo”.

Folgar, holgar, ayuntar, copular, cohabitar, yacer, unirse, aparearse, cubrir… El español es lo suficientemente rico y amplio como para salirnos de la norma de lo políticamente correcto. Y si hablamos de visibilidad, ¿por qué no incluir el extenso abanico de claroscuros de la vida?

Vale, el sí es sí o la ley trans. ¿Y los niños con síndrome de Down, sin derecho ni siquiera a nacer? Ellos también sonríen, juegan, aman, se educan, se conocen, desarrollan un empleo digno, son padres y madres, profesores, actores, si les damos la oportunidad. ¿Hasta cuándo café solo para unos pocos?

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