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Sartenes urbanas

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 22/06/2022 A LAS 22:00
Sartenes urbanas
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Heraldo

Estos días de calor nos han de hacer pensar. 

El clima ha cambiado y vamos a vivir un verano más que caluroso. Aunque siempre queda la duda, pues no lo sabremos hasta que termine. Puede ser que a final de agosto diluvie y nos pelemos de frío. ¡Quién sabe! Como con todo, los humanos explicamos mejor el mundo después, a posteriori. A priori es más complicado. Y en un asunto como las previsiones meteorológicas los grados de incertidumbre siguen siendo difíciles de controlar en un sentido radical. Nos gustaría tener el botón de las causas de las cosas, darle al termostato y regular la temperatura ambiente. Nos gustaría tener la capacidad de dominar la lluvia y la Naturaleza. Nos gustaría adelantarnos al futuro y saber lo que va a pasar. Ese es un deseo milenario que las tecnologías contemporáneas no han conseguido alcanzar. Si recurrimos a la mitología occidental, Prometeo dio el primer paso robando el fuego a los dioses y domesticando su poder. Ahora, pese a las invenciones, a las innovaciones tecnológicas y a las increíbles conquistas, esta ola de calor nos está mostrando que seguimos siendo mortales e incapaces de domesticar completamente lo que pasa en Gaia, en el Planeta. Nos gustaría domesticar la Vida, por suerte o por desgracia, continúa resistiéndose.

El clima está cambiando y vamos a tener que adaptarnos a olas de calor como la de estos últimos días

Nos sigue resultando atractivo adelantar lo que va a suceder, soñar una meta y alcanzarla. Eso conecta con los estudios de futuro, con la anticipación como disciplina científica… pero también con la adivinación. En ese sentido, si de repente alguien se presenta como taumaturgo capaz de realizar prodigios, nos activa una cierta tensión. Provoca una polarización entre la credulidad y la incredulidad ante la posibilidad de adivinar lo que está por venir. La mera idea de que alguien pudiera definir lo que va a pasar porque ya está determinado genera un saco de controversias. Los quiromantes que leen las manos y despliegan sus artes adivinatorias resultan, para muchos, tan patéticos como los astrólogos que interpretan la carta astral, especialmente para quienes rechazan esos conocimientos como mera superchería. Pero, sin embargo, no deja de tener su atractivo. Y aunque choca con la visión de la libertad humana, con el rechazo al determinismo de la vida individual, sigue teniendo su audiencia y su mercado. Incluso a las personas más escépticas se les produce una cierta irritación cuando alguien alardea de su capacidad para predecir el futuro. La predicción sobre lo que va a pasar es un brindis que sólo podemos comprobar con el paso del tiempo. Mientras tanto, queremos que los diagnósticos médicos tengan los mejores pronósticos y nos digan que nuestras dolencias se van a sanar. Como también queremos que las predicciones sobre el cambio climático se traduzcan en soluciones que nos libren del desastre.

El urbanismo, el diseño de la ciudad y de las viviendas, tendrá mucho que ver con nuestra capacidad de resistir a las altas temperaturas

El calor de este mes de junio muestra que el clima ha cambiado. No sabemos con seguridad hacia dónde vamos. Los datos apuntan a un escenario preocupante y peligroso. Nos toca pensar en el mundo de mañana resolviendo lo que ya vivimos como problema. Nuestras ciudades –Zaragoza como paradigma– se han convertido en ‘sartenes urbanas’. Las plazas duras sin vegetación, sin sombra, llenas de cemento y asfalto se convierten en acumuladores de calor que no se disipa ni en la noche. Sin embargo, el trazado de calles de la ciudad vieja funciona de otra manera. Antes de que nuestras ciudades se hagan inhabitables porque el calor nos achicharra, nos toca buscar en el pasado y en lugares donde el calor es ‘endémico’ qué soluciones aplicar. No tenemos una base de datos que recoja las temperaturas desde que los romanos construyeron Cesaraugusta, no sabemos si hubo tiempos tan calurosos como los actuales, pero sí sabemos que el calor se está convirtiendo en un problema que correlaciona con las formas de urbanismo y con el tipo de viviendas en las que vivimos. Durante muchos siglos la ciudad estuvo trabada por acequias, fuentes y huertas. Eso desapareció el siglo pasado. Ahora, en este siglo XXI, nos toca anticipar soluciones que nos ayuden a sobrevivir al calor. Son varias las políticas públicas y las decisiones individuales que deberemos combinar para sobrevivir al cambio climático, si no lo hacemos es fácil adivinar dónde terminaremos.

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