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Las torres de Andorra

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 11/05/2022 A LAS 05:00
Los recursos pretenden la conservación de la central de Andorra por su valor patrimonial.
Las torres de Andorra
Heraldo.es

Mientras el derribo de la central de Andorra sigue su curso, nada se sabe de la firma del convenio de transición, que debe impulsar la economía de la zona. 

El acuerdo acumula tres años de retraso y el Ministerio sigue sin concretar plazos e inversión.

En enero se desmontó la cinta transportadora de carbón, dentro de la demolición que se inició en febrero de 2021. Un proyecto con un coste de 60 millones de euros, que da trabajo durante 48 meses a unas 140 personas. En el solar se proyecta una planta fotovoltaica de 50 megavatios con una inversión de 37 millones de euros.

El viernes, día 13, se procederá a demoler mediante voladura controlada las tres torres de refrigeración, de 107 metros de altura. Se usará dinamita y en unas horas las torres estarán en el suelo. El remate será la voladura del principal elemento, el más representativo, la gran chimenea de 343 metros de altura. Esta demolición se llevará a cabo en 2023, según la planificación de las obras. Con la chimenea se perderá un símbolo de Andorra, del Bajo Aragón Histórico y de la provincia de Teruel.

Nuestro patrimonio –en los campos cultural, artístico o industrial– debe protegerse para guardar su memoria y su vinculación con los pueblos y comarcas. Las administraciones –municipal, provincial y autonómica y también la empresa, Endesa en este caso–, como protagonistas en la economía de la zona, deberían haber tratado de conservar algún elemento y prever un mantenimiento mínimo que fuera viable. Bastaría la chimenea, el elemento más representativo, para que alrededor de él se pueda recordar lo que supuso para las gentes que allí trabajaron o dependieron de la central.

Desde luego las torres están ya condenadas, pero la petición que se hizo de salvar la chimenea debería hacer reconsiderar la decisión de su derribo en 2023. La térmica ha sido motor de buena parte del empleo en las cuencas mineras y de empleo indirecto generado en el Bajo Aragón. No se entiende que el Ayuntamiento de Andorra no se haya movido para no borrar del todo lo que supuso la central.

Suerte parecida correrá la antigua central de Escucha. Hace unos meses se informaba de que la empresa Repsol va a retomar sus planes para la demolición completa. El Ayuntamiento solicitó en 2020 la suspensión temporal del derribo, pero el alcalde actual ve imposible que se pueda asumir su restauración.

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