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¿Habla la Patria a través de Pedro Sánchez?

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 09/04/2022 A LAS 05:00
¿Habla la Patria a través de Pedro Sánchez?
¿Habla la Patria a través de Pedro Sánchez?
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En el coqueto salón de actos de la Escuela diplomática, en Madrid, destaca un gran escudo de la institución con su lema: "Pro Patria legatione fungimur, tamquam Patria exhortante per nos" (Somos Embajadores de la Patria de tal forma que la Patria os habla a través de nosotros).

Así era durante la época de la diplomacia clásica; los embajadores representaban a su país hasta en los lugares más remotos. Pero desde que los viajes se hicieron rápidos y seguros, a mediados del siglo XX, los jefes de Estado y los presidentes de gobierno han acaparado el protagonismo que tuvieron los diplomáticos en la época de Talleyrand o Metternich.

En este contexto, Pedro Sánchez acudió el pasado jueves a Rabat para reunirse con Mohamed VI y abrir una "nueva etapa" en las relaciones bilaterales a cambio de abandonar la tradicional posición española sobre el Sáhara Occidental. La cuestión es que, en esta ocasión, la Patria no ha hablado a través del presidente del Gobierno, puesto que no cuenta con el respaldo del Parlamento, que es donde reside la voluntad popular. De hecho, ha ignorado la intensa vinculación emocional que, a lo largo de más de medio siglo, la sociedad española ha tejido con el pueblo saharaui. No faltan pruebas, desde miles de familias que han acogido a niños saharauis en verano a magníficos libros como el de Julio Caro Baroja, ‘Estudios saharianos’.

En las relaciones hispano-marroquíes, la Moncloa debe lograr un equilibrio entre el pragmatismo y el idealismo

De la noche a la mañana, sin informar a nadie y a través de una simple carta (hábilmente filtrada por las autoridades de Rabat), Sánchez ha acabado con uno de los pocos consensos que ha mantenido la política española en la etapa democrática. Para justificar tan sorprendente maniobra, ha invocado el realismo político. Proclama que el cambio de posición sobre la que fue colonia española hasta 1975 forma parte de una negociación según la cual Marruecos se compromete a respetar la integridad de Ceuta y Melilla y reforzar el control migratorio de las fronteras. Sin embargo, esto no figura de forma explícita en ningún documento. Cuando viole estos compromisos no escritos, España no podrá reclamar nada. Además, Argelia, país esencial como exportador de gas, ha enfriado notablemente sus relaciones con Madrid.

El presidente del Gobierno ha recalcado en su viaje a Rabat que "nuestra dependencia en todos los ámbitos es una realidad incontestable". Esta viene siendo la estrategia de España desde mediados de la década de los ochenta: el ‘colchón de intereses’, pues se cree que cuantos más lazos tengan en común Rabat y Madrid, menos graves y frecuentes serán las crisis. Sin embargo, los hechos refutan la teoría porque la monarquía alauí ha utilizado constantemente la presión migratoria y la cooperación antiterrorista y pesquera para ‘chantajear’ a Madrid y Bruselas. El balance de cinco décadas de política exterior hacia Marruecos es malo. Ni se ha conseguido una plena y leal cooperación ni se ha solucionado el contencioso del Sáhara.

Entre los intereses estratégicos y el Derecho internacional, porque este, entre otras cosas, garantiza la españolidad de Ceuta y Melilla

Es posible que el Gobierno se haya visto presionado por EE. UU. y la UE para evitar un estallido de conflictividad en el flanco sur de la OTAN justo cuando Ucrania acapara todos sus esfuerzos. Además, Mohamed VI se siente más fuerte desde que el presidente Donald Trump reconoció, en 2020, su soberanía sobre el Sáhara a cambio de que estableciera relaciones diplomáticas con Israel. Entonces presionó a Alemania, que ocupaba la presidencia rotatoria de la UE, y ha logrado también su apoyo. Y Francia siempre ha defendido las tesis marroquíes. Sin embargo, España tiene una responsabilidad histórica como antigua potencia colonial. Por eso, Pedro Sánchez todavía tiene pendiente explicar sus auténticas razones a la opinión pública.

La razón de Estado existe, pero no puede ser la excusa para guardar silencio gubernamental. En política exterior, el Gobierno habla por la Patria, pero para ello debe contar con el respaldo de una ciudadanía bien informada.

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