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la firma

De gusanos y cerdos

Por
  • Ángel Garcés Sanagustín
Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 24/01/2022 A LAS 05:00
De gusanos y cerdos.
De gusanos y cerdos.
Pixabay

Se reconoce a un necio porque, aun cuando le asista algo de razón en un determinado tema, lo suscita en el lugar y momento más inoportunos, perdiendo la batalla dialéctica al instante. 

Es lo que le sucede casi siempre al ministril de Consumo.

El ecologismo urbano genera un veganismo para ricos biempensantes. Para ellos, el medio rural es un ‘collage’, un parque temático o un gran polideportivo. La España despoblada se llena en verano de hedonistas vestidos con chándal. ¿Cómo advertir a estos utópicos de la naturaleza que es imposible abastecer a la Comunidad de Madrid, por ejemplo, pastoreando a cuatro rebaños de ovejas en la limítrofe Guadalajara? ¿Cómo explicar que esos rebaños apenas dan para comer a las familias que los pastorean y que es imposible resucitar la Mesta?

El panteísmo de los papanatas les hace ver la esencia divina en los ríos, aparentemente vírgenes, pero repletos de los excrementos de esa ganadería extensiva que veneran. Cuando su incauta concepción del mundo les excita a beber de esas aguas, engañosamente cristalinas, terminan padeciendo cagaderas que recordarán toda su vida.

El ecologismo urbano genera un veganismo para ricos biempensantes

Comer carne es para algunos un acto de canibalismo, para otros una forma de aprovechar esas proteínas que han permitido que nuestro cerebro creciera y nos hiciera ‘sapiens’. Para muchos, tanto partidarios como detractores del consumo de carne, todo es un lucrativo negocio.

Algunos dirigentes de la izquierda están más preocupados por frenar el cambio climático que por impulsar el cambio social. Todas sus iniciativas políticas suponen un atentado a los intereses de la clase trabajadora. Idearon Madrid-central para que quienes habitan los barrios obreros no puedan acceder con sus coches viejos o de segunda mano al centro de Madrid. Atacan la energía nuclear y la industria gasista y nos colocan entre los principales pagadores de ‘impuestos climáticos’, mientras el recibo de la luz sube a niveles inexplicables. Siempre me he preguntado qué falló en el desastre de Chernóbil. ¿Fue la energía nuclear o la impericia del régimen soviético, ya en descomposición?

Y, por cierto, con el horizonte puesto en evitar que el incremento de la temperatura supere los 1,5 grados al final de este siglo, dónde se halla y quién controla el termostato del planeta actualmente. ¿No será China?

Ahora les toca a las macrogranjas. Habrá que preguntarse dónde se encuentra la mayor macrogranja del mundo. Pues bien, se trata de una megagranja (lo de macro se queda corto) cerca de Nanyang y alberga 84.000 cerdas y sus crías, con objeto de producir más de dos millones de gorrinos al año. ¿Se sabe, acaso, que durante los primeros nueve meses del pasado año se incrementaron las ganancias de Muyuan Foods, la empresa china que la gestiona, en un 1.413%? Es muy fácil disparar el beneficio, cuando tienes desplegados centenares de quintacolumnistas en Occidente que te laminan la competencia.

Para ellos, el medio rural es un ‘collage’, un parque temático
o un gran polideportivo

‘I have a wet dream’. Sueño que Alberto Garzón no solo pone de manifiesto su lucha contra el cambio climático, sino que se pone de manifestación y acude, por fin, al país más contaminante del mundo, a China. Le acompaña Greta, la enfurruñada activista que siempre viaja hacia Occidente, y nunca hacia Oriente. Encaran la entrada a la plaza de Tiananmén portando una pancarta contra el gobierno chino. Han comprendido que, si los problemas son globales, las manifestaciones han de convocarse allí donde más se perjudica a todos. Una línea de policías, con disciplina militar, les espera. Suena el primer disparo al aire. Me despierto sobresaltado. Compruebo que no hay prevista ninguna manifestación contra el cambio climático al este de Kiev. Respiro tranquilo.

Enciendo la radio y alguien propone una alternativa al consumo de carne, comer gusanos, que pronto será signo distintivo del buen yantar. Ignoro si deberán ser acompañados con un buen vino tinto o con un blanco de ‘rueda de molino’. No deja de ser una reveladora metáfora de nuestro tiempo, tan innovador como putrefacto. La vida es un carnaval.

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