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La izquierda snob y burguesa

Por
  • Gonzalo Arguilé
OPINIÓNACTUALIZADA 08/01/2022 A LAS 05:00
El ministro de Consumo, Alberto Garzón
El ministro de Consumo, Alberto Garzón
A Pérez/EP

Cuando los excedentes agrícolas parecían ser el gran problema del comercio mundial de alimentos, casi 1.000 millones de personas padecían malnutrición y más de 3 millones de niños morían de hambre. Yo afirmaba con rotundidad, sin demasiado eco mediático, que: «En el mundo no sobran alimentos, lo que sobra es hambre». A las autoridades de los países desarrollados, caminando en la dirección equivocada, les obsesionaba el presupuesto dedicado a destruir ‘excedentes’ y a subvencionar la retirada de tierras de cultivo. Los países de la opulencia se ponían una venda en los ojos y unos tapones en los oídos, para ignorar el drama del hambre en el mundo, y no querían ver que el problema no era la producción, ni los excedentes sino la distribución.

Después de tres décadas, de forma sórdida, aquella preocupación por el ‘exceso’ de producción ha desaparecido. ¿Es que se produce menos? No, se produce más. ¿Entonces, qué ha ocurrido con los excedentes? Pues, sencillamente, la producción agrícola ha sido ha sido incorporada, al truculento mundo de la especulación bursátil. Hoy, los precios de los alimentos básicos no están sujetos a una buena o mala producción, sino a la variación de los precios del petróleo. Con lo cual, la erradicación del hambre es todavía más difícil.

Este indecoroso cambio ha adulterado la racionalidad de la oferta y la demanda. Hoy, se da la paradoja de que un año de buena cosecha los precios pueden subir y, en sensu contrario, que en una mala añada los precios bajen. Desde luego, a los países productores les ha venido Dios a ver. Sencillamente porque por arte de birlibirloque especulativo los alimentos ya forman parte de un mercado especulativo bursátil. ¿Y el hambre en el mundo? ¡Ah, eso da igual! Pero la malnutrición sigue en cifras escalofriantes: En torno a 800 millones de personas pasan hambre y 2,5 millones de niños mueren de hambre en este precioso planeta.

Un escalofriante mundo real en el que a pocos les preocupa erradicar el hambre, ni haber desnaturalizado el comercio agrícola en favor de la especulación bursátil. Sin embargo, personas relevantes, supuestamente de izquierdas, ignorando esta cruda realidad, se atreven a poner en cuestión la producción de alimentos de su propio país, la calidad de los mismos y la bondad de los alimento orientados a la exportación.

Para el Sr. Garzón, parece ser que su prioridad es reducir la dieta per cápita de carne y disminuir la cabaña ganadera, suprimiendo la que está en régimen de estabulación, parece ser, culpable esta realidad, de enfermedades, contaminación de ‘su’ planeta y del sufrimiento de los animales de granja. Pero, ¿cómo puede pensar alguien de izquierdas en reducir la producción y la exportación de carne o de cualquier otro alimento por no estar sujeto a sus cánones o valores personales?

Naturalmente, este falso y profano discurso tiene eco, sobre todo entre los ‘urbanitas’ bien situados. Personas con rentas suficientes que buscan el producto caro para procurar por ‘su’ salud y la de ‘su’ planeta, que eso está muy bien, no cabe duda, pero, entre tanto, mucha más gente con recursos escasos, persigue en las estanterías los productos de oferta para poder llegar a fin de mes.

La dieta per cápita de carne en España está en torno al 38%, por supuesto por debajo de Francia y Alemania y muy por debajo de Argentina. Y estos ejemplos los pongo con absoluta reserva, sí, porque en el régimen anterior, se decía que cada español se comía medio pollo a la semana, cuando la realidad era que, el 50% de los españoles se comía un pollo entero y la otra mitad no veía esta gallinácea ni en pintura. Por otra parte, es bien sabido, que la carne nos aporta hierro y proteína para un buen desarrollo. Y no estaría de más que el Ministro de Consumo hiciese un comparativo de la alimentación de los españoles en los años duros del franquismo con, por ejemplo, la primera década de este siglo. Si lo hace comprobará de manera diáfana que en los hogares españoles la salud, la nutrición y la longevidad de los trabajadores era mucho peor que lo es en la actualidad. Pero, aun hoy, su estatus económico y burgués, el suyo Sr. Garzón, comparándolo con el estatus de gran parte de españoles que, o están en paro o ganan un salario por debajo de los 800 euros, es infinitamente superior. Eso a usted no le debería impedir ver la realidad del hambre como un factor de 1º orden en las prioridades de un político de izquierdas.

Deje el esnobismo de una ideología equivocada y piense más en esa frase tan acertada que dice: «Si no vives como piensas al final terminas pensando como vives». Es una pena pero es lo que a usted le ocurre, y a alguno más como usted, que no ven un pimiento rojo más allá de la nariz, pero con lo que dicen hacen mucho, mucho daño.

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