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en nombre propio

Las diez mil horas

Por
  • Javier Sebastián
Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 11/11/2021 A LAS 05:00
Trump
'Las diez mil horas'
Agencias

Es sabido que cualquier persona que dedique 10.000 horas a una actividad acabará siendo un virtuoso en lo que se proponga. 

Repostería, canción ligera, alta costura o mecánica del automóvil. Da igual. Un virtuoso. Es una teoría del sociólogo canadiense Malcolm Gladwell. La única condición es que no haya un impedimento específico para conseguirlo. De todos modos, teniendo en cuenta que nuestra queridísima y flamante premio Princesa de Asturias de los Deportes, Teresa Perales, ha conseguido ya 27 medallas paralímpicas, igual hay que poner lo del "impedimento específico" en duda. Un ejemplo de tenacidad y alegría, no conozco una foto suya en la que no salga sonriendo. En cambio, para ser un virtuoso de la estupidez estoy convencido de que no hacen falta 10.000 horas de entrenamiento. Algunos vienen así de fábrica. Con sacarlos de la caja, ya empiezan a comportarse como especialistas en la pendencia. En la necedad.

¿Se acuerdan de ese mandatario norteamericano de rubio flequillo y verbo hostil que atemorizaba hasta a su propia gente? David Graham escribía hace unas semanas en ‘The Atlantic’ que el mundo no está preparado para una segunda presidencia suya. Porque su intención es volver. Cientos de seguidores suyos se reunieron hace poco en Dallas para asistir a la resurrección del hijo de Kennedy, que iba a lanzar su candidatura para las próximas elecciones. Lo que oyen. Ese es el nivel. Y se llama Donald J. Trump.

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