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Pongamos que hablo del Reino Unido

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 10/11/2021 A LAS 05:00
'Pongamos que hablamos del Reino Unido'
'Pongamos que hablamos del Reino Unido'
Heraldo

En 2019, por primera vez en la historia del Reino Unido, la clase social dejó de ser un buen indicador de preferencia política. 

Y es que en las elecciones de aquel año tanto conservadores (‘tories’) como laboristas resultaron estar similarmente representados dentro de la clase media y la clase trabajadora, cada una de las cuales agrupa, aproximadamente, a la mitad de la población del país. La diferencia ya no la marca la clase social, sino la edad y el nivel educativo. Los simpatizantes conservadores son, por término medio, de mayor edad que los laboristas y obtienen sus votos, sobre todo, entre los electores de nivel educativo más bajo.

Los dos partidos principales dirigen ahora una atención similar a todas las clases sociales, a todos los estratos socioeconómicos, lo que ha propiciado que en su interior convivan orientaciones ideológicas muy distintas. Así, los ‘tories’ tienen un alma liberal, partidaria del libre comercio, de la desregulación, y un alma conservadora, proteccionista y centrada en las tradiciones nacionales. Así, Margaret Thatcher era liberal, mientras que los que impulsaron el ‘brexit’ son conservadores proteccionistas. Aunque existe una solidaridad política básica entre ambos sectores, en multitud de problemas prácticos se decantan por soluciones distintas, lo que no facilita el mantenimiento de la cohesión interna del partido.

Algo similar ocurre con los laboristas. Históricamente, el ‘Labour Party’ siempre estuvo muy próximo a los sindicatos y representó de manera prioritaria los intereses de la clase trabajadora, mayoritaria en las zonas industriales y mineras del norte de Inglaterra, de Escocia y del sur de Gales. Esta identidad ‘obrera’ del partido se ha visto muy debilitada durante las últimas décadas y debe ahora convivir con una orientación de ‘nueva izquierda’, próxima a la mentalidad y aspiraciones de las clases medias, de los graduados universitarios y de los jóvenes. El laborismo histórico estaba centrado en la defensa de los derechos económicos y sociales de los más débiles, mientras que gran parte del laborismo actual presta mayor atención a cuestiones culturales, como las identidades minoritarias o la transición ecológica.

Las preferencias políticas de los británicos han dejado de corresponderse con las
clases sociales; ahora son más complejos los factores que las determinan

Los laboristas no pueden contar ya con un núcleo duro de votantes que vayan a estar a su lado en cualquier circunstancia, lo que complica bastante el trabajo de sus estrategas. Por otra parte, su preocupación por cuestiones identitarias, imprescindible para acercarse a nuevos grupos de votantes, les está haciendo pagar un importante precio político, sobre todo en Escocia. Los laboristas controlaban en 1987 más de los dos tercios de los escaños escoceses en el parlamento de Westminster y en estos momentos conservan tan solo uno. Con su discurso en defensa de las identidades minoritarias, el laborismo moderno ha erosionado su base tradicional en Escocia y ha contribuido a normalizar el discurso nacionalista del SNP.

Enfrentados a similares problemas, parece que de momento los conservadores los gestionan mejor, aunque, en perspectiva, sean los laboristas los que pueden tener ventaja. En un país cada vez mejor educado, el porcentaje de graduados universitarios tiende a crecer. Y, por causas biológicas, los mayores de hoy, que votan en su mayoría por los conservadores, irán poco a poco desapareciendo. Claro que nadie garantiza que el elector moderno sea tan fiel a un partido como lo era el de hace unas décadas. Podría ser que también en el Reino Unido de nuestros días se verificara el aforismo atribuido (falsamente) a Churchill: "El que no es de izquierda a los veinte años no tiene corazón, pero el que a los cuarenta lo sigue siendo no tiene cerebro".

Lo que complica la vida y las estrategias de los dos partidos principales

El futuro nos traerá la respuesta. Philip Collins, antiguo escritor de discursos de Tony Blair, sostenía recientemente que "si el partido laborista no es visto como económicamente competente o esencialmente patriótico no va a ganar nunca". Y ese parece haber sido el problema desde el final del ‘New Labour’ de Tony Blair y Gordon Brown: el electorado no ha llegado a confiar en los sucesivos líderes laboristas como posibles gestores de la economía británica ni como defensores a ultranza de los intereses del Reino Unido y de sus ciudadanos. Es evidente que Collins, un moderado dentro del laborismo, emplea el argumento de manera utilitaria en apoyo del nuevo líder del partido, Keir Starmer, pero eso no quiere decir que se equivoque.

El Reino Unido está físicamente separado del continente europeo, pero no es ni tan distinto ni tan distante. Los fenómenos que con tanta claridad estamos observando en el Reino Unido son también visibles en otros muchos países de nuestro entorno. Y no digo más...

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