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Perder y ganar el centro

OPINIÓNACTUALIZADA 31/10/2021 A LAS 05:00
Aliaga se reafirma como líder del PAR y vence por 20 votos de diferencia
'Perder y ganar el centro'
Javier Belver

Chirría el PAR rompiendo su gozne mientras Ciudadanos sufre los rigores de una intensa falta de tradición política en el seno de su organización. 

La coincidencia o una caprichosa oportunidad quiso que las dimisiones de las juntas directivas de las tres agrupaciones de Zaragoza arruinasen el discurso que tenía preparado su coordinador autonómico, Daniel Pérez. Ante el desmoronamiento del aragonesismo conservador, escenificado en un disparatado congreso del PAR, Ciudadanos pensó que contaba con la oportunidad de mostrarse como el partido liberal de centro que describen en su relato: una alternativa al aragonesismo o, quizá, un elemento complementario para ensanchar y blindar el espacio del centroderecha gracias a la constitución del Partido Aragonés de la Ciudadanía. No pudo ser y no será. El fuego se propagaba en casa propia y quienes prendían la mecha eran los mismos que se guarecían bajo la techumbre. Ciudadanos y el PAR perdían el discurso del centro por incomparecencia y por no alcanzar a comprender lo mucho que se jugaban.

Los autodefinidos partidos de centro atraviesan por un mal momento político. La bisagra, convertida en una pieza moduladora, ha terminado por estropearse

Como en todas las tramas con algo de intriga, la intencionalidad de esta pretendida inestabilidad en Ciudadanos salta las fronteras aragonesas y se eleva hasta alcanzar al ex secretario de Organización de Ciudadanos, Fran Hervías, hoy en las filas del PP, y dispuesto a destrozar, según sentencian desde el partido, lo poco que queda de una formación que lo vio crecer. Puede que los intentos de reconstrucción de los naranjas sean motivo de preocupación entre los populares, aunque ante un mapa con tan extraordinaria fragmentación estabilizar los acuerdos, como el que sostiene al gobierno del Ayuntamiento de Zaragoza, cobra más sentido que cualquier deseo de aniquilación.

La realidad es que el centroderecha se desvanece en Aragón. El congreso del PAR, pendiente aún de la decisión que adopten los tribunales, escenificó, aunque con un exceso de teatralidad, el final de una época. El papel político intermedio en el que se habían instalado los aragonesistas, moderador de gobiernos a izquierda y derecha –una evidencia que ha inclinado a la Comunidad hacia el permanente ejercicio del pacto–, se considera herido. Se fractura el PAR por su falta de liderazgo y también por la ausencia de un modelo político reconocible. La alternativa, aquella esgrimida por Ciudadanos, se pierde igualmente por una tendencia nacional que ha terminado por sacar al partido del foco electoral después de que Albert Rivera renunciase a aceptar las responsabilidades de gobierno.

Cree el bipartidismo aragonés que ante tamaño descalabro tiene ante sí un nuevo florecer. Se equivoca parcialmente en la apreciación. La evidencia de las encuestas describe que la fragmentación continuará y que los pactos deberán mantenerse con otros actores que tirarán con fuerza hacia los extremos. Le costará mucho más a PSOE y PP alcanzar acuerdos con los nuevos minoritarios que con el PAR y Ciudadanos y, más aún, sostener un patrón de moderación que satisfaga al votante al que le gusta sentirse de centro.

Chirría y ha perdido la agilidad del pasado corriendo el riesgo de difuminarse

Sin un Ciudadanos musculado y con un PAR dividido, y ambos, a su vez, aquejados por el mal de la contienda interna, PSOE y PP tenderán a ensancharse por el centro. Ambas formaciones ya practican esta gimnasia con regularidad, aunque el centro no es tanto una apuesta estratégica o ideológica como una oportunidad política que se sustancia tras unas elecciones. El PP, en cualquier caso, tiene claro que el centro existe y puede ganarse. El traslado del testigo del liderazgo popular en Aragón de Luis María Beamonte a Jorge Azcón, sostenido en un crecimiento en la intención de voto que recoge la demoscopia, confirma la apuesta por la percepción de un espíritu centrista que tratará de arañar el mayor número de votos.

La deriva del PAR, pese a todo, muestra una obstinada tendencia a la baja de difícil rectificación. El presidente Javier Lambán, principal respaldo de Arturo Aliaga, cree haber salvado al cuatripartito evitando la crisis de gobierno que de ganar el congreso le hubiera reclamado Elena Allué, pero lo que perdió el aragonesismo la semana pasada fue, sencillamente, su credibilidad y capacidad de arrastre electoral como fuerza de centro. 

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