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Barrenderos

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  • Ángel Garcés Sanagustín
OPINIÓNACTUALIZADA 26/10/2021 A LAS 05:00
'Barrenderos'
'Barrenderos'
Heraldo

Emil Zátopek obtuvo tres medallas de oro para Checoslovaquia en los Juegos Olímpicos de Helsinki, celebrados en 1952, por lo que se le considera el mejor atleta de carreras de fondo de la historia. 

En su último libro, Fernando Sanmartín recuerda que le otorgaron el grado de coronel, pero su posicionamiento a favor de la Primavera de Praga hizo que lo degradaran y enviaran a unas minas de uranio. Después de seis años y tras retractarse en público, le permitieron regresar a casa como barrendero. Cuando la gente lo reconocía le ovacionaba y algunos, incluso, le cogían el escobón y barrían las calles en su lugar.

Hay que recordar que, en Europa, los campos de reeducación o trabajo permanecieron hasta finales de los años ochenta del siglo pasado y que persisten hoy en muchos países del mundo y, especialmente, allí donde hay instaurada una dictadura comunista.

Mucho más conocido, gracias a la película de Bertolucci, fue el destino de Puyi, el último emperador de China, a quien también le asignaron una escoba como asistente de jardinero en el parque botánico de Pekín.

Resulta curioso comprobar el clasismo que subyace tras estos castigos, porque el oficio de barrendero es tan digno como cualquier otro, salvo que se imponga como condena política. Siempre he pensado que todos los regímenes autoritarios, incluidos los comunistas, son intrínsecamente clasistas.

Se cumple este año un siglo de la fundación del Partido Comunista de España

Como en todos los trabajos, existen barrenderos aplicados y otros más indolentes. La única indignidad puede radicar en la forma en que se desempeña un oficio, no en su naturaleza. Dicen que Zaragoza está sucia, pero esta no es una cuestión únicamente imputable a los servicios de limpieza, también está íntimamente relacionada con el incivismo de una parte de nuestra sociedad. Aunque tampoco hay que olvidar que, si los países del norte de Europa gozan de fama por la limpieza de sus calles, lo es, en gran medida, porque los ciudadanos hacen su vida al margen de ellas.

Pero volvamos a Zátopek. Mientas él purgaba por sus ideas políticas, algunos comunistas en España también eran encarcelados, como Marcelino Camacho o Vicente Cazcarra, quien posteriormente publicó ‘Cartas de la cárcel (1961-1967)’, en una edición de Javier Delgado Echeverría. Su actitud puede calificarse de heroica, pero, como todo partido longevo, a lo largo de su existencia, el Partido Comunista de España ha contado con héroes y villanos. En sus filas han militado auténticos criminales, aunque hace tiempo que he olvidado sus nombres, siendo respetuoso con el pacto de la Transición, que acordaron franquistas y comunistas, y que consistía en barrer de nuestra Historia todo aquello que nos enfrentara.

Su actual secretario general, Enrique Santiago, parece que no renuncia a ninguna época de la historia del partido, pero haría bien en ejercitar un poco la autocrítica

Este año se cumplen los cien años de la creación del Partido Comunista de España. Los partidos de izquierda se hacen centenarios en nuestro país, mientras los de derecha surgen y desaparecen conforme se producen determinadas contingencias históricas. Al menos en este aspecto, la izquierda está más apegada a la tradición.

¿Cómo afronta el Partido Comunista el futuro? Para ello es vital entender qué lecciones ha aprendido de su propia historia. Su actual secretario general, Enrique Santiago Romero, es una persona inteligente y hábil, en consonancia con la tradición de dirigentes que han liderado a esta formación política. Por sus escritos y declaraciones, parece que no renuncia a ninguna época de la historia del Partido y que asume su parte sanguinaria. Haría bien el actual secretario de Estado para la Agenda 2030 en realizar alguna autocrítica, aunque lo frecuente es que los dirigentes comunistas impongan la autocrítica a los demás. En una dictadura comunista, los más nobles e idealistas militantes tampoco están a salvo, tal como muestran las purgas estalinistas o, más recientemente, las del castrismo, cuyo régimen sigue siendo apoyado y admirado por los actuales dirigentes del PCE.

Ahora, como casi siempre, en el Partido militan más ‘intelectuales’ –algunos, muy recomendables– que barrenderos y limpiadoras.

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